martes, 26 de febrero de 2013

Evocación No. 6



Domingo 24 de Febrero del 2013 como a las tres de la tarde.

He usado la frase “recuerdos repetidos” para señalar hechos que vienen a mi memoria por circunstancias actuales muy parecidas o semejantes que al analizarlas francamente puedo decir que son iguales y aunque el contexto sea diferente, la realidad es la misma, y esta es una verdad que nos apabulla y nos hace comprender lo equivocado que podemos estar en momentos cruciales de nuestra vida y que una duda nos haga tomar decisiones y tener actitudes contrarias a una realidad que no podemos ver por cuanto nuestro razonamiento está influenciado por criterios ajenos  contrarios a la verdad.

La vida comienza a tener sentido a medida que se aclaran los recuerdos y nos vamos acomodando a la realidad misma del recuerdo.

Cuando les decía que mi padre era bueno para todo pero malo para eso, era la percepción de un niño que no veía mas allá de sus inocentes resabios y frecuentes malcriadeces, el amor de un padre que todo lo perdona y te deja hacer y estar para que sufras por ti mismo las consecuencias de tus equivocaciones.

Me acuerdo bien de los regaños de mi papa para corregir mis ausencias al colegio y las asistencias a la playa, cuando recogía los limones de mala manera, cuando recogía los huevos de las gallinas para venderlos y tener dinero para comerme dos empanadas donde la señora Aquilina, cuando le tiraba piedras a la casa de los vecinos para tumbar mangos, cuando lo citaban al colegio para ponerle quejas sobre mi mal comportamiento y tantas cosas que hacia como ir al monte para comernos las patillas y melones que otros sembraban. Aun con todo esto y muchas mas mi papa nunca me pegó pero sus castigos eran severos, prácticamente me metía preso en la casa el día entero barriendo el patio, recogiendo la basura y dándoles comida a los animales y  eso era lo que me ponía bravo y era la prueba evidente que mi papa no me quería nada.

Ahora después de tanto tiempo veo que mi padre era un hombre benévolo, amoroso y con una manera especial de demostrármelo.

Cuando pasé  de la escuela al liceo, ya era otra cosa, ya no deambulaba tanto por el pueblo haciendo maldades evidentes y papá cambio radicalmente conmigo, ya no me regañaba ni me castigaba así le pusieran las quejas que fueran.

Esta experiencia de un padre que corrige pero que ama, hoy la veo reflejada en miembros de mi iglesia que cuando Dios Todo Poderoso esta dispuesto a corregirnos y perdonar todos nuestros extravíos, como niños nos ponemos a pensar que tenemos un mal Padre

Dudar que Dios pueda perdonar cualquier ofensa es dudar de su amor y tomar su lugar para juzgar a quien desde nuestro percepción humana creemos que es una persona despreciable y pecadora y peor aun es  cuando con nuestra conducta dejamos ver que esa persona no merece el perdón.

Hay momentos en la vida que dejan huellas imborrables y estos han sido unos de esos que jamás se borraran de mi mente y de mi corazón cuando dudé del amor de mi padre y cuando hoy hay hermanos de la iglesia dudando del amor de Dios.

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