Sábado 15 de
Junio como a las 10 de la mañana
Hay momentos,
conversaciones, episodios o circunstancias actuales que me traen recuerdos de
las cosas que he venido haciendo, es como si estas estuvieran unidas como los
eslabones de una cadena continua de eventos, cortar la cadena seria como romper
el vínculo con el pasado.
Desempeño el
oficio de maestro en mi iglesia y un día en una conversación con uno de los pastores, este igual que otros
hermanos, me preguntó que cuando me había dado cuenta que tenía este don. La
respuesta era fácil de responder y solo le dije que desde siempre. Ahora
desarrollar el don es lo que trataré de relatarles.
La facilidad de
expresar, explicar o comentar lo que leo
o estudio se lo debo a mi abuela. Ella siempre me hizo hincapié que uno debía
entender lo que leía, y que no debía estar aprendiéndome nada de memoria porque lo que hacia era repetir como el loro
que no sabía lo que estaba diciendo. Esto trajo como consecuencia que me era
difícil memorizar los parlamentos en las obras de teatro, los poemas y las
canciones, estas todavía no logro aprendérmelas completas.
El sistema de mi
abuela era fácil, reunía a los nietos y nos sentaba en el suelo y ella nos leía
libros de cuentos o novelas y poco a poco hacia que nosotros le fuéramos
explicando que entendíamos de lo leído y después ella nos explicaba lo que
realmente quería decir el escritor. A medida que fuimos aprendiendo a leer a
cada uno le tocaba leer un párrafo y
explicarlo, a mis primos esto no les agradaba y ya casi no acompañaban a la
abuela en sus sesiones de lectura y prácticamente quedé solo. Para el caso
cuando aprendí a leer correctamente puso en mis manos el libro Don Quijote de
la Mancha que fuimos leyendo y entendiendo de a poquito, esa fue ni escuela del
análisis de la lectura con la que logré subir mis niveles de comprensión y por
ende mi facilidad para explicar lo leído.
Mi abuela fue
una mujer adelantada a la época, sus métodos para enseñarnos a comprender lo
leído son hoy materia obligatoria en las
universidades, lo se de buena fuente por cuento mi hijo menor se graduó en la
Universidad del Zulia de una vaina rara, “Ciencia y Tecnología de la Educación”
y da clases en la universidad de cosas como teoría del pensamiento, el proceso
comprensivo y sus niveles, lógica y otras cosas mas que ya mi abuela aplicaba
hace mas de sesenta años en sus
“círculos de lectura” GRACIAS ABUELA.
Cuando me pusieron en la escuela las maestras
se dieron cuenta de mi facilidad para estudiar, siempre sacaba excelentes notas
en las materias que hoy llamaríamos de humanidades y buenas o regulares en las
materias de ciencias, pero todavía no enseñaba a nadie, los estudios eran
individuales. Cundo ya estaba en el básico si tenia la oportunidad de compartir
con los otros estudiantes y explicarles ciertos temas, pero mi despegue como
“profe” fue cuando ingresé al internado. Todo el sistema estaba planificado
para funcionar en grupos, habían grupos de estudio, de trabajo, de limpieza, de
guardia, para comer, para todo, hasta para bañarse, el sistema me favoreció y
empecé a poner en practica mis habilidades, hacia las exposiciones,
representaba a los compañeros en alguna actividad académica, desarrollé la
habilidad para saber en que área podía hacerlo mejor algún integrante de mi
grupo. Estos grupos permanecían juntos por un semestre, después se conformaban
en otra forma y de esta manera tuve la oportunidad de trabajar con todos mis
condiscípulos, casi siempre me tocó la responsabilidad de liderar los grupos
sobre todo en el área de estudios y esto incidió como algo natural que me
tocaran las exposiciones y todo lo relacionado con las actividades escolares.
La gran mayoría
de los estudiantes eran de origen campesino y sabían bastante de las
actividades propias del campo inclusive teníamos un compañero de un pueblo
llamado Baranoa que nos enseño a recolectar miel de abejas silvestres. El caso
es que empecé a desarrollar mis dotes de facilitador y cuando estaba en el último
año me tocó con el cura Mogollón que era el profesor de literatura que cuando observó
mi facilidad de palabra me dejaba a cargo de los debates y a veces me asignaba
temas para que los expusiera. Este cura nos decía que la mejor forma de estudiar
y acrecentar el conocimiento era enseñando a otros lo que uno sabia, Mejor
dicho enseñar para aprender. Esta máxima trato de que mis alumnos la pongan en práctica
y he comprobado que es una realidad al ver que muchos de ellos se alegran de
estar enseñando, esta actividad es la base de mi ministerio, convertir hermanos
en líderes y estudiantes en maestros.
En el ejército
seguí practicando mi talento natural para enseñar. Después de terminar el
periodo de instrucción militar me asignaron a la compañía de comando y
servicios donde me relacioné con un capitán que no lo ascendían por mala conducta
(era socialista), Este oficial tenía un caballo y como me gustaban los animales
lo ayudaba a bañarlo, cepillarlo, peinarlo, le enseñe a tejerle la crin en
trenzas como lo hacia en el internado mi paisano el entrenador de los caballos
y cuando el capitán no estaba en el cuartel me autorizó para sacarlo de la
cuadra en la caballeriza. Este oficial era muy celoso con su caballo pero me
había ganado su confianza y me dejaba montarlo y cuidarlo. Esta amistad dio
fruto a su tiempo.
Resulta que me
había dado cuenta que en el cuartel habían soldados analfabetos y un día le
dije al capitán que quería poner una escuelita para enseñar a leer y escribir a
los que quisieran. Como a la semana llegó el comandante a las oficinas y les
dijo a los presentes que necesitaba hablar con Vargas Johnson, me mandaron a
buscar y llegué pensando que carajo había hecho para que el coronel quisiera
hablar conmigo, entré a su oficina con un poco de miedo, pero me dijo
“tranquilo que no pasa nada, solo quiero saber si todavía quieres poner la
escuelita”, le dijo lógicamente que si, me hizo señas para que saliera, y a la
hora del almuerzo se hizo el anuncio de la apertura de la escuela con el
horario de 7:00 PM a 9:00PM. Empezaron a asistir como 20 soldados pero no
teníamos los útiles escolares básicos como pizarrón, tizas, cartillas con el
abecedario, lápices, cuadernos, lo que hice al segundo día fue llevar hojas
usadas de la oficina y pedirles a las secretarias cuadernos usados que tuvieran
de sus familiares y comencé a enseñar a los muchachos. Un día que el capitán me
preguntó por la escuelita le comenté que no teníamos útiles.
Como era sábado
me invito a que fuéramos un momento a su casa, les informo que los oficiales
vivían en los predios del cuartel en unas casas que estaban habilitadas para
ese fin, yo conocía a su esposa de vista pero ese día me la presentó
formalmente y me dijo que le contara a ella lo que estaba haciendo en la
escuelita y mis necesidades. La señora era profesora de una escuela de
normalistas que quedaba en el sector, le conté todo lo que estaba haciendo y le
dijo a su esposo que me llevara el lunes para su trabajo. El lunes sin falta
fui con el capitán al trabajo de su esposa y allí la señora me presentó con el
director de la Escuela Normal quien me regaló una buena cantidad de cuadernos y
lápices.
Poco a `poco se
fue incrementando la asistencia y las dos horas de clase no eran suficiente
para atenderlos a todos y a cualquier hora del día me paraban los alumnos para
que les corrigiera las tareas, esto era fácil lo difícil era enseñarlos a leer
ya que no había un pizarrón. Ya tenia como dos meses en este plan y un domingo
que estaba paseando el caballo del capitán pasé por su casa y me detuve para
saludar a su esposa y se lo comenté. La escuelita seguía funcionando más o
menos bien, pero me faltaban ayudantes. Un día vi llegar a unas señoras que
solicitaron al coronel, las pasaron a su oficina y al rato me llamaron y el
coronel me presentó como el director de la escuela de alfabetización, este coronel
era costeño echador de bromas y me sorprendió con su salida, y solo atiné a
decir a la orden.
Las visitantes
eran las encargadas de recursos humanos de la Escuela Normal y venían a
solicitar un permiso para colocar dos o tres alumnas para que hicieran las
pasantías, ya el coronel les había dicho que no había problema pero que lo
consultaran conmigo. Yo sabia algo sobre las pasantías porque me tocó hacerlas
y les advertí que la escuelita no estaba registrada oficialmente y que no
podíamos darle una certificación legal, pero
como era un proyecto personal, la Escuela podía tomarla como una
colaboración o asistencia social, quedamos de acuerdo y las invitè para que
asistieran en la noche a clases para que evaluaran la cantidad de personas que
podían colocar y de paso me dieran algunas indicaciones de cómo podíamos
hacerlo mejor.
A partir de ese
momento la escuelita cogió auge, tenia cinco asistentes que se rotaban cada dos
meses. Me tocaba calificar a los pasantes y el coronel me puso a firmar los certificados
de asistencia que traían los muchachos, mi nombre aparecía con el titulo de
Bachiller y el cargo de Director, esta era una broma del coronel que era un
mamador de gallo. De acuerdo a los
comentarios de la esposa del capitán, cuando tocaba repartir las pasantías
todos querían que los mandaran para mi escuelita. Ya tenia el estatus de “el
profe”, así era como me trataban los pasantes. Un par de meses antes de salir
del cuartel la escuelita quedó como un anexo de la Escuela Normal.
Ya aquí en Venezuela
como en los años 70-72 estuve como colaborador en el Instituto Radiofónico Fe y
Alegría, este trabajo lo hacia los sábados en la tarde en la Escuela Normal
Nueva América en el barrio 24 de Julio de San Francisco. En la actualidad estoy
trabajando en el área de instrucción en el Ministerio de Misiones y colaboro
con el pastor en la coordinación de la Educación Permanente de la Escuela de
Liderazgo de mi Iglesia. Poco mas o menos esta es mi experiencia como maestro,
siempre ha sido gratificante, antes era una vocación que hacia con gusto y
ahora como una gracia de Dios tengo el deber incondicional de enseñar la
palabra de Vida.
Mis asiduos lectores tendrán a bien de perdonar la demora de
mis escritos, pero he tenido problemas con el internet y la compu...