miércoles, 18 de diciembre de 2013

CRISTO, EL CIEGO Y YO


CRISTO, EL CIEGO Y YO

Un  día cualquiera hace poco tiempo, ayude a cruzar la calle a un señor aparentemente ciego. Cuando llegamos al otro lado de la calle el señor me dio las gracias, a todo esto no sé cómo se dio cuenta que ya habíamos cruzado, y yo le dije tranquilo viejo no hay de qué.

El señor me había puesto su mano derecha en un hombro, cuando yo le conteste me apretó un poco más y me pregunto ¿Qué le pasa lo siento triste? Esta aseveración del señor me dejo sorprendido porque en realidad era cierto. Había tenido en esos días una desilusión familiar y solo le respondí que no era nada grave solo un asunto pasajero.

El señor ciego todavía aferrado a mi hombro me dijo y ahora en un tono suave, “mírame”, lo mire fijamente a los ojos y me desnudo, me sentí sumergido en un mar sin fondo, “las cicatrices solo se cierran cuando se logra comprender que uno no es defraudado, sino que se defrauda a si mismo cuando crees que las personas son igual a ti, y no es así, cada persona tiene sus propios principios fundados en sus valores, deja que cada quien sea juzgado por sí mismo y sana tu cicatriz dejando de pensar  que lo que te hicieron fue personal, solo piensa que las personas que te desilusionan no lo hacen para herirte, ellos son así, trata de comprenderlo, a vivir con ello aunque no vivas con ellos”.

El señor siguió su camino agitando su bastón de un lado al otro y yo me quede con mis pensamientos agitándolos también de un lado al otro, de un lado estaban lo que me aconsejaban ignorar los hechos y al otro las que me aconsejaban ignorar a la persona.

Una personita muy querida me vino aconsejar que yo tenía que dar una lección de vida, yo creo que las personas que me defraudaron, la vida le tiene que dar una lección, y que yo no soy quien ahora después de tanto tiempo enseñándoles a vivir, el que tenga que dar el ejemplo. Seguiré siendo el mismo, no puedo cambiar nada de lo que ha pasado, ni puedo cambiar nada de lo que va a suceder la vida continua inexorablemente su curso y cada quien seguirá en ese andar pasajero del tiempo que todo lo tiene ordenado. Hay tiempo para cada cosa en esta vida. Y el tiempo de llorar y lamentarse ha pasado, vendrán los tiempos de la alegría, el gozo y la tolerancia.

Después que tuve ese encuentro casual con el ciego me puse a reflexionar sobre el poder de descernimiento, intuición o no sé qué cosa tienen los ciegos o por lo menos este a quien tuve la bendición de conocer un día cualquiera sin nombre fecha y hora, pero determinantemente es la vida de cualquier persona.

La mirada del ciego es profunda e insondeable.
La mirada del ciego no te acusa, te interpela.
En la mirada del ciego se refleja tu ser.
La mirada del ciego es esencia pura de  vida.
La mirada del ciego va más allá de los sentidos, es sentimiento puro a través de su alma.
La mirada del ciego te ve cuando hablas.
La mirada del ciego te penetra y descubre tus sentimientos.
La mirada del ciego ve los que otros no ven.

EL Ciego camina con un aparente andar torpe o precavido, pero con la seguridad interior del que todo lo ve y sabe a dónde va.
El ciego jamás podrá ser engañado por la apariencia, su mirada ve más allá de lo tangible.


Y por último es difícil para una persona mantener la mirada nebulosa de un ciego so pena  de ser descubierto, en sus afanes debilidades y egoísmos.
A toda estas el ciego es el símbolo de cristo, aunque tu piensa que no te ve él te conoce íntegramente, él sabe de tus más íntimos sentimientos y te dará la mano para guiarte en tu día de penumbra.

Maestro Euclides Vargas