CRISTO, EL CIEGO Y YO
Un día cualquiera hace poco tiempo, ayude a
cruzar la calle a un señor aparentemente ciego. Cuando llegamos al otro lado de
la calle el señor me dio las gracias, a todo esto no sé cómo se dio cuenta que
ya habíamos cruzado, y yo le dije tranquilo
viejo no hay de qué.
El señor me
había puesto su mano derecha en un hombro, cuando yo le conteste me apretó un
poco más y me pregunto ¿Qué le pasa lo siento triste? Esta aseveración del
señor me dejo sorprendido porque en realidad era cierto. Había tenido en esos
días una desilusión familiar y solo le respondí que no era nada grave solo un
asunto pasajero.
El señor
ciego todavía aferrado a mi hombro me dijo y ahora en un tono suave, “mírame”, lo
mire fijamente a los ojos y me desnudo, me sentí sumergido en un mar sin fondo,
“las cicatrices solo se cierran cuando se logra comprender que uno no es
defraudado, sino que se defrauda a si mismo cuando crees que las personas son
igual a ti, y no es así, cada persona tiene sus propios principios fundados en
sus valores, deja que cada quien sea juzgado por sí mismo y sana tu cicatriz
dejando de pensar que lo que te hicieron
fue personal, solo piensa que las personas que te desilusionan no lo hacen para
herirte, ellos son así, trata de comprenderlo, a vivir con ello aunque no vivas
con ellos”.
El señor
siguió su camino agitando su bastón de un lado al otro y yo me quede con mis
pensamientos agitándolos también de un lado al otro, de un lado estaban lo que
me aconsejaban ignorar los hechos y al otro las que me aconsejaban ignorar a la
persona.
Una personita
muy querida me vino aconsejar que yo tenía que dar una lección de vida, yo creo
que las personas que me defraudaron, la vida le tiene que dar una lección, y
que yo no soy quien ahora después de tanto tiempo enseñándoles a vivir, el que
tenga que dar el ejemplo. Seguiré siendo el mismo, no puedo cambiar nada de lo
que ha pasado, ni puedo cambiar nada de lo que va a suceder la vida continua inexorablemente
su curso y cada quien seguirá en ese andar pasajero del tiempo que todo lo
tiene ordenado. Hay tiempo para cada cosa en esta vida. Y el tiempo de llorar y
lamentarse ha pasado, vendrán los tiempos de la alegría, el gozo y la
tolerancia.
Después que
tuve ese encuentro casual con el ciego me puse a reflexionar sobre el poder de descernimiento,
intuición o no sé qué cosa tienen los ciegos o por lo menos este a quien tuve
la bendición de conocer un día cualquiera sin nombre fecha y hora, pero
determinantemente es la vida de cualquier persona.
La mirada del
ciego es profunda e insondeable.
La mirada del
ciego no te acusa, te interpela.
En la mirada
del ciego se refleja tu ser.
La mirada del
ciego es esencia pura de vida.
La mirada del
ciego va más allá de los sentidos, es sentimiento puro a través de su alma.
La mirada del
ciego te ve cuando hablas.
La mirada del
ciego te penetra y descubre tus sentimientos.
La mirada del
ciego ve los que otros no ven.
EL Ciego
camina con un aparente andar torpe o precavido, pero con la seguridad interior
del que todo lo ve y sabe a dónde va.
El ciego
jamás podrá ser engañado por la apariencia, su mirada ve más allá de lo
tangible.
Y por último
es difícil para una persona mantener la mirada nebulosa de un ciego so
pena de ser descubierto, en sus afanes
debilidades y egoísmos.
A toda estas el
ciego es el símbolo de cristo, aunque tu piensa que no te ve él te conoce
íntegramente, él sabe de tus más íntimos sentimientos y te dará la mano para guiarte
en tu día de penumbra.
Maestro
Euclides Vargas