martes, 21 de mayo de 2013

Evocación No. 17



Domingo 12 de Mayo día de Las Madres a las tres de la tarde.

Evocación No. 17


Antes de referirme a los acontecimientos que influyeron en el cambio de mi vida les quiero contar algo del colegio o internado donde estuve viviendo durante tres años.

Ese colegio donde me gradué de bachiller tenía o tiene un nombre rimbombante. “Tecnológico Agropecuario de la Costa”, era un buen colegio, con profesores excelentes, que también estaban prácticamente internos, se iban para su casa los viernes en la tarde y regresaban los lunes en la mañana, eran seis y se turnaban la guardia los fines de semana, solo el cura Mogollón se iba casi todos los días, se paraba en la carretera y el que pasara primero le daba la cola, no hacia guardia los fines de semana ya que trabajaba en la Iglesia La Consolación de Barranquilla en un barrio humilde llamado el Bosque, este señor era un buen cristiano, no caía en el estereotipo de los curas rechazados por la abuela a los que mandaba para la paila mocha o quinta paila.

El colegio lo habían fundado en los terrenos de una hacienda, había una casa grande donde estaban los dormitorios individuales de los profesores y la cocina, donde la comida era igual para todos, habían como cinco galpones que los habían acondicionado en caballerizas, donde  además de los caballos, estaban unos mulos y unos burros, gallineros, polleras para engorde y reproducción, vaqueras, cochineras, conejeras, había de todo, hasta chivos, y extensos terrenos que estaban divididos para pastar los animales y para la siembra y había un sector anegadizo que era donde Paul y yo cazábamos pájaros. A los lados de los galpones había unas pequeñas casas donde vivían algunos trabajadores. Y mas allá quedaba el campo de futbol, cuyo mantenimiento estaba asignado a los alumnos de primer año, que tenían que cortar y recoger la grama todos los viernes y echarla en el estercolero para hacer el  abono que usábamos en la siembra de las hortalizas.

Para las actividades académicas habían construido tres aulas, una biblioteca y un salón múltiple, tres dormitorios colectivos con sus baños, estas construcciones estaban comunicadas por unos corredores techados, con bancas y mesas para estudiar y terminaban en un bohío sin paredes que servía de comedor, y estaba al lado de la cocina de la casa grande. Este bohío servía para que estudiáramos por las noches y oyéramos música. En este comedor comíamos alumnos y profesores. En una de las casas de los trabajadores vivía una pareja, el señor estaba encargado de la lavandería y su señora era  una de las cocineras. Me recuerdo que solo se lavaba los martes y los jueves, uno tenia que llevar la ropa y esta estaba marcada con el nombre del dueño. El resto del tiempo este señor trabajaba en el mantenimiento del colegio, era mecánico, electricista, plomero, carpintero yo creo que este señor podía reparar cualquier cosa.

La mayoría de los alumnos del colegio eran de origen campesino, buena gente, amables, confiados, sencillos, me hice amigo de todos ellos, los ayudaba en las clases si no entendían algo, y no perdía la oportunidad de irme con alguno de ellos para sus casas algún fin de semana, conocí muchos pueblos e hice buenas amistades. La vida en el colegio era muy activa, no te daban tiempo de holgazanear ni de pensar, aunque yo me daba las mañas para hacerlo.

Como les he contado vivía en el colegio y en vacaciones me quedaba trabajando asignado a las caballerizas. Se paraba uno tempranito y sacaba los caballos para un corral, los burros y los mulos se soltaban en un potrero para que pastaran por su cuenta y al terminar me iba a desayunar.  Estos animales se recogían en la tarde y se guardaban en las caballerizas donde se les ponía alimento y agua. El jefe o encargado de las caballerizas ensillaba un caballo y salía por la hacienda y que para domarlo o entrenarlo, a veces me dejaba acompañarlo y salíamos en sendos caballos y regresábamos a la hora del almuerzo.   Después que almorzaba me quedaba por ahí hecho el loco y me “escondía debajo de una mata de ceiba” a reposar el almuerzo y le daba rienda suelta a ni imaginación.

De niño no tenía sueños o ilusiones de ser o hacer algo, solo estaba pendiente de mis juegos, la playa, el monte. Ya tenía 15 años y ahora veía la vida de otra forma, ya mis sueños y pensamientos rondaban alrededor de la idea de irme para otra parte, lejos, todavía sueño con una idea peregrina de irme a un pueblo a la orilla de la playa y tranquilo, sin preocupaciones pasar los días de vida que Dios me depare, sueños, solo sueños.

Hablaba solo y en mi mente tejía una maraña con las cosas que quería hacer; ahora recapacito y creo que sueños no eran, sino anhelos, deseos, que se me dieron en parte, ya por lo menos estar viviendo en el colegio se cumplía uno de ellos, que era estar independiente, y ya me estaba acostumbrando a esta situación. Empecé a soñar despierto con la idea de buscar a la familia de mis abuelos e irme a vivir con ellos, dije de mis abuelos porque de mis abuelas iba a ser difícil averiguar algo  ya que de ellas no sabia nada, como que las mujeres son así desde siempre, indescifrables, inescrutables, insondables, misteriosas, ja ja ja que vaina.

El cura Mogollón, que me daba literatura en el último año era español y un día le dije que mi abuelo materno era de origen ingles y de ahí venia mi apellido Johnson y que si me podía averiguar como tenia que hacer  para reclamar o pedir esa ciudadanía, quería irme para Londres para conocer a Wiston Churchil. El profe tomo el asunto en serio y me prometió averiguar cual era la forma. A las semanas me llamó aparte y me dijo que tenia que sacar los documentos que comprobaran mi parentesco con mi abuelo, o sea la partida de nacimiento de mi mamá, Estos había que llevarlos a la embajada de Inglaterra en Bogotá con los datos de mi abuelo, como en que empresa naviera trabajaba, la fecha de su ultimo embarque para Inglaterra y cualquier papel de identidad que tuviera para que ellos pudieran averiguar de que parte y familia provenía y que en todo caso esta solicitud tenia que hacerla mi mamá. Misión imposible para un pelao de 15 años y sin recursos.

Pero no me desanimé, lo primero que averigüé fue por la partida de nacimiento de mi mamá. Racha tenia una sobrina que trabajaba en la casa cural de la Iglesia de Puerto, y en los libros de bautismo no apareció el nombre de mi mamá por ninguna parte. Busqué por otro lado, mi tía María Teresa la hermana de mi papá trabajó en la alcaldía de Puerto, yo conocía a una de sus empleadas y le pedí el favor de buscar a mi mamá en los libros del registro y tampoco estaba, yo creo que el abuelo Johnson la presentó en Barranquilla y además ya mi mamá se había quitado el apellido de mi abuelo y no podía estar reclamando parentescos y así se desvanecieron mis ilusiones de irme para Inglaterra y convertirme en súbdito de la corana inglesa.

Después de este intento fracasado, no me di por vencido y dirigí mi interés ahora por el lado de mi otro abuelo materno, recuerden que tengo cuatro abuelos, casi cinco, el señor Gutiérrez, pero una tarde lluviosa sentado en un corredor del colegio reposando el almuerzo me puse a recordar que este señor estuvo en Barranquilla cuando yo tenia como 8 años, lo trajo tía María y vivió con ella y mi mamá un tiempo, era un señor mayor, lo vi una sola vez, creo que se fue por su cuenta para el interior de la república y no se que pasó con el, además no tenia su apellido y no podía demostrar que era mi abuelo, aunque había conocido a unos familiares de mi mamá en un viaje que hice con tía María a Honda, descarté la posibilidad de irme para cachacolandia, no me gustó ese lugar. Por ahí supe que la prima Rosario estuvo averiguando por su abuelo, no se que pasaría con ese asunto.

No se porque buscaba a mis abuelos ¿seria que me faltaba el apoyo paterno?, lo voy a averiguar, tengo una alumna que es sicopedagoga, a lo mejor me lo puede aclarar.

Descartada la posibilidad de buscar rumbos diferentes por el lado de la familia de mis abuelos maternos, empecé entonces a averiguar por el lado de mis abuelos paternos. El primer esposo de mi abuela no era mi abuelo, este señor era de origen venezolano, de Falcón de un pueblo llamado Curimagua en la sierra, en Coro y Punto Fijo abunda el apellido Vargas, es mas para la década del 70.80 me iba con la familia y unos amigos de apellido Colina para las playas de Supì y conocí a una familia de apellido Vargas y nos tratábamos de primos, pero después me di cuenta que le decían primo a todo el mundo.

La familia del otro Vargas, que es mi abuelo en los documentos, nunca me reconoció como tal y por lo tanto por ese lado no había nada que hacer. Mi abuelo de sangre era un señor de apellido Echeverría que vivió en un pueblo llamado Juan de Acosta. Cuando ya estaba en tercer año ingresaron tres muchachos de ese pueblo, como yo era el profe, los ayudaba en las clases teóricas y ellos me ayudaban en los trabajos manuales, nos hicimos bastante amigos. Un fin de semana se quedó uno de ellos de guardia y su familia lo visitó, como yo vivía en el colegio tuve la oportunidad de compartir con ellos y aproveché la oportunidad para ver si podían averiguar algo sobre mi abuelo, les di toda la información que tenia a ver que pasaba.

En el mes de Julio dan unas pequeñas vacaciones y me fui con el muchacho de Juan de Acosta para su casa y estuve un fin de semana con su familia. Resulta que su papá si me había averiguado algo; mi abuelo no era de ese pueblo, sino que apareció un día comprando carbón y alquiló una pequeña casa en el pueblo para ir guardando el carbón que compraba, cuando tenia suficiente lo llevaba para Barranquilla en un camioncito y así se fue haciendo un capital, compró la casa donde vivía y después un terreno y poco a poco se labró una posición económica. Era mujeriego y le gustaba el licor, no se como conoció a mi abuela ni que tiempo estuvo con ella, el hecho es que la gente del pueblo dice que una mujer le dio a tomar un bebedizo que lo puso como bobo, le fue quitando todo lo que tenia y cuando ya no tenia nada no lo quiso atender mas, lo internó en un asilo en Barranquilla y ahí se murió, igual que murieron mis ilusiones de conocer a la familia de mi abuelo.

Nada , seguía sin saber que podía hacer después que saliera del colegio, pero en todo caso mi vida era muy simpática y ordenada, los horarios de clase y los turnos de trabajo en las diferentes áreas del colegio no te daban tiempo para estar de vago. Se paraba uno temprano para cumplir con las tareas asignadas que se repartían semanalmente, aunque el trabajo de producir abono estaba asignado a los de primer año, este era un oficio tedioso, se recogía el estiércol de las gallinas, las vacas y los caballos.

En los gallineros el piso tenia aserrín que traíamos de un alberge o correccional de menores que nos quedaba al lado, se renovaban cada dos semanas y se echaba directamente a las fosas, en los corrales de las vacas se  recogía el excremento con palas y carretillas y se ponía en un lugar cerca de la  fosa  para que se fuera secando, en las caballerizas había paja en el piso que se recogía junto con el excremento y se colocaba aparte para irlos mezclando con la grama que se cortaba del campo de futbol, este abono lo usábamos en las siembras de todo tipo que teníamos en el colegio.

Después que hacíamos el trabajo mañanero, nos bañábamos, desayunábamos y a las nueve de la mañana nos íbamos unos a clase y otros a trabajar hasta las doce del medio día que volvíamos a asearnos para el almuerzo y descansábamos o reposábamos hasta las dos de la tarde y nuevamente unos a trabajar y otros para clase, era una actividad continua, pero no agotadora, a las cinco se suspendían las labores y cada quien de acuerdo a lo que estuviera haciendo se aseaba y esperábamos la cena que la servían después de las seis de la tarde y de ahí en adelante quedábamos libres hasta las nueve que era la hora de irse a dormir. Si necesitabas estudiar por la noche se pedía permiso, además que no podías estar sin hacer nada después de las nueve porque te mandaban a dormir. Los del ultimo año ya no pedíamos permiso y nos acostábamos como a las once, pero yo en particular casi siempre me quedaba hasta tarde estudiando y ayudando a los otros alumnos, esto lo hacia desde que estaba en primer año.

La deserción escolar era grande, en mi clase empezamos 35 y terminamos 20, los motivos eran muy variados pero el principal era que los muchachos no se acostumbraban ha estar “presos” y  otro era el nivel de estudios, ya que la mayoría eran campesinos y se les hacia difícil.

De los trabajos que hacíamos en el colegio, me desagradaba el de las cochineras, con todo lo limpio que las pudiéramos mantener el olor a excrementos era fuerte,  regábamos toda el agua sucia con excrementos en unos terrenos soleados para que se secaran. Cuando estaba en segundo año llegó un profesor de la Goajira que nos daba  zootecnia, introdujo la cría de abejas y construimos unos apiarios, pero lo mejor fue que cambio el trabajo de las cochineras, dividió una hectárea de monte en dos parcelas, les hizo comederos, le puso agua y ya el trabajo era menos, solo se les ponía la comida a los cochinos en los comederos de las parcelas y los soltábamos que ellos  se iban solos, después del desayuno se lavaban las cochineras que quedaban limpias hasta el otro día, en la mañana y en la tarde bañábamos a los cochinos con unas mangueras y los trabajadores los recogían en la noche para que durmieran en las cochineras.

Tenia un compañero de estudios que vivía en un pueblo llamado Tubarà, su papá era un campesino que tenia una siembra de yuca y un fin de semana me invitó para que los ayudara a recogerla o a arrancar yuca como se dice vulgarmente. Entendí enseguida que la invitación no era para pasear sino para trabajar y me hice un plan, tenia amigos en el colegio que nunca me decían no fuera lo que fuera a lo que los convidara y hablé con  dos de ellos, campesinos que sabían arrancar yuca, eran unos expertos, y les pedí el favor que me acompañaran para colaborar con el chamo de Tubarà.

Este trabajo de arrancar yuca es todo un arte, hay que distinguir cual es la mata que tiene las yucas mas grandes, para sacarlas y que no se partan y se queden enterradas hay que moverlas poco a poco de un lado para el otro hasta que la mata se afloje del todo para sacarla completa, es como cuando sacan una muela sin que se le partan las patas o las raíces en el caso de la yuca.

En cuanto al plan de ir a y trabajar fuera me era normal, ya que el colegio tenia convenios con los hacendados del lugar para vacunar, reproducción de cochinos, vacas, caballos y mulos (alquilábamos los padrotes), además que trabajábamos en la recolección de cosechas de maíz, patillas, melones, frutales y todo lo que nos solicitaran, esto solo lo hacían los estudiantes del ultimo año, nos daban algo de dinero y figuraba como pasantías.

El sábado temprano cuando nos íbamos y el chamo se dio cuenta que éramos tres se alegró muchísimo, entre todos  juntamos para los pasajes que solo nos gastamos los de ir de Barranquilla para Tubara porque nos dieron una cola para el terminal. Estas colas las conseguíamos porque mas adelante del colegio quedaba un albergue de menores y los que tenían carro pasaban obligados por el frente y aprovechábamos la oportunidad para pedir el favor que nos dieran un empujón, que era lo que hacia todos los días el profe Mogollón.

Con este albergue manteníamos buenas relaciones, parte de la cosecha de hortalizas y otros cosas que sembrábamos sino se vendían se las regalábamos a ellos, porque la mayoría era para el consumo interno, a los trabajadores y profesores también les tocaba su parte para llevar a la casa. A los alumnos solo nos daban gallinas pollos y conejos que vendía en el mercado de granos de Barranquilla, bueno el último par de conejos que me tocó se los regalé a una amiguita familiar del dueño del equipo de futbol de Malambo.

Recuerdo que una vez después de un juego todos los integrantes el equipo con  los amigos y los familiares inventamos irnos para la hacienda del papá del amigo que estudiaba conmigo y que para bañarnos en el caño y comer nísperos y mangos. Esta hacienda, igual que en el colegio, tenia terrenos que se inundaban con el agua de unos caños que salían del rio Magdalena, y por la hacienda pasaba un pequeño rio navegable en canoas que la gente usaba para pescar y bañarse. (La pesca de rio es diferente a la del mar).

 Fuimos en un autobús del dueño de la hacienda y apenas llegamos formamos el desorden y salimos para el sector de las frutas, todo estaba bien, pero resulta que en la hacienda había unos gansos que el dueño estaba reproduciendo, al principio no pasó nada, pero cuando empezamos a tumbar los mangos y a correr de un lado para el otro gritando y brincando, los gansos se alborotaron y se vinieron contra nosotros y nos perseguían dándonos picotazos, corrían y medio volaban y no había forma de escaparnos, picoteaban durísimo, a mi picó uno en la nalga y me hizo un verde. Unos chamos corrieron para la casa y se salvaron, pero otros corrieron para el pantano y se hundieron en el barro y ahí los gansos los acribillaron, yo corrí para el rio y me lancé al agua.

No podíamos subirnos a las matas porque estos tenían clavadas unas latas en el tronco para que las ratas no se comieran las frutas. Menos mal que aparecieron los trabajadores de la hacienda y los recogieron con la ayuda de unos perros y poco a poco fue apareciendo la gente, unos mojados y otros llenos de barro, después del susto la gozadora y la burla con los que estaban picoteados, las muchachas lloraban, en todo caso yo gocé un mundo corriendo de un lado para el otro. Que vaina nos echaron los gansos, parecían unos perros  menos mal que no tenían dientes. El ganso que me persiguió hasta el rio no se tiró al agua se quedo ahí parad como esperando que yo saliera, pero que va, me agarré de una canoa y me subí en ella y ahí me quedé hasta que vinieron a buscarlo.

No me asustó el pájaro-diablo mucho menos un pájaro- ganso. Cuando ya los encerraron en un corral los conté, y eran 20 entre pequeños y grandes, con razón para donde que uno corría había un pájaro de esos dispuesto a picotearte.

Les estaba contando que íbamos rumbo a Tubarà y nos dieron una cola para Barranquilla, llegamos temprano al pueblo, el chamo vivía en las afueras y cuando llegamos a su casa, su papá nos recibió con afecto y nos dijo que en la tarde nos íbamos para el monte para que durmiéramos allá y nos rindiera el día. La casa del señor era una casa grande, de barro con techo de paja,  el chamo tenia seis hermanitas todas menores que el, muy pobres, salimos a una tienda y compramos arroz y huevos para la cena, después de comer el señor nos dijo vámonos para que no nos agarre la noche viajando. Llegamos entre oscuro y claro, caminamos como una hora, el terreno tenia subidas y bajadas  pero llegamos bien.

Había un bohío y esa noche dormí sabroso en el monte, tenia tiempo que no lo hacia, nos montamos en unas trojas que el señor tenia para guardar maíz, caí como una piedra, el señor se puso a cocinar yuca y nos despertó para cenar, nos dio la yuca con queso y agua de panela y otra vez a dormir. Nos despertó tempranito y nos pusimos a trabajar enseguida, éramos cuatro arrancando yuca y el señor las cortaba de las matas y las iba empacando en unos sacos, así estuvimos un buen rato hasta que el señor se fue para el bohío a cocinar el desayuno, su hijo se encargó de acomodar la yuca mientras nosotros seguíamos arrancándola. Cuando el señor nos llamó para desayunar teníamos una pila enorme de yuca y mientras comíamos el señor volvió a coger el machete y siguió su trabajo. Desayunamos y seguimos en la tarea y ya casi al medio día el señor dijo ya está bueno que no hay mas sacos. Nos sentamos en una sombra mientras el señor y su hijo acomodaban los sacos de yuca en la orilla del camino.

Esa yuca la recogía un señor que se la compraba a todos los campesinos del lugar y les pagaba lo que le daba la gana, no se cuanta recogimos ni cuanto le pagaron, la montamos en un camión y nos venimos en el para el pueblo, nos aseamos un poco y enseguida nos venimos para el colegio y el chamo se quedó en su casa para venirse el lunes. No pudimos quedarnos porque no había donde dormir, pero como fuera estábamos satisfechos, hicimos una buena obra, cuando llegamos estábamos cansados y después de bañarnos nos acostamos de inmediato.

El señor quedó muy agradecido ya que no tenía como pagar obreros para sacar esa yuca y se le hubiera perdido, ya la poca que le quedó  podía sacarla el solo, poco a poco y podía venderla detallada y la sacaba mas dinero.

Evocación No. 16



Miércoles 1º. De Mayo  como a las once de la mañana

Evocación No. 16

Después de este suceso que les conté en la evocación anterior me fui a vivir al internado, estaba apenas en el primer año o sea el cuarto y cuando empezaron las clases en el mes de agosto ya estaba instalado en el colegio. Ese año se graduó mi primo Paul y me regaló todos los cuadernos y libros que él sabia me iba a ser de utilidad, bastante que me sirvieron. Se fue a vivir a Ciénaga con la familia de su mamá, ya que  mi tío Pedro vivía en Barranquilla.

Una vez ya aquí en Maracaibo hice un viaje para Colombia con mi esposa y el hijo mayor y me quedé en Santa Marta para visitar a mis primos, compañeros en la infancia de sufrimientos e infortunios. Carlos Enrique se había graduado de Ingeniero petrolero y trabajaba con el gobierno, al tiempo nos visito unos días, había venido a una entrevista en PDVSA pero no consiguió trabajo. Estuve en su casa una tarde y compartimos con su esposa y dos hijos que ya tenía, por medio de él supe que su hermana Judith se había casado con el primo Pedro José Dusan, que mi tío Pedro no estuvo de acuerdo y a la larga tuvo razón ya que los dos hijos que tuvieron le nacieron con discapacidad mental. Me dio la dirección de Paul en Ciénaga y al otro día fue a visitarlo, pero no lo encontré, y que andaba para una hacienda que tenia su esposa para la zona bananera, fue una lastima no haberlo encontrarlo, me sintió no poder verlo nuevamente, era mi amigo y socio.

En el internado había un reglamento para las vacaciones, el que se quedaba en el colegio tenia que trabajar por un pequeño sueldo y además gozaba de todos los beneficios del internado como comida, dormida, lavandería etc. En el colegio había vacas, caballos, mulos, burros, cochinos, gallinas, pavos, abejas y siembras de ají, tomate, rábanos, cebolla larga, cilantro y un estercolero para hacer abono. El trabajo consistía en ayudar a mantener limpios los corrales, darles de comer a los animales, recoger los huevos, estar pendiente de las incubadoras, ordeñar las vacas, cuidar los becerros, claro eso no lo hacíamos solo los alumnos, estaban los trabajadores en quienes caía toda la responsabilidad. Éramos como cuatro a seis alumnos los que nos quedábamos trabajando.

La pasaba bien, jugaba en un equipo juvenil de fútbol de Malambo y teníamos juegos el sábado o el domingo. La ropa de salir me la lavaba la esposa del entrenador de los caballos y como estaba asignado a las caballerizas prácticamente vivía con ellos y de paso eran cachacos como yo.
 Esos dos años y medio los pasé bien, tenia asegurado mi estabilidad material (comida dormida y estudio). En el internado teníamos un uniforme para ir a clases y otro para trabajar en el campo, yo tenia un par de cada uno, esta ropa la lavaban en la lavandería de el colegio, cuando se fue mi primo Paul también me dio sus uniformes, además de que cada seis meses nos renovaban la dotación y siempre tenia mi ropa limpia. Esta ropa junto con las tres muditas que tenia para salir, las guardaba en la casa de mi paisano el entrenador de los caballos.

Cuando empecé a estudiar en este colegio tenía trece años cumplidos. Era un colegio innovador, si estudiabas dos años salías como bachiller mención agropecuaria, y con un año mas te daban el titulo de bachiller y técnico medio agropecuario. Como no tenia para donde ir, además que estaba muy joven seguí estudiando el otro año y ojala hubieran sido más.

MI obligación era estudiar y así lo hice, el director me tenía cierta consideración y  prometió diligenciar unas becas para que tuviéramos la oportunidad de estudiar en una Universidad que quedaba en Rio Negro, Antioquia donde daban un titulo de veterinario, ingeniero agrónomo o licenciado o sea profesor en una de estas dos ramas.  Solamente consiguió tres becas para los mejores alumnos, yo quedé en el segundo lugar y me asignaron una opción de estudio, había un tiempo límite para responder si la aceptaba y entonces darle la oportunidad a otro. El día que nos llamaron a la dirección estaba un representante de la universidad quien nos leyó los requisitos y condiciones de la beca; teníamos que llevar ropa de diario,  zapatos, ropa de dormir, útiles de aseo personal, sabanas, o sea que solamente teníamos derecho a la comida, dormida y estudio gratis, pero teníamos que comprar los útiles escolares, las clases eran de lunes a viernes, los sábados y domingos no había clases pero podíamos dormir en la universidad, y comer en la calle, en las vacaciones cerraban la universidad y tenia uno que venirse para su casa o para donde uno quisiera.

Todas estas condiciones de la beca me parecía que podía solventarlas y muy contento, al terminar el año y graduarme fui a Puerto  donde mi papá, a darle la buena noticia, ya mi mamá estaba aquí en Venezuela. Mi papá me escuchó tranquilo y me dijo déjame sacar cuentas para ver que puedo hacer, pero en realidad lo que hizo fue consultar con mi madrasta para pedirle su opinión.

El caso es que al otro día mi papá me dijo que era muy costoso mantenerme en ese lugar, le roge que solamente me diera la dotación y los pasajes para ir y que yo me encargaba de mantenerme, nada, su respuesta era no hay dinero. Entendí sin mucho esfuerzo que mi papá seguía los consejos que su mujer le daba, no pude hacer nada. Lo mismo pasó con mi hermana mayor, que cuando salió de la primaria mi mamá la inscribió en una academia de comercio con el compromiso de que mi papá pagara las mensualidades y ella la tenia en su casa. Tampoco pudo seguir estudiando, ya que mi papá no siguió pagando las mensualidades y tuvo que retirarse. Ya mi hermana tenia quince años y se puso a trabajar en una tienda por departamentos llamada TIA. Mi otra hermana tampoco pudo estudiar  y en la primera oportunidad que tuvo se vino para Venezuela con mi tía María para vivir con mi mamà.

En estos días estaba hablando de estas cosas con mi hermana mayor, para ella esos tiempos de niños y adolescentes donde llevamos del bulto sin mamá y sin papá están olvidados, de los maltratos físicos y morales “ya no me acuerdo ni quiero acordarme”, ella sufrió mas que yo, ya que me pude salir de la tutela de mis padres muy joven y no fui afectado por esta situación, no hay resentimientos y ahora menos, que es lo mismo que ella dice, es mas, viaja para Colombia a cada momento y la quieren mas que nunca.

Cuando estaba interno, tía María se había venido para Venezuela y al tiempo se vino mi mamá quien dejó en Colombia a mi hermano menor que tenia como siete años. Mi hermano se crio con su papá el señor Adalberto a quien yo visitaba de vez en cuando en Carrizal. Realmente nunca supe cual era el pensamiento de mi mamá, como veía ella la vida, aunque puedo creer que ella a lo mejor pensaba que estábamos mejor viviendo con mi papá, lo cual no era cierto, no porque mi papá no nos quisiera sino que él se sentía amarrado a lo que dispusiera su esposa, no lo culpo, también me pasó algo parecido, una de mis hijas me lo reclamó en estos días, parece que uno se cegara y no se da cuenta de las cosas o no le da la importancia que realmente tienen para los muchachos.

Para seguir con el asunto de la beca, les puedo decir que me dieron como fecha tope para confirmar si la aceptaba o no el cinco de diciembre, esto era para tener tiempo de llamar a otro estudiante que tuviera las posibilidades de ir a estudiar. El mismo cinco de diciembre le dije a mi papá que tenia que hacer esa diligencia, me dio los pasajes y me fui para el colegio, llegue como a las once de la mañana y el director no estaba, visité al paisano de los caballos, su señora me dio almuerzo y me entregó un par de camisas que me tenia guardadas, compartí todo ese medio día con los que estaban en el colegio, alumnos, trabajadores, el señor y la señora de la lavandería que también me dio un pantalón del uniforme de estudiar que estaba nuevo y tenia mi nombre.

Como a las dos de la tarde llegó el director y cuando le comuniqué que no podía disfrutar de la beca, solo se limitó a decir “que lastima”, cuando le expliqué los motivos me dijo que los otros dos alumnos tampoco pudieron aceptar la beca por las mismas causas, pero que al otro día ya tenia citados a otros  alumnos con sus representantes para ver sino se perdían las becas.

Ya tenía como tres semanas que había salido del colegio y no veía futuro por ninguna parte y aproveché que estaba con el director del colegio y  le pedí trabajo para ahorrar dinero y así podría ir el próximo año a la universidad. Imposible fue lo que me respondió, “esas becas las conseguí rogándole a mucha gente, por eso es que no quiero que se pierdan ya que no las van a dar mas, y en cuanto a darte trabajo no puedo ya que eres menor de edad”. Pero me dio una recomendación por escrito para un colega suyo que era el director de un vivero de la gobernación que quedaba en un pueblo llamado Palmar de Valera, a ver si ese señor me podía acomodar por allá. Le di las gracias me despedí de todos y como a las cinco de la tarde me fui para Puerto.

Le di la carta a mi papá, y como él tenia muchos conocidos me dijo que al otro día iríamos a la gobernación para que habláramos con un amigo que trabajaba en las dependencias de reforestación y no se que otra cosa, para ver que podía hacer por mi. En realidad el amigo de mi papá era jefe en la oficina de catastro, recibió a mi papá muy cordial, me lo presentó, le di mis certificados de graduación, la carta de recomendación del directo del colegio, me hicieron sentar por ahí y se fueron.

Había pasado como una hora y no regresaban, yo me daba ánimo pensando que mientras mas se demoraran la noticia era mejor, como a la media hora llegaron pero con malas noticias. Ahora pienso, con razón, que mientras mas se demoren las noticias son peores: Primero que no había vacantes y que además la Caja Agraria de ese pueblo solamente empleaba personal local y por ultimo era menor de edad. Las puertas se cerraban, pero me decía, alguna ventana debe estar abierta. MI papá se fue para su trabajo y yo para Puerto.

Ya se acercaba el 10 de Diciembre que era el día que nació mi papá, y según me contó la abuela para los días que yo vine al mundo, el viejo estaba festejando y todos los días le preguntaba a mi mama que si ya tenia los dolores, cuando ya pasó el 10  se resignó y solamente dijo, “bueno que sea cuando Dios quiera”. Lo que pasa es que papá quería que naciéramos en la misma fecha.

Hay una fiesta religiosa católica que celebran el 8 de Diciembre, creo que le dicen La Purísima o Fiesta de la Aurora donde las personas ese día  se paran muy temprano o amanecen despiertos para prender velas y faroles en las puertas de las casas y están en eso hasta que salga el sol. Ese día en particular nunca se me olvidará, cayó un domingo y el sábado 7 había ido a una fiesta con mis primos los hijos del Jefe. No tenia ropa aparente para ir a la fiesta y el primo Enrique me prestó  una camisa y unos zapatos, amaneció el domingo y todas las calles estaban alumbradas con velas y faroles, se veían bonitas, llegamos a la casa de la abuela, prendimos las velas y amanecimos sentados en el sardinel cuidando que no se apagaran. Cuando ya se terminó de cumplir con el ritual de las velas, me di un buen baño, me puse mi ropa, y cuando llegué a la casa estaban preparando viaje para Macondo. No quise ir, me quedé en la casa, no sabia que no vería a mi papá durante los dos próximos años, Ya eran como las once de la mañana y no sabia que hacer, a lo mejor  otro día me hubiera ido para la playa, pero estaba desanimado, quería irme de Puerto para donde fuera, si me quedaba mi futuro era ser el mozo de servicio de Macondo y sin sueldo.

Por lo inmediato quería irme para Barranquilla y de ahí para Malambo a visitar un compañero de estudios y estarme unos días por allá para clarificar mis ideas. El papá de este muchacho tenia dos buses en la ruta y una pequeña hacienda donde nos íbamos a pasar los domingos y como yo ayudaba a su hijo me quería mucho. El caso es que me fui para la plaza, los buses llegaban llenos de mucha gente que venían a bañarse en la playa, recuerden que era domingo, yo no le paraba a nada, estaba aburrió, obstinao, había mucho sol, en la entrada del muelle estaba el edificio de la aduana, que era una construcción de madera con un corredor con bancas donde la gente  iba a sentarse a reposar, a conversar y a disfrutar de la sombra y tranquilidad de ese lugar.

Hasta allá me fui y sorpresa, me encontré a Barbuta acostado muy tranquilo en el suelo y que esperando la hora del almuerzo, me senté a su lado y nos quedamos allí sin decir nada, cada uno inmerso en sus pensamientos o problemas, si era que en realidad Barbuta estuviera consciente de tener alguno. Al rato se paró y me invito a almorzar, me dio risa su inocencia y su candor, parecía un niño (que lo era), cumpliendo un castigo que solo se liberaba cuando su estomago emitía las campanadas de aviso del hambre evidente y el lapso de tiempo cumplido para comer nuevamente.

Me paré a su lado y en un acto de rebeldía, aunque en ese momento lo hice en solidaridad con el hombre inocente del desprecio de la gente, o del pobre loco como le decía la mayoría de las personas. Lo tomé de la mano y caminando uno al lado del otro nos fuimos para la casa de la señora Aquilina. Fueron cuatro cuadras caminando al lado de Barbuta, sin mirar a ninguna parte, sin pensar  que podía decir la gente, es mas habían unos que decían que yo estaba loco, bueno una loquera mas a la cuenta de mis diabluras de niño, pero resulta es que ya era un hombre y estaba consciente de lo que hacia.

Ya tenia como un año que no visitaba a la señora aquilina, me saludó con mucho cariño, le conté que ya era bachiller, y se reía de mi y con burla sana me dijo “ ya es hora que te enjuicies muchacho deja de estar pensando en pajaritos preñaos”. La gente mayor en mi época de niño se daba cuenta del estado emocional de las personas con solo mirarlas, practicaban aquella máxima que no se quien la dijo pero que en la actualidad se ha desarrollado en la teoría de la comunicación, “A veces las palabras están de mas, paro a veces las palabreas están de menos”. Yo aprendí bastante observando a las personas, pero el caso es que no tenia la facilidad para observarme y no me daba cuenta que dejaba reflejar mis emociones, las que eran señales fáciles de interpretar por una persona sensible como la señora Aquilina, que le servía de apoyo y consuelo a tanta gente.

Después de almorzar ayudé a sus hijos a lavar los platos, la señora Aquilina se fue al patio, se sentó en una hamaca que estaba colgada debajo de una mata de mango y me hizo sentar a su lado en una silla y sin delicadeza me preguntó, dime que te pasa.

De niño era un llorón, adolescente era un llorón, joven era un llorón, adulto era un llorón y ahora viejo o “adulto mayor” sigo siendo un llorón. Soy muy sentimental y me dominan las emociones, están me recorren de un extremo a otro, de la alegría a la tristeza, de la risa al llanto, y de la serenidad a la rabia.

No es que quiera dármelas de poeta, literato o filósofo, pero creo que Dios es un músico virtuoso que toca sus acordes por el pentagrama de nuestras vidas, llevando las notas a los mas bajos y a los mas altos registros de intensidad emocional que podamos soportar, para que armonicemos nuestras vidas con sus designios.

El asunto era que ya la señora Aquilina se había dado cuenta de mi estado emocional, y como casi siempre me pasaba cuando estaba en estas circunstancias me puse a llorar. Le conté todo lo que me pasaba a la señora Aquilina, resumiendo; no podía estudiar, no podía trabajar, no quería quedarme en Puerto, deseaba irme para cualquier parte, pero ya el dinero que traje del colegio se había acabado y no tenia ni para los pasajes.

Tengo olvidadas muchas cosas que me han ocurrido durante mi existencia, hay veces que mi hermano o mis hermanas, mis nietos o sobrinos me las recuerdan, pero los hechos que me sucedieron ese 8 de Diciembre de 1958 jamás las podré olvidar, porque fue a partir de ese día que empezó a cambiar radicalmente el rumbo de mi vida.

Mientras me confesaba con la señora Aquilina, sentado en un tronco y que durmiendo, Barbuta hacia la digestión de la hartada de comida que se había dado, ya que era domingo y solo él y yo fuimos ese día a tomar sopa. Cuando ya me calme, la señora Aquilina me ofreció darme en la noche los pasajes para que me fuera el lunes para Barranquilla. Acepté enseguida, le di las gracias y me dije, bueno mañana me voy para Malambo y veré que pasa.