martes, 26 de febrero de 2013

Evocación No. 5



Lunes 18 de Febrero como a las tres de la tarde.

Con un blanco techo en mi mente, donde reposan sosegados mis recuerdos, mis pensamientos son como el despertador que funciona como impulso creador de nuevas vivencias pero que realmente están durmiendo como soldados cansados en las más alejadas cuadras, esperando a ser despertados para cumplir con su guardia.

Cuando analizo lo que hago, veo o digo hoy, me doy cuenta que son cosas que ya hice, vi o dije en una repetición constante de las cosa que ya fueron.

Estando muy joven de solo catorce años y ahora que sigo joven aun con setenta años tenia y tengo por costumbre o curiosidad observar a las personas en sus quehaceres y trabajos. Así como hay observadores de pájaros yo era un observador de las personas,  lo hacia y lo hago solo con el fin de conocer mas de ellas y de paso distraer mi mente y poder relacionarme mejor con estas.

Pero esto no era un mirar sin ver, yo le prestaba atención de cómo hacían las cosas y porque la hacían, como caminaban, la forma de hablar, de reír, de comer, de cómo se relacionaban con las otras personas y logré sin mucho esfuerzo conocerlas y saber que  podían hacer en algunos casos.

Tengo en la mente la imagen de varios de estos personajes, y los llamo así, ya que en su debido momento yo creaba con ellos mis fantasías de niño dándoles diferentes roles y los integraba a mis juegos, estudios y a las actividades en las cueles podía involucrarlos.

La señora Aquilina: Esta era una señora que tenía en la plaza de mi pueblo una venta de comida. Además de hacer arepas, empanadas, papitas, mandocas, yoyos, y frituras en general su especialidad eran los sancochos de costilla, de gallina y lo mejor era su sopa de mondongo y el arroz de cochino.

Observe que la señora Aquilina era muy organizada; descansaba los días miércoles y habría el negocio a las cinco de la tarde y cerraba puntualmente a las doce en punto de la noche. Tenia la señora Aquilina una particularidad con la comida que vendía, tenia los días específicos para ofrecer los diferentes platos por ejemplo los domingos era mondongo y los lunes sancocho de gallina a los sábados patacones, y así ella variaba su comida día por día y de acuerdo al día uno podía saber que había de comida donde la señora Aquilina.

Yo le compraba poco a la señora Aquilina debido a mi bajo nivel económico pero siempre que podía estaba por ahí viendo como se movía el negocio y que además a veces llegaba un compañero y me brindaba una empanadita. El chiste de todo esto es que ya me había dado cuenta de algo que hacia la señora Aquilina, cuando alguna persona que se había tomado su sopa y ella veía que esa persona como que quedaba falla, muy sutilmente le llenaba otra vez el plato y si esa persona le decía que no le podía o no tenia como pagar mas, ella se ponía las manos en la cintura, y con esa sonrisa especial que le iluminaba la cara, esta no solo era especial por la espontaneidad y alegría que  reflejaba sino que le faltaba un diente, era digno de ver, se paraba frente a la persona y le respondía con una pregunta: “¿Quién te esta cobrando mas de lo puedas pagar?”

Esta actitud de la señora Aquilina para mi fue una revelación y en mis juegos imaginarios me hacia acompañar de esa señora para ir a repartirle sopa a las persona que vivían como indigentes a la orilla de la playa que era mi otra casa.

Mi relación directa con la señora Aquilina llegó de una forma inesperada. Un día cualquiera de la semana llegue a su negocio, y pedí  dos empanadas sin refresco ya que no tenia para mas y aprovechando la ocasión me las fui comiendo poco a poco mientras haciéndome el loco miraba como trabajaban las personas que ayudaban a la señora Aquilina. Unas frían otras rayaban el queso otras picaban papas en fin, yo estaba distraído y de pronto me agarró de sorpresa, se paro frete a mi, se puso las manos en la cintura y me pregunto de sopetón:” ¿Oye tu pelao, que carajo haces tu aquí siempre mirando como si te debiéramos algo?”, yo me asuste, tenía solo catorce años y quede como fulminado por un rayo, no sabia como responder y solo se me vino a la mente algo que yo siempre me preguntaba y le dije con una vocecita tímida apenas audible: ¿Señora Aquilina  usted que hace con la comida que no puede vender?.

La señora me estaba mirando fijamente y vi como poco a poco se le fue quitando de su cara esa expresión severa que tenía cuando se paró frente a mí y se hecho a reír con esa sonrisa especial que ustedes ya conocen, pero lo mejor de esto es que sus empleados también se estaban riendo de mi, estoy pensando ahora que ya lo tenían preparado, y no me quedo mas remedio que ponerme a reír yo también, no había de otra. Después  de esa risa contagiosa ya no sabia que hacer, pero entonces me miró diría que con dulzura y algo de comprensión y me pregunto: “¿De verdad quieres saberlo?”, rápidamente le respondí, si usted me lo quiere decir, ya me sentía un poco mas seguro y la miré “retador”, entonces ya tranquilamente me dijo, “pasa mañana como a las once por mi casa, ¿te gustan mis sopas? “Tuve que responder que si aun cuando nunca las había probado.

Esa noche la pase como un sonámbulo, casi no dormí pensando en el otro día e imaginando las cosa que ella estaba haciendo con la comida que le quedaba sin vender. La señora Aquilina vivía como a dos cuadras de mi casa a la orilla de un arroyo por el que nunca vi que corriera agua alguna y muy cerca de la iglesia del pueblo.

Para esos días ya estaba en cuarto año de bachillerato y la casa de la señora Aquilina me quedaba en la vía de ir y venir al liceo, pero generalmente yo no pasaba por su casa sino por otra calle para irme con unos amigos de estudio y de correrías. El caso fue que ese día era un día diferente, para empezar me fui sin amigos para el liceo y pase por el frente de la casa de la señora, mirando atentamente, pero no vi nada, estaba cerrada, era muy temprano. En el liceo hablé con un profe amigo y a las once salí corriendo, casi volando para la casa de la señora Aquilina, cuando llegue habían dos viejitos sentados en el frente, llame a la señora y me contesto desde adentro, “vanos Churchill pasa”, cuando esa señora me llamo por mi sobrenombre quede sorprendido y le pregunte enseguida ¿Ud. me conoce? Y ella sin mirarme me respondió, “claro nene quien carajo no te conoce”.

Ese fue un día especial en mi vida y todos los que a partir de allí pude compartir con la señora Aquilina. Para no hacerles la historia mas larga les diré que esta sencilla y humilde señora compartía su comida con todas aquellas personas necesitadas que habían en el pueblo y que mucha gente ignoraba, pero que yo si sabia que existian, ya que desde los siete años estaba vagabundeando por el pueblo y había visto a varios de estos señores, que hoy tomaban sopa en la casa de la señora, deambulando por el pueblo, reposando a la orilla de la playa y durmiendo en la puerta de la alcaldía. Claro que yo los conocía y ellos me conocían, nunca me metí con ellos, nunca les hice burla, sabia lo que hacían en el día, sabia don de dormían, pero no sabia donde comían.

Esta experiencia me sirvió para comer en la calle cuando sabia que la comida de mi casa no era de mi agrado, y aprovechaba para compartir con mis nuevos amigos en la casa de la misericordia.

Uno de estos indigentes que vi donde la señora Aquilina, era un señor joven, como de cuarenta años o menos, que le decíamos barbuta. A este señor yo lo conocía desde mis andanzas en la playa cuando estaba mas pequeño, los padres le metían miedo a sus hijos con ese señor y resulta que el no se metía con nadie, puedo decir que era mi amigo, yo le ganaba apuestas a los otros niños que le tenían miedo, les decía que barbuta no me podía hacer nada y que le iba a dar la mano, lo hacia siempre que podía y ganaba mis apuestas fácilmente, ya que este señor se alegraba cada vez que yo lo saludaba.

Este era un señor muy especial, cuando estaba en la playa ayudaba a los pescadores a jalar los chinchorros y lo hacia sin pedir nada. Decían y que estaba loco, pero yo sabia que esto no era cierto, ya que según me conto después que lo encontré en casa de la señora Aquilina el estaba estudiando ingeniería de aviones y un día se despertó y ya no se acordaba de muchas cosas, ni siquiera que estaba en la universidad y no pudo seguir estudiando. Su familia era adinerada y el medico de la familia les dijo que lo dejaran tranquilo, que no se molestaran con tratamientos ni nada por el estilo.

El caso es que no se como llego el señor barbuta al pueblo, pero ahí estaba, de vez en cuando su familia llegaba al pueblo, lo bañaban, le afeitaban la barba que era de donde le venia el sobrenombre, le ponían ropa limpia y le daban dinero a una familia que era donde supuestamente vivía aun cuando el lo hacia en cualquier parte. Desde el día que lo encontré en la casa de la señora Aquilina hablábamos siempre que podíamos, sobre todo después de tomarnos el consabido plato de sopa, este era un señor muy inteligente que tenia las respuestas a todas las preguntas. Nunca supe como se llamaba, y cuando le pregunte su nombre solo me dijo “me llamo barbuta”, un día, al insistir sobre su nombre real me dijo: “Mi nombre murrio como murió mi vida anterior, ahora tengo otra vida ahora tengo otro nombre”, el se puso a llorar y a mi me dio tristeza.

Este pequeño relato de la señora Aquilina y el señor Barbuta, como trate de explicarles anteriormente, es un recuerdo repetido que viene a mi memoria de las cosas que hice veo o digo hoy. Esta vivencia que les conté la viví con una hermana de la iglesia llamada Vilma, que fue mi líder en la escuela de maestros para  la iglesia. Esta hermana se tomo para si la tarea de hacer una sopa todos los días y la iba a repartir en la plaza Urdaneta, para hacer esto pedía la colaboración de hermanos que tuvieran la voluntad no solo de acompañarla sino de colaborar en la elaboración de la sopa. Yo lo hice varias veces y vi nuevamente retratada en esta acción de la hermana Vilma a la señora Aquilina y al señor Barbuta lo vi otra vez acostado en una banca de la plaza esperando su plato de sopa. Que Dios las bendiga a ambas.

3 comentarios:

  1. Mi herma e leído un capitulo de tus evocaciones.. es excelente que recuerdes eso con tanta claridad y detalle .Dios conserve tu memoria para que sigas compartiendo tus evocaciones , el hacerlo ejercita tu mente , te debe traer al recuerdo alegrías , tristezas , emociones que nos hacen sentir más vivos cada día . gracias mi HERM por compartirlas , seguiré leyendo, esto tibien despertó recuerdos olvidados de mi infancia .... SALUDOS DE SU AMIGO ---ROQUE OCHOA---

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    1. Mi respuesta te la hice como un comentario pero de todos modos gracias mi hermanito Roquito

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  2. Mi hermano Roquito gracias por tus comentarios, y que estas evocaciones te sirvan tambien para llevarte a tu niñez de mano de un amigo. Que Dios te bendiga siempre. Me debes un servicio de pescao frito

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