Jueves once de
Abril como a las diez de la mañana
Evocación No. 13
Tía María
también hacia negocios por la ruta del Rio Magdalena. Solo la acompañé una vez,
no me gustó, el viaje era muy aburrido, solo agua y agua, la orilla del rio
tupida de monte, no se veía nada
interesante o que me llamara la atención, solo al llegar a algún puerto se
ponía la gente en actividad, mientras el barco navegaba las personas dormían o
hablaban entre ellas y como yo no tenia con quien hablar me la pasaba aburridísimo,
y para colmo ni siquiera tenia algo para leer, solo un periódico viejo que
calló en mis manos, con noticias viejas y aunque fueran nuevas o de
interés, no me decían nada.
Los barcos eran
mas grandes, con unas salas para que la gente estuviera cómoda, con unas bancas
largas de madera que era donde tía María
y yo pasábamos el día y dormíamos todo lo que podíamos, no tenia que cuidar el
equipaje ni la mercancía porque estaba guardada en la bodega del barco. Para
los que viajaban por varios días y tenían las posibilidades económicas había
camarotes. Igual que en la piragua, salimos en la noche, el viaje remontando el
rio es lento, pareciera que el barco estaba parado, que no se movía y a veces
me daba la sensación que estábamos retrocediendo porque el agua pasaba mas
rápido de lo que el barco podía avanzar contra la corriente. Cuando amaneció
desayunamos con unos panes con queso que tía María llevaba, compramos chocolate
pera acompañarlos y seguimos sentados viendo pasar el rio que a veces
arrastraba troncos.
En este viaje me
pasaron dos cosas increíbles. Ya eran como las tres de la tarde y casi todas
las personas estaban como dormidas y
solo se oía el ruido del motor del barco y el sonido del agua al rozarlo, de
pronto un marino empezó a gritarle al capitán que parara el barco, el capitán
no quería, pero ahora la gente y los marinos insistían y el capitán tuvo que
arrimar el barco para la orilla que le estaban señalando, amarraron a un hombre
que se lanzó al agua a buscar no se que cosa, y la gente gritaba por ahí por ahí,
yo no veía nada y en todo caso tía María me echó para un lado y me dijo “usted
no puede mirar eso”. El asunto es que entre los gritos y los comentarios de la
gente, supe que subieron al barco un hombre que no tenia cabeza, unos decían
que se la habían cortado con un machete, y otros y que se la habían comido los
peces, yo no lo vi en ningún momento, con todo que lo bajaron en el mismo
puerto que tía María y yo nos bajamos.
Ya casi en la
noche llegamos a un pequeño puerto de una ciudad llamada Gamarra que era
nuestro primer destino. El pequeño barco atracó, lo amarraron bien pegadito el
muelle y empezaron a descargar las mercancías y los equipajes de los que nos
quedábamos en ese pueblo. Tuve que ponerme pila con nuestras cosas, había unos
que se quedaban y otros que se iban, amanecimos esa noche en el puerto, igual
que lo hicieron otros. Cuando estábamos en esos trajines llegó la policía, nos
miraban como gallina que mira sal pero no nos dijeron nada, se montaron al
barco hablaron con el capitán y al rato se bajaron con el muerto envuelto en
una lona.
Ya cuando aclaró
el día, tía María contrató un carro de mula que nos trasladó a la casa de un
matrimonio amigo que vivía en las afueras del pueblo. Esta pareja vivía sola y
eran pobres, la casa era grande y cómoda, estaba hecha de madera y con techo de
zinc que salía hacia delante y para tras formando como un porche y un corredor
grande en el patio que fue donde tía colgó las hamacas para dormir porque era fresco. Esta casa y que era de un
matrimonio que la dejó abandonada. El marido de la señora salió tempranito y
vino cargando un saco con yuca, auyama, plátano verde y algo parecido al ñame
pero que se llama malanga, y unos pescados que saco de caño del rio que le
quedaba cerca, esto lo estuvo haciendo mientras estuvimos en su casa. Por otro
lado salimos con la señora donde un señor que tenia unas vacas y compramos
leche. Además tía agarró un saco que traiamos y que yo creía que era mercancía
y empezó a sacar víveres y los pusieron en una mesa que estaba en la cocina que era donde comíamos, había de todo. La señora
acomodó la comida, tía organizó su
mercancía y todos los días salía para otros pueblos a venderla, no compraba ni cambiaba nada.
Cuando llevaba
mucha mercancía la acompañaba pero casi siempre me tocó quedarme en la casa. El
oficio de esta señora era lavar ropa ajena en la orilla del rio, al principio
la acompañé pero como no dejaba que me bañara decidí quedarme en la casa sin
hacer nada, no tenia ni siquiera mi honda. Un día acompañé al señor al monte donde
trabajaba en un pequeño conuco y lo ayude a limpiar un poco, este señor también
trabajaba sembrando y recogiendo la cosecha de otras personas, siempre andaba a
pie. Esta era una familia pobre, pero me
di cuenta que por lo menos no pasaban hambre. Tía regresaba todos los días, y
un día me cansé de esperarla, se hizo de noche y me quede dormido en el frente,
la señora me dejo tranquilo y a media noche me desperté asustado y salí
corriendo para el patio a ver si ya tía había llegado y estaba en la hamaca,
pero nada no había nadie.
Pasé una noche triste
pensando que tía María me había dejado abandonado, el marido de la señora me
prometió que iba a averiguar que había pasado, que estuviera tranquilo, y que
en todo caso él tenia que viajar a Barranquilla y sabia donde vivía tía María y
me llevaría de vuelta. Pasó ese día y otra noche y tía no aparecía y yo
llorando y pensando en el hombre sin cabeza, al fin como a la hora del almuerzo
del segundo día apareció tía María como si no hubiera pasado nada, le preguntó
a la señora como me había portado, ella le dijo que bien, me miró y me dijo:
“Así es que me gusta, que se porte como todo un hombre” y yo por lo bajo entre
dientes murmurando, que hombre ni que carajo. No se hablo jamás del asunto.
Como a las dos
semanas de estar en ese lugar, ya no había mercancía que vender, solo teníamos
el equipaje, la maleta de tía y un maletincito con unas mudas de ropa que era
lo que yo cargaba como equipaje, que además era toda mi ropa. Nos fuimos a pie
para el puerto y el marido de la señora nos acompañó cargando la maleta de tía
María. Mientras esperábamos que el barco llegara para podernos ir, tía María le
entrego un papel al señor, que era un recibo por el pago de un burro que tía
había comprado a buen precio, donde se indicaba no solo las características del
burro sino también los aperos que venían con el burro y unos sacos, mecates y
guacales que tía había comprado por aparte, cuando el viaje de los tres días.
Este burro tan bien equipado se lo estaba cuidando una familia amiga de tía en
un pueblo que estaba cerquita como a media hora de camino. Fueron a la comisaria
de la policía y le firmó una autorización, avalada por el comisario de la
policía, para que le pudieran entregar el burro. El caso es que tía María le regaló el burro a
esa familia y que nosotros les debíamos más
que eso, fue lo que me explico, como puse cara de “no comprender” me dijo que
sus hijos habían cogido monte y una hija se tuvo que ir a trabajar en una casa
de familia a Bogotá.
Ya bien tarde en
la noche nos montamos nuevamente en el barco y seguimos el viaje, yo pensaba
que nos regresábamos, pero no, seguimos palante y como a los dos días de viaje
llegamos a una ciudad pequeña pero bonita que se llama Honda. Resulta que de
ahí es que viene la familia de mi abuela, tía y mamá nacieron por esos lados. Tía
María se alojaba con unos familiares, creo que primos, y nos quedamos como dos
semanas, sin hacer nada, pero nada. Salía con “una prima” a dar vueltas por los
alrededores, visitábamos unos familiares, regresábamos a la casa cenábamos,
oíamos radio, a dormir y al otro día lo mismo y así día tras día. Lo único
bueno fue que la prima me arregló la ropita, me la lavó, cosió, planchó y
aumentaron mis prendas de vestir con unas camisas de un primito que nunca vi.
En esos días la
tía María lo que hacia era fumar y tomar café negro todo el día, sentarse en
unas mecedoras con unas señoras que la visitaban, unas tías, así las llamaba la
prima, y hablaban y hablaban sin descanso, solo se paraban de las mecedoras
cuando las llamaban a comer o a almorzar. Esta prima era una muchacha
quedada como de treinta años, era muy
cariñosa y servicial. Esta familia quería que tía María me dejara un tiempo
viviendo con ellos y me recogiera en
otro viaje. De estos lugares tía se llevó para Barranquilla un muchacho como de
mi edad, que estuvo viviendo con ella algún tiempo y después lo regresó para su
pueblo en el interior, era un cachaquito. Mi tía le pegaba mucho, lo
maltrataba.
Cuando ya se
cansó de estar en ese lugar, armó el viaje de regreso, la familia nos despidió
en el puerto y nos venimos para Barranquilla. En este viaje de regreso me
sucedió la segunda cosa increíble: Como hizo siempre tía María se acomodaba en
las salas de estar, ahí hacíamos nuestro viaje lo mejor que podíamos, ya que según
ella el viaje bajando era mas rápido y sin problemas. Pero una noche cuando todo estaba en silencio, se
oyeron unos disparos fuera del barco, unos hombres en unas lanchas de motor obligaron al capitán a arrimar el barco a la
orilla. A todas estas mi tía escondió su maletica debajo de la banca de madera
y se puso en las piernas mi maletincito y nos abrazamos, sabíamos que había
peligro, porque había oído decir en la casa de las primas que estaban asaltando
los barcos.
Se montaron
cuatro hombres y dos mujeres armados con escopetas o fusiles y registraron el
barco, sobre todo los camarotes, parecía que estaban buscando a alguien en
particular, cargaban para las lanchas todo los que le parecía de valor, o que
necesitaban, no se, también le quitaron el dinero a la gente. Las mujeres
lloraban y los hombres permanecían con la cabeza agachada sin mirarlos, yo
tenia mucho miedo pero estaba tranquilo, no lo demostraba, a tía María y a mi
ni nos miraron. Como a la hora de estar en el barco habían reunido a tres
hombres en la parte de atrás del barco,
(en la popa) los tuvieron un rato
y se llevaron a uno de ellos.
Los hombres que
robaron en el barco se fueron en sus lanchas y se llevaron al señor, agarraron
rio arriba y enseguida se formo un alboroto en el barco, tía y yo estábamos sentaditos,
callados, solo observando todo lo que pasaba. Había una señora que lloraba
mucho, era la esposa del señor que se llevaron, y gritaba desesperada, “lo van
a matar, lo van a matar”. La gente hizo que el capitán atracara el barco en un
pequeño pueblo donde se bajaron unas personas que fueron a poner la denuncia a la policía, la
esposa del señor secuestrado fue con
ellos y no regresó. Mientras esto
sucedía varios pasajeros se quedaron en ese pueblo, estaban asustados.
Cuando ya el
capitán estuvo claro de quien se quedaba y quien seguía, despegó el barco del
pequeño muelle y le dio viaje sin para hasta Barranquilla. Navegamos toda la
noche y todo el otro día y llegamos en la noche a la casa. Por las
conversaciones que oí esa noche, nadie dormía, pude entender que había como una
guerra que empezó el día que mataron a Gaitán. Por un lado los conservadores,
que eran los que estaban gobernando, perseguían a los seguidores de Gaitán, que
por eso fue que metieron preso a mi papá, los mataban o los metían en la
cárcel, y por el otro lado los liberales hacían lo mismo, se vengaban matando a
los contrarios. Esa guerra aun continúa y en estos días está el gobierno y los
guerrilleros reunidos en Cuba tratando de firmar un pacto de paz. Dios permita,
o como decía mi abuela “Jehová de los Ejércitos mete tu mano y termina con el
dolor y sufrimiento de tanta gente”.
Entre las
conversaciones que oí esa noche, hubo una que me llamó la atención, unos
estudiantes de la Universidad de Bogotá que iban a sus casas a pasar las
vacaciones, venían hablando de sus cosas, y uno de ellos dijo: “estudio
derecho”, esta frase me quedo grabada en la mente y la relacioné con mi abuela cuando me decía “Ud. tiene que
ser un hombre de bien, un hombre derecho, responsable” y yo entendía que mi
abuela me quería decir que tenia que ser honrado, un hombre de palabra, y por
lógica semántica, aplicando mi razonamiento, el estudio derecho significaba no copiarse, sacar buenas notas, ser
disciplinado, no perder años de estudio, aunque me pareció que este señor
estaba un poco viejo para estar estudiando.
Desde ese día
empecé a calificar como derecho todo lo bueno que hacia, ejemplo: Estudiaba
derecho, jugaba derecho, hablaba derecho, hasta un día que me oyó mi abuela y
me pregunto por que decía esas cosas, le explique la conversación del barco, se
sonrió un poco y me dijo:”No seas bobo estudiar derecho es estudiar abogacía y
no hay abogados derechos, todos son retorcidos y de mal proceder”, hasta ese
día llegaron mis sueños de estudiar derecho, y como no podía estudiar torcido no me quedo de otra sino estudiar zigzagueando.
Tía María tenia
amigos en la empresa naviera dueña de los barcos que navegaban por el rio
Magdalena y le consiguió trabajo a mi mamá, y por eso era que muchas vacaciones
no las pasé con ella porque estaba viajando, y si tía María tampoco estaba por
esos lados, me tocaba quedarme en Puerto. Cuando ya mi mamá vivía con
Adalberto, me mandaron en unas vacaciones para Santa Marta con unos primos, la
pasé bien pero nada de particular que contar, solo que uno de ellos vivía a la
orilla del rio Manzanares y nos bañábamos de vez en cuando.
La tía María
también me decía que uno no puede estar aparentando lo que no es y que a veces
era conveniente ocultar lo que uno era, y que eso fue lo que pasó en el barco
el día que nos asaltaron, no nos prestaron atención porque ellos saben (los
asaltantes) que los pasajeros que viajan
en segunda o tercera son gente pobre que muchas veces no puede ni pagar los
pasajes y tiene que dormir en esas bancas de madera y no tienen derecho ni
siquiera a estar por los pasillos y los baños son unos cuarticos donde lo que
uno hace cae directo al agua y come de lo que uno lleva preparado de su casa, a
veces venden algo de comida o bebida. A ni no me importaba viajar de esa forma, estoy acostumbrado desde pequeño a
dormir en cualquier parte, en el suelo, en hamaca, en Macondo dormía en trojas,
y ya grande podía dormir en una silla o mecedora, todavía lo hago, tanto es así que cuando me ha tocada viajar,
la demora es que me siente y recline el espaldar de la silla cuando ya estoy
dormido. Cuando ya estábamos en la casa tía me dijo que si quería seguir
viajando con ella no le dijera a nadie lo que había pasado, cumplí con ella
hasta el día de hoy, pero tampoco quise seguir acompañándola por esos lados,
que va.
Antes de empezar
a viajar con tía María la conocí en el negocio de la comida, de los
restaurantes, supuestamente tuvo varios pero solo me acuerdo de uno grandísimo,
tenia como cuarenta mesas y un mostrador o barra larguísima. En ese local funcionó
un bar con su rokola, mujeres y todas las cosas relativas a esos negocios, pero
lo habían cerrado hacia como un año porque originaba muchos altercados y se decía que había muerto un hombre en una
pelea.
Por casualidad
yo estaba el día que fueron a ver el local, y cuando lo abrieron, estaba lleno
de ratas y tenía un olor nauseabundo como a animal muerto. Tía hizo el contrato
de alquiler y busco a unos hombres para limpiarlo y matar las ratas, y después que estuvo limpio busco un señor
constructor que llevo albañiles, pintores electricistas, eran como diez
personas que estaban trabajando, construyeron una cocina en el patio y lo
techaron para guardar carbón y los víveres los metían en unas alacenas grandes,
con puertas de hierro por las ratas, quedo
bien limpio y bonito.
Mi mamá
trabajaba con tía María en el restaurant, y cuando yo estaba con ella me
llevaba y allí desayunaba y almorzaba, estaba pequeño tenia como seis años pero
me acuerdo bien porque me dejaban comer lo que quisiera. A ese restaurant tía
le puso como nombre Copacabana, era muy concurrido. En el sector también había
bares, billares, un mercado, negocios de comida y almacenes de telas, se
conseguía lo que uno estuviera buscando. En una placita que estaba cerca un
señor vendía hielo y lo tapaba con las conchitas que quedaba cuando molían
arroz. También había moliendas de maíz. Ese sector era zona roja y le decían el
boliche. Por ahí cerca quedaba una sala de billar que administraba un señor
llamado Adalberto que con el tiempo se caso con mi mamá.
El día que mataron
a Gaitán estaba con mi mamá, y al otro día fuimos al Copacabana y observé que
en los techos, en el cielo raso y en el patio estaban escondiendo mercancía y
toda clase de cosas que se estaban robando en los almacenes del centro, fueron
un poco de días de saqueos y muertos. La gente tenía miedo de salir a la calle.
Tía solo habría el negocio hasta el medio día. El que dejaba guardar esas cosas
robadas era el Tío Julio, marido de mi tía, De ese poco de ropa que estaba en
el restaurant me tocó una camisa, un pantalón y un par de zapatos que me regaló
un sobrino del tío Julio
.
El día que
fueron a ver el local, se encontraron una rokola que el tío Julio quiso probar
pero no había corriente, a los días que fuimos a ver como seguía el trabajo de
limpieza, unos de los obreros llamó al tío Julio para que viera la rokola, la
tenia limpiecita y conectada, era muy bonita con muchos colores que parecían
girar haciendo figuras, le dio a un botón y empezó a funcionar, sonó un tango
de Carlos Gardel. El tío Julio se las dio de vivo y vendió la rokola pero el
dueño se dio cuenta y lo metió preso, tuvo tía que buscar la rokola, devolver el
dinero, y entregársela al dueño para que soltaran al tío Julio. También
encontramos unos cajones que me ayudaron a montar en el techo, como casas de
palomas, pero las ratas se comían los pichones, y no había manera de cuidarlos.
A este ti Julio
lo dominaba el vicio del juego, y siempre estaba arruinado. Un día le robó el
dinero que tía María guardaba para
comprar los víveres del restaurant y los perdió. Tía lo botó, cerró el
restaurant y en sociedad con mi mama compraron una casa para un barrio que se
llama Rebolo, allí hicieron una casa de vecindad, osea, alquilaban cuartos. Fue
cuando tía María agarro el negocio de los viajes con más dedicación, ya mi mamá
vivía con Adalberto. Esa casa la vendieron porque quedaba a la orilla de un
arroyo y cuando llovía se metía el agua por toda la casa y se fueron a vivir a un pueblo llamado
Galapa, ya mamá estaba trabajando en los barcos, tía María se quedaba en la
casa cuidando a mi hermano menor, al que le decimos “el papi”, yo los visitaba
de vez en cuando y no tengo recuerdos de esos tiempos. Ya mis recuerdos se adelanten un poco, cuando vivían
en Barranquilla y era la época cuando tía María viajaba y yo la acompañaba, mi
hermanito menor tenia como cinco años y se ofrecía para vender unos bollos de
yuca que tía María traía de los viajes.
Ya mi hermana
mayor estaba grande y no estudiaba, trabajaba en un centro comercial llamado TIA,
para esos tiempos fue que se consiguió al novio con quien a la larga se caso y
tuvo sus cuatro hijos, que ahora todos están casados y viven aquí en Venezuela.