Jueves 31 de Enero 2013 como a las tres de la tarde.
Cuando empecé a
escribir estas líneas, lo mas lógico era que, amigos lectores, les hubiere
explicado el motivo de hacerlo.
En el grupo de
los alumnos de la primera promoción de la Escuela de Liderazgo, observé un gran
potencial para desarrollar las ideas y
una buena disposición para exponerlas, esto me dio la oportunidad para
incentivarlos en un proyecto (esta palabra está de moda en estos días en mi
iglesia), para desarrollar estas habilidades.
Este proyecto
consistía en escribir un cuento o un pequeño ensayo, y como no tenía a la mano un folleto, un libro o algo
sobre el que pudieran hacerlo, les sugerí que fuera entonces sobre sus propias
experiencias personales, lo que les saliera, sabiendo yo que a medida que lo
fueran haciendo, las ideas fluirían fácilmente. Viendo que ninguno de mis
alumnos se atrevió a escribirlo, entonces me toca a mi dar el ejemplo y he
empezado a escribir el ensayo sobre lo poco que pueda rememorar de mis
vivencias, corroborando lo antes expuesto, que la vena de la inspiración es
inagotable, y hoy en este día también les lanzo el reto a los alumnos de la
segunda promoción, pero con ellos seré mas elástico pues les daré todo el
tiempo que crean necesario para hacerlo.
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