martes, 26 de febrero de 2013

Evocación No. 4


Miércoles 13 de Febrero del 2013 como a las diez de la noche.


Los ruidos de los tiempos pasados traen tenues sonidos al presente, los cuales estarán en nuestras mentes en los silencios del futuro, recuerdos que muy a menudo se convierten en ausentes. El futuro siempre será incierto sino sabemos lo que hicimos en el pasado, por eso trato, con esfuerzo, identificar esos ruidos que suenan en mi mente, convertirlos en recuerdos y transformarlos en palabras que puedan expresar lo que siento hoy al revivirlos y nuevamente evocar esas experiencias que hoy cobran vida, pero la idea principal de este ensayo no es vivir de los recuerdos, sino recrearlos.

Les estaba contando anteriormente de mi papá, que realmente era un hombre sabio, nos daba cada lección de cómo era la vida en comunidad y de cómo comportarnos con las personas y con la naturaleza. De estos consejos que mi papá nos daba, hay  uno que jamás podré olvidar, y que aun hoy lo sigo acatando y poniendo en practica, enseñándolo a otros siempre que tenga la ocasión.

Les decía que el patio de mi casa era algo especial, por lo grande y la cantidad de cosas que había en el, era el escondite perfecto para un niño travieso huyéndole a unos correazos. Entre los arboles sembrados en el patio habían cuatro matas de limón, que para la época, como lo es también hoy, era una fuente de ingresos para la familia. Había un señor que los encargaba por sacos y teníamos que recogerlos.

Para la recolección de los limones usábamos unas varas largas, que tenían amarrado en su extremo mas fino un alambre en forma de lazo para jalarlos, pero por la carrera o por no querer recoger los limones o por hacerlo lo mas rápido posible, golpeábamos las ramas para que los limones cayeran, o jalábamos los limones con ramas y todo lo que se engancharan en las varas. Por lógica se partían las ramas y se caían muchas hojas y ahí era cuando entraba en escena mi papa, nos daba un buen regaño, y se ponía a enseñarnos como era que se hacia y porque debíamos hacerlo de la forma que el nos indicaba.

Mi papá, después de recoger los limones, nos sentaba en el suelo y él desde una silla antigua de mimbre, que era su silla particular, nos explicaba algo así como esto: El limón para crecer y ser fruto útil, necesitaba de un árbol que lo alimentara. Este árbol tenía su raíz, su tronco, sus ramas, sus hojas, las flores y todo lo demás. Cuando rompíamos las ramas y las hojas caían al suelo, el árbol necesitaba un tiempo para recuperarse y dar nuevos limones; las hojas y las ramas que se caen (o se van) con los limones a su tiempo se secan y se mueren a no ser que una persona conocedora de estas cosas, las recoja, las trate y las convierta en abono y lleguen a ser nuevamente parte de la mata de limón pero ahora en forma de savia, y sino hay quien haga esto se recogen y se echan a la basura que era lo que realmente hacíamos nosotros.

Pero mi papá iba aun mas lejos en sus explicaciones; nos ponía el ejemplo como si la mata de limón fuera una familia y nosotros entonces éramos los limones, las hojas, y lo demás. Después de explicar estas cosas, nos decía entonces en un tono de voz grave y fuerte: He aquí la moraleja, yo como limón debo  sentirme triste que para recolectarme se deba destruir el árbol que me dio vida, y todo por culpa de un recolector irresponsable que no le interesa el daño que se le hace al árbol.

Después de la enjabonada de mi papá, yo por lo menos recogía los limones con calma, sin estropear las ramas y a veces me espinaba recogiendo los limones con la mano. Después con el paso del tiempo llegue a comprender el verdadero mensaje de mi papá. ¿Tu te sientes recolector o limón?

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