sábado, 30 de marzo de 2013

Evocación No. 11



Martes 26 de marzo de 2013 a las nueve y media de la mañana.

Evocación No. 11

Estamos en Semana Santa y son días de recogimiento o como decían en mi casa, de estar tranquilos y no hacer nada. Pero resulta que yo no me estaba tranquilo ningún día y  tenía que estar haciendo algo para estar tranquilo.

Mi papá siempre tuvo como la ilusión de ser un pequeño hacendado pero las cosas no se le daban porque era hombre de ciudad. Empezó con un par de becerras que le compró a sus cuñaos (Los palacios) que eran sus asesores en estos negocios y como estaba su hermana por el medio lo aconsejaban bien. Una de esas becerras se llamaba mariposa y cuando tuvieron crías papá hizo el esfuerzo para comprarse un terreno para llevar las vacas, ya que era incomodo cuidarlas en la casa, había que llevarlas al monte de un señor que vivía en las afueras del pueblo, para que las cuidara en el día y por las tardes las soltaba y las vacas se venían solas para la casa, en la mañana las ordeñaban y nuevamente a llevárselas al señor y así todos los días.

Al fin se le presento la oportunidad de comprarse una pequeña finca, ubicada como a una hora y pico de camino a pie y a una hora en burro, no quedaba lejos. Esta finca tenia por nombre Macondo en un sector donde habían varias haciendas pero esta era la mas pequeña y no se porque se llamaba Macondo porque las que estaban a su alrededor tenían sus nombres de acuerdo a las características de cada una de ellas, por ejemplo: Agua Viva, porque habían unos manantiales de agua dulce que brotaban de unas piedras, quedaba para los frentes de Macondo y para ir para allá desde Macondo no había camino,  había que pasar una montaña y nadie hacia eso, no se porque. La hacienda donde estaba la montaña se llamaba la Montañita. Más adelante de Macondo, pero lejos, quedaba El Salao ya que el agua que salía de los pozos era salobre y solo servía para los animales y tenían que llevar del pueblo el agua para el consumo de las personas. Los dueños de esta hacienda tenían un jeep viejo para traer la leche al pueblo y se les hacia fácil el trabajo. Y mucho mas lejos, pero lejos, estaban Las Minas, ahí si me gustaba ir, esa hacienda quedaba mas cerca del otro pueblo de donde era la familia de la esposa de mi papá y yo me anotaba con los Palacios cada vez que podía para ir a Las Minas. Tenia este nombre porque una empresa petrolera estuvo perforando esos terrenos buscando petróleo y no lo encontraron, solo quedaron unos tubos enterrados bien hondo donde uno metía un recipiente y sacaba como querosén.

Cuando papá compró Macondo se llevaron las vacas y contrataron un señor para trabajar en el monte, y cuando tuve como ocho o nueve años, a veces me tocaba ir al monte a buscar la leche. Pero en todo caso yo me iba para Macondo cada vez que podía y en uno de esos viajes me pasó lo siguiente.

Era un martes de  Semana Santa y yo estaba como perro con gusano en el patio de la casa encaramado en una mata de mango tirándole piedras con la honda a unos pájaros que estaban en una mata de coco que había en la clínica del terminal cuando oí el chiflido del Jefe frente a la casa, me bajé de la mata de mango y fui a ver que quería el Jefe, que solamente me dijo “ensilla el burro y nos vamos pa Macondo a cortar leña”. Mi papá alegó que era Semana Santa y no se podía cortar leña y Racha “que lo que estábamos buscando era una mala hora”. Yo no les paré, ensille el burro y arrié para el monte detrás del Jefe.

Yo tenía un poco de leña ya cortada y no me demoré mucho en completar mi carga de leña, cuando la tuve ya lista, le grita al Jefe que me iba para el jagüey a ver si podía matar unas palomas de monte o torcazas. Agarré la honda y empecé a tirarles piedras, pero no le pegaba a ninguna lo que me parecía raro porque les estaba apuntando bien, de pronto sentí un ruido entre los pajonales que había a la orilla del jagüey, guardé  la honda y agarré el machete pensando que era un cochino de monte. Lo que salió del monte fue el pájaro mas raro que yo había visto en mi vida y que ni aun ahora he podido averiguar que clase de pájaro era.

Se paró en un claro donde podía verlo bien y se quedó quieto mirándome fijamente, yo a la verdad me dio miedo al ver que solo me miraba y no corría ni volaba, solo me miraba, el miedo me pasó a terror. Era de color gris oscuro, casi negro, con unas patas largas como las de una garza pero gruesas y terminaban como las de un pato. Permanecía quieto mirándome, erguido como un pingüino y entonces lo detallé mejor, tenía el pico como un pato y los ojos al frente como una persona no como las aves, y entonces fue que me cage todo, hacia un ruido ronco algo así como: Croó—croo—croó al tiempo que le subía y le bajaba un penacho rojo.

Yo ya estaba que me desmayaba del miedo y no me atrevía a lanzarle una piedra, no sabia que hacer, pero me quedé ahí parado tieso como un palo, sin poder ni gritar para llamar al Jefe, esperando a ver que pasaba, tenia el machete en la mano y  me dispuse a cortarle la cabeza como me atacara. No se si el extraño pájaro me adivinó las intenciones o se cansó de estar parado en el sol o se sintió satisfecho con asustarme, el caso es que tomó una posición como la de una gallina y se fue caminando lentamente graznando croo—croo—croo y subiendo y bajando la cresta roja se lanzo al jagüey, no lo vi salir del agua por ninguna parte, aproveche y me fui corriendo para donde estaba el Jefe, cuando llegue no podía ni hablar. Cuando me calmé le conté todo con  plumas y colores. El Jefe al principio se reía, pero después se puso serio, me quitó la honda, la partió en tres pedazos con su machete y me dijo “Eso que te salió era el diablo nojoda, porque tu eres muy malo, la porca de la madona, deja de estar matando pájaros ensilla el burro que nos vamos”. Ni siquiera nos dio tiempo para comernos unos bollos de mazorca con queso que el Jefe había llevado y que para almorzar.

Regresamos callados, yo adelante montado en el burro, el Jefe  amarró su burro al mío y nos seguía a pie, en una sombra  me hizo detener y repartió los bollos y el queso, que nos comimos andando. De pronto me gritó, “no joda pelao de mierda” y no hablo mas durante el regreso al pueblo, él se fue para su casa y yo le lleve la leña a la señora Aquilina.

Este suceso jamás se lo conté a alguien, ni siquiera a mi abuela, hasta el día de hoy que mas bien me parece anecdótico y me da risa sobre todo al recordar al Jefe que cuando estaba borracho me mamaba gallo y me decía: “Ahí viene el pájaro croo—croo—croo” y se reía y se reía yo también me reia, y nos reíamos y nos reíamos. Las personas nos veían y se reían y se reían de vernos reír sin saber cual era el chiste, era un secreto entre el Jefe y yo. Jamás supe que el Jefe le contara lo que pasó en Macondo a alguien, aun cuando ahora pienso que realmente el Jefe creyó que me había salido el diablo. Pero en todo caso, no salgo en Semana Santa para ninguna parte. 

Jamás le presté atención a esto y no deje de ir a Macondo, y otro de mis pasatiempos favoritos era ir con el primo Paul a cazar pajaritos al monte, de esos que se pueden domesticar y viven en pequeñas jaulas, en mi casa habían muchos pájaros, de toda clase ya que a mi papá le gustaban y me dejaba ir.

Como en Macondo había un jagüey grandísimo que nunca se secaba los pajaritos de todos esos montes comían y bebían agua y hasta anidaban alrededor del jagüey. La estrategia de caza era la siguiente: en Macondo había unos arboles que al hacerle unos cortes en el tronco, botaban un material como goma, algo parecido como cuando se recoge el caucho natural. Mi primo Paul y yo teníamos preparado unos alambres que sacábamos de los ganchos de ropa, a los que le untábamos la goma que sacábamos de las matas. Esta goma la guardábamos como si fuera una pelota de cera y cuando la íbamos a usar la suavizábamos con querosén.

·         Estos alambres los amarrábamos en las maticas que estaban a la orilla del agua, y los pajaritos que  se paraban en ellos, cuando iban a beber  se  quedaban pegados y teníamos que salir corriendo para agarrarlos antes de que se embarraran todo con la goma porque era difícil quitárselas de las plumas. Pero mientras esperábamos que los pájaros cayeran en la trampa teníamos que hacer un silencio absoluto escondidos entre las matas de paja, yo por lo menos me ponía a mirar el cielo observando las nubes a las que trataba de darles alguna figura en mi imaginación, después supe que las nubes tenían diferentes nombres de acuerdo a sus características : Cúmulos. Nubes de desarrollo vertical (de días soleados). Estratos: Nubes estratificadas (de días soleados). Nimbos. Nubes capaces de formar precipitaciones (Nube de lluvia). Cirros. Nubes de cristales de hielo (Nubes de tormenta).
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·         Los pájaros que capturábamos los metíamos en una jaulas de acuerdo a su clase, canarios criollos, sinsontes, montañeros, rositas, cardenales, solo nos quedábamos con los que trinaban a los otros los soltábamos. Para trasladarlos los tapábamos bien para que no se asustaran y al otro día el primo Paul se iba para la ciudad a venderlos, partíamos la cochina, pero creo que siempre me picaba.

Cuando estuvimos internos en el mismo colegio seguimos practicando la caza de pájaros. En los terrenos del colegio había un sector que se  anegaba con las aguas de un caño que pasaba cerca. Los sábados que estábamos pelando, mientras los alumnos se iban para sus casas, nosotros nos salíamos al caño y cazábamos pájaros. La pega la triamos de Macondo y los alambres los sacábamos de los ganchos de ropa que en el internado habían bastante. La primera vez que fuimos a vender los pájaros al mercado, me di cuenta que el primo Paul me estuvo picando durante mucho tiempo en el negocio de los pájaros, nos dieron mas dinero con menos pájaros, cuando se lo dije solo se hecho a reír y me dijo “los gastos del traslado también cuentan”.

Para tener dinero o ingresos me hice un contrato con la señora Aquilina para proveerla de leña, (la gente cocinaba con leña o carbón), pero era un contrato medio raro, ya que casi no veía dinero, me pagaba con comida si la consumía en su negocio, porque en su casa la comida era gratis, siempre y cuando “quedara  algo por ahí”, ya que primero comían <los invitados>, en todo caso las cuentas las llevaba ella y un día me dijo: “Churchill me debes tres cargas de leña”, eso fue un viernes en la noche y el sábado agarre el burro y arranque para Macondo y corté toda la leña que pude como hasta las doce del día, El señor Víctor me ayudó a cargar el burro y me prestó su burro para llevarme dos cargas de leña, y como me faltaba poco para le otra carga me la ayudo a cortar y cuando regresé como a las cuatro ya la tenia lista, reposé al burro como una hora o mas no me acuerdo. Llegue casi anocheciendo al pueblo y cumplí con el contrato de la señora Aquilina como me había enseñado mi abuela a ser un hombre  responsable y de palabra.

Hice este esfuerzo porque el domingo temprano venia mi mama a recogerme para llevarme el lunes para el colegio donde estudiaría internado el resto de mi bachillerato. Ya en ese colegio estaba estudiando mi primo Paul.

En la época para recoger la cosecha de patillas y melones, por todo el camino para ir a Macondo habían siembras, ensillaba el burro,  cogía el machete y con cualquier pretexto me iba para el monte a comer patillas, no las podía traer para el pueblo y tampoco podía dejar evidencias de la fechoría pero mi burro colaboraba con la limpieza, yo me comía todo lo rojo de adentro y el burro se comía las conchas y no dejábamos rastros. Ese burro era un bandido, la gustaban las patillas y cuando pasábamos por alguna siembra se paraba y se ponía a rebuznar.

Ese burro me hecho una vaina que casi no la cuento. Un día me ofrecí para llevar agua dulce para el monte, el mudo me ensilló el burro con los calambucos mas pequeños y que para que fuera montado e hiciera el viaje mas rápido y regresara antes de entrar la noche. El camino para ir a Macondo tiene dos entradas, uno por el cementerio, más lejos pero el camino era plano y cómodo  para los burros y por el otro, había que subir un cerro que le llamaban “La Virgencita”, pero era mas cerca, bajando la Virgencita venia un terreno baldío sin cercas por ninguna parte y lleno de monte donde siempre habían vacas, burros, chivos, cochinos y toda clase de animales que pastaban en ese lugar.

·       Cono este era el camino mas rápido me fui por el, subimos la virgencita y el burro llevaba buen paso, en el terreno baldío había una burra que estaba en celo, mi burro que la huele y empieza a rebuznar, y yo arriba del burro tratando de mantenerlo en el camino, pero que va, no tuve la suficiente fuerza para pararlo y el burro salió corriendo detrás de la burra y yo arriba del burro, se metieron por entre las matas y las tunas, menos mal que no me espiné pero me estaba golpeando todo con las ramas, casi que me saco un ojo, me quedó la frente hinchada un poco de tiempo. La burra corriendo adelante por el monte, el burro atrás rebuznando y yo agarrao lo mejor que podía para no caerme.

Un señor que gracias a Dios estaba en el lugar recogiendo unos cochinos me gritaba desesperado “tírate, tírate”, pero me daba miedo y lo que hacia era agarrarme mas y en una de esas el burro alcanzó a la burra y la montó, se cayeron los calambucos, se derramó el agua, se rompió el sillón, se partieron las bridas y yo caí al suelo como una plasta y me di un tremendo golpe en las nalgas que no me podía parar. Estaba todo adolorido tenia golpes en todo el cuerpo y la cara hinchada, me quede sentado en el suelo llorando, el señor de los cochinos me ayudo a parar, y entonces no podía caminar.

Mientras yo estaba sentado en el suelo el señor de los cochinos buscó al burro, remendó las bridas, acomodó lo mejor que pudo el sillón, volvió a cargar el burro, dejó los cochinos en el monte y nos fuimos para su casa donde me curó la cara y le echó agua a los calambucos, porque el señor me decía que me fuera para la casa pero yo no quise y me fui para Macondo todo maltratado. El señor Víctor me amarro una penca de sábila en la frente y me hizo tomar una agua rara y que para los golpes, me ensilló el burro con otro sillón y que para arreglar mejor el mío, y le puso otras bridas al burro. Cuando llegué a la casa no me querían creer el cuento, pero me tuvieron que llevar al médico de la clínica del terminal porque tenia la cara mas hinchada y me dio fiebre en la noche, casi que me mata el burro.

Ese mismo burro quiso hacer la misma gracia, pero ahora lo llevaba el Jefe por las riendas y cuando el burro quiso salir corriendo detrás de una burra, el Jefe le dio un templòn y como siempre cargaba una vara le dio un palazo por la frente al burro que casi lo mata, el burro cayo al suelo pero se paro enseguida y trato de morder al Jefe quien le pego otra vez al burro con la vara pero el burro siempre logro morder al Jefe en la mano y le arranco un dedo.

Salí con el Jefe para la clínica del terminal donde terminaron de quitarle el dedo. Papá dio la orden de que nadie usara el burro y a los días se lo vendió a unos señores que hacían carbón. Compró un mulo bonito que caminaba rápido, pero tenia un defecto, se asustaba hasta con su sombra y había que amarrarlo a otro animal para que caminara seguro. Un día fuimos a Macondo y yo me monté en el mulo e iba de ultimo y que para evitar problemas pero a la salida del pueblo por la virgencita en el terreno baldío, habían unos señores arreando unas vacas y el dichoso mulo que se asusta y arrancó a correr, menos mal que medio logré meterlo al camino, y el mulo corriendo y yo arriba del mulo y otra vez la gente gritando “tírate, tírate” pero yo me dije , este mulo no me tumba y el mulo corriendo, la gente atrás de nosotros y yo tratando de pararlo y así llegamos a Macondo donde se paró porque había una talanquera cerrada.

El mulo que se para y yo que enseguida me bajo, como al minuto el mulo se hecho y de pronto lanzo como un bufido, cuando los que venían atrás llegaron ya el mulo se había muerto. El señor Víctor dijo que se le paro el corazón y lo ahogó la sangre.

La gente de mi casa siempre inventaba paseos los domingos para Macondo, era como un día de campo. Se cocinaba con leña y tenia un sabor diferente, muy sabroso, de acuerdo a la clase de árbol, le da un sabor diferente a la comida. Un domingo de esos acompañé al señor Víctor a cazar cochinos de monte en la montañita, tuvimos suerte  y mató un cochinito que nos comimos asado en el almuerzo. Estábamos en medio de la montaña y me mostró unos arboles grandísimos que sobresalían por encima de los demás y me dijo “si sigues la dirección de  esos arboles pa arriba de aquel lado de la montañita queda Agua Viva”. Yo me quedé con eso en la mente y le pregunté si él había ido por esos lados y me dijo que no.

Un día que estaba la señora Josefa enferma le fui a llevar unas medicinas que mi papá consiguió con el medico de la clínica del terminal. Era temprano y como había ido a pie le dije al señor Víctor me voy antes de que apriete el sol, caminé un poquito y me metí por entre la cerca y agarré rumbo a los arboles grandes que me había señalado el señor Víctor. A medida que  me acercaba a los arboles el monte se ponía mas espeso y tenia que cortar las ramas de espina para poder pasar, y parecía que mientras mas caminaba mas lejos se ponía el cerro. Al fin llegué al pie de los arboles y como media hora después arriba. Ahí se me pasó la impresión de que estaba perdido que me venia rondando la cabeza y respiré tranquilo.

Me detuve un rato a descansar y me di cuenta que el cerro era alto y la montaña tupida, no sentía animales de ninguna clase, ni del monte ni caseros, me dio un poquito de miedo y pensé que a lo mejor habían tigritos o gatos de monte. Cuando al fin llegue a la parte mas alta divisé a lo lejos las casas de Agua Viva, me alegré al verlas  y me mandé pa bajo por ahí derecho, pasé por los manantiales, al agua estaba fría y sabrosa. La casa grande estaba sola y en la cas de los empleados tampoco había gente, entonces empecé a gritar: Hey quien está por aquí, quien vive, nadie me contestaba, seguía gritando  y nada, de pronto oí un grito que venia del monte y salieron unas personas a ver quien era. Estas personas eran unos familiares de Eloísa la mujer del Jefe, que eran los que trabajaban en la hacienda.

Cuando le dije que venia de Macondo por la montaña se asustaron y el señor me regañó y me aseguró que en esa montaña habían tigres y que estaban arreglando una oveja que le había quitado a uno hacia como una hora. Uno de sus hijos se venia para el pueblo y me vine con él, me dieron carne de oveja para la casa y cuando llegamos el muchacho habló con Racha,  ya que mi papá no estaba, y le contó lo de  la travesía por la montañita. Mi papá después de hablar con Racha me agarró y me encerró en un cuarto, diciéndome: “Quédate aquí que después hablamos”.

Papá fue a donde la familia de Eloísa, habló con el muchacho y regresó en la noche, se metió al cuarto y solo me miraba. Al fin me dijo: “tu como que eres loco, ¿por que te fuiste por el monte para Agua Viva? Solo atine a decir, el señor Víctor me dijo que era cerquita. Me dejò salir del cuarto como si no hubiera pasado nada, pero Racha le decía ese muchacho esta loco. Entonces me dieron un castigo que no era castigo; Tenía prohibido ir solo a Macondo, ese castigo duro como tres meses y para mi fue mejor, ya no iba ni los domingos y cogía para la playa, pescaba con el señor Cheche y tomaba sopa de  pescado que hacia la señora Micaela.

Evocación No. 10

Miércoles 13 de Marzo  del 2013 como a las tres de la tarde.

Evocación No. 10

En estos días se conmemoró el día internacional de la mujer. Siempre he pensado que todos los días son el día de la creación, el día del hombre, el día de la mujer, el día de los niños y niñas, el día de la naturaleza, el día de los animales, el día del árbol, el día de todo lo que se mueve y respira y todos los días son el día de la creación de Dios.

Pero hablando específicamente de la mujer les contaré lo que recuerde de una mujer excepcional,  y esa mujer no podía ser otra sino mi abuela. Hay mi abuela, mi siempre recordada y querida abuela, ella fue mi protectora, mi consejera, mi maestra, mi pedacito de panela. Que lastima que solo pude gozar de su compañía en parte de mi niñez y de mi infancia.

Esta abuela era la mamá de mi papá. Mi abuela era una excelente cristiana, no profesaba la religión católica y era algo así como lo que hoy llamaríamos <pentecostal>,  tampoco asistía a ninguna Iglesia en particular. Pero leía todos los días la Biblia y cuando ya no pudo hacerlo, me pedía que le leyera, le gustaban los Salmos y los Proverbios. A Dios lo llamaba Jehová de los Ejércitos y hablaba mucho del Armagedón.

Yo estaba pequeño pero creo que mi abuela hablaba en lenguas, ella se ponía a orar y se quedaba como dormida, pero seguía hablando muy despacio y no le entendí jamás que era lo que decía.

También tenia visiones y siempre estaba diciendo “El Señor me dijo tal o cual cosa”, yo no le prestaba atención a esas cosas hasta que sucedió lo siguiente: Estaba jugando en el patio de su casa con mis primos, los hijos del jefe y mi abuela nos llamó para la sala y cuando nos reunió empezó a contarnos: “Me visitó la mujer de su tío Pedro” , como sabíamos que esa señora no había venido a la casa, yo le dije que no podía ser ya que no la habíamos visto por ninguna parte. Pero ella siguió hablando. “ A las seis de la tarde cuando llegó la hora de la oración, no se porque puse la mecedora junto a la ventana que da para el callejón y empecé a orar, y  casi como dormida, ( ya les dije que mi abuela se quedaba dormida cuando estaba orando) vi una figura como de mujer que se asomaba por la ventana tratando de decirme algo, entonces clame a Jehová de Los Ejércitos y le dije, Señor muéstrame lo que me quieres decir y en ese momento entendí que era la mujer de su tío Pedro que me anunciaba su muerte y me estaba encargando el cuidado de sus hijos”.

Pues mis queridos lectores como a los tres días de esa revelación, recibimos la noticia de la muerte de esa señora. Desde ese día le ponía mas seriedad a lo que mi abuela decía. Mi tío se casó otra vez, ahora con la hermana de la difunta, pero al tiempo le llevó los hijos a mi abuela para que se los cuidara, Judith que no me acuerdo de ella, Carlos y Paul que estudió el bachillerato en mi liceo.

Mi abuela me quería mucho y era mi paño de lágrimas, vivíamos con mi papá y su mujer. Esta señora nos regañaba mucho por cualquier cosa, claro hay que entender que yo era muy travieso y cuando me iban a pegar, corría a esconderme en el patio o me iba a refugiar donde mi abuela, quien para contentarme me daba un pedazo de panela que sacaba de su baúl, y tenia que ir mi papá a rescatarme cuando llegaba del trabajo con el compromiso de que no me iban a castigar.

En esos lapsos de tiempo que pasaba escondido donde mi abuela, ella me enseño a leer, y cuando ya lo pude hacer de corrido me dio el primer libro que tuve en mis manos. Todos los días tenia que leerle por lo menos un capitulo. Este librote era Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra, yo tenía 5 años y en esa época muchas personas eran analfabetas y la gente se admiraba que ya a esa edad pudiera leer bien.

Mi abuela también me prestaba su Biblia y cuando ella  ya no podía leerla por la edad, (murió como a los cien años) me tocaba leérsela. A mi abuela le agradaba como yo leía. A mi me gustaba leer el Antiguo Testamento, los primeros libros donde se cuenta la historia de Israel, sus reyes, los jueces, las guerras, para mi eran como historias que yo entremezclaba con Don Quijote y Sancho, pero con otros nombres y otras épocas, David y Goliat era como Don Quijote peleando contra los molinos de viento, Betsabèt era la Dulcinea de David  y tantos otros personajes que yo entremezclaba y me hacían mas entretenida la lectura de la Biblia.

Mi abuela también leía mucho, tenia unos libros de protestantes y el jefe le decía que la iban a excomulgar si el cura se daba cuenta que ella leía Biblia y  esos libros, me acuerdo bien que el autor era un tal Calvino y se llamaban La Institución de la Religión Cristiana, ella me los daba pero yo no entendía ni papa. El asunto es que ella me convirtió en un adicto a la lectura, desde niño ya leía todo lo que caía en mis manos y hasta los avisos de la carretera. Cuando ya estaba grande  y había salido del bachillerato empecé a formar una pequeña biblioteca, yo diría mas bien que un estante con toda clase de libros, títulos y autores, realmente no era muy selectivo, me iba a las ventas de libros usados y compraba algún libro, lo leía de una sentada y si no me gustaba al otro día iba donde el librero le daba algo mas de dinero y me traía otro libro y así seguía haciendo hasta que alguno me agradaba y lo dejaba en mi estante.

Esta adicción a la lectura me trajo muchos problemas con mi esposa y tuve que dejarla, (la lectura, no a mi esposa) y poco a poco fui saliendo de los libros, los prestaba y no los buscaba, solamente me quedé con unas novelas de Gabriel García Márquez, de Rómulo Gallegos, de Miguel Otero Silvia y uno que otro autor reconocido, pero también estos libros tomaron su camino acompañados de mis hijos y ahora de mis nietos.

Un día cualquiera, que no recuerdo que día fue, pero que no olvidaré jamás, llegaron unos evangélicos al pueblo y se armó un alboroto entre la gente ya que los curas eran los que mandaban por encima de las autoridades civiles, y ellos tenían  prohibidas estas actividades,  inclusive no se podía leer la Biblia.

Eran como unos misioneros, pasaron por la casa de mi abuela y le predicaron, sabiendo mí abuela que iban a tener problemas con el cura, les dio permiso para reunirse en el patio de su casa. Estos evangélicos estaban preparados, tenían un camión con carpas, sillas, mesas, sonido y todo lo necesario para sus actividades, parecía un circo ambulante y yo gozando un mundo viendo toda esta actividad, y  hasta les ayudé a ordenar las sillas en el patio de la casa, ahora creo que era un sábado porque estuve todo el día en la casa y acompañé a unas de estas señoras cuando estaban invitando a la gente con unos papelitos para que fueran al culto.

A todas estas les cuento que mi abuela no gustaba de los curas, ella  les decía bandidos y facinerosos que cuando se mueran  van a parar en la quinta paila del infierno o por lo menos en la paila mocha. No se de donde sacó estos nombres de los diferentes departamentos del infierno.

El asunto fue que cuando el cura se enteró de la presencia de los evangélicos en el pueblo y que el centro de <comando> estaba en la casa de mi abuela se puso furioso y habló con mi papá para que como primera autoridad del municipio sacara a <esos protestantes> del pueblo, algo que era imposible ya que mi papá nunca contradecía ni se metía en los asuntos de mi abuela y que además le pedía consejos cuando tenia que tomar una decisión en algo que era importante o delicado.

El cura ya viendo que no podía hacer nada <por las buenas> se decidió a actuar <por las malas>, comisionó a un grupo de personas que asistían a la iglesia, personalmente no lo iba a hacer le tenía respeto a mi abuela, las hijas de María y los hermanos de San José para que fueran a sabotear el culto <de los protestantes>.

Pero resulta que a mi abuela la respetaba todo el mundo, era la madrina de casi todos los muchachos y muchachas del pueblo y la mayoría de los comisionados para el sabotaje no fueron y a la hora convenida solo habían como seis personas paradas frente a la casa de mi abuela gritando “fuera, fuera protestantes”. Mi abuela que oye la bulla y sin mas ni mas salió para la calle, y yo detrás de ella, les dio un sermón y cuando le dijeron,  “el cura nos mandó”, a mi abuela le iba a dar algo y solo dijo “facineroso me las vas a pagar, me debes una”. Entonces agarró a los gritones y los metió para la casa y los hizo oír todo el culto de los <protestantes>.

El culto terminó cuando todavía era de día, los evangélicos recogieron todas sus cosas, y yo ayudando, y al despedirse vi que mi abuela les dio dinero, ella me dijo después y que era el diezmo para que le pusieran gasolina al camión, a la salida del pueblo había otro grupo dirigido por el cura en persona y le cayeron a piedras al camión. Cuando mi abuela lo supo me dijo, “el curita se metió con Dios le va a ir muy mal, pero a mi me la debe doble”. Esa era mi abuela. Que días tan divertidos.

Un domingo que venia de la playa, (los domingos que estaba en el pueblo o estaba en macondo o estaba el la playa), me metí donde mi abuela a sacarme el agua salada. Ya habían pasado como dos semanas del evento de los protestantes y me senté en el sardinel de la casa de mi abuela, cuando veo al cura que va llegando a la casa de misia Henrrieta, yo que lo veo y en el acto le dije a la abuela, abuela el cura esta en la casa de enfrente. Mi abuela se levantó  como un resorte, se apoyó en mi hombro y atravesamos la calle, se paró frente a la casa de la señora Henrrieta y empezó a decirle al cura de bandido pa bajo y como mi abuela era la mamá de la primera autoridad del pueblo me hizo llamar a la policía acusándolo de revoltoso, pendenciero e instigador a la violencia.

Mi tía María Teresa tuvo que venir de su casa en bata y le dijo al policía que hiciera como que se llevaba al cura preso para que mi abuela se calmara, el pobre cura era blanco pero estaba rojo de la vergüenza y se fue con el policía en su carrito viejo. Mi abuela era tremendista no hacia nada a medias. Un día que mi abuela estaba de buenas y comunicativa, contándome cosas de su infancia, de lo difícil que se le hizo estudiar, le pregunte de sopetón, ¿Abuela por que le tienes rabia los curas? Lo que me respondió para mi es fácil contarlo, pero para ella fue difícil  decirlo.

Resulta que elle era hija o el producto de una relación entre un cura y su mamá. El cura siempre lo negó, así que a mi bisabuela la botaron sus padres de la casa como castigo por  deshonrar a la familia. Eso fue lo que me contó mi abuela ya que a lo mejor no me lo dijo todo en consideración que yo estaba pequeño, pero después averigüe que el cura violó a la mamá de mi abuela. Entonces resulta que ahora yo estoy emparentado con la curia romano así sea a la fuerza.

En las mañanas antes de irme para la escuela, tenia como siete años, le llevaba el desayuno a mi abuela. Ella se sentaba en una mecedora vieja que tenia ubicada debajo de una mata de trinitaria que daba flores de dos colores, rojas y blancas y tenían un olor muy agradable.  Mientras ella se desayunaba, le mostraba las tareas, a veces me las corregía y otras me decía donde estaba algún error. Ya a esa hora andaba por ahí el Jefe gritando y renegando de su suerte y diciendo “la porca de la madona”, mi abuela lo regañaba y le decía “lávate la boca”. Mi abuela murmuraba entre dientes “por eso Dios no le dio alas a las vacas”. Como yo sabia como eran las vacas no me podía imaginar una vaca volando, son unos animales grandes y pesados, una vez se enterró una vaca en el jagüey de Macondo, y  para sacarla tuvimos que jalarla con dos mulos y como cuatro hombres empujando, entonces yo me decía, que va, no pueden volar ni que tengan las alas del tamaño del campo y un motor de avión.

Pero una mañana sucedió lo inesperado,  la confirmación de la teoría de mi abuela, “las vacas no  volaran”, entendí lo que mi abuela me quería decir, y lo aprendí a la fuerza, con mi propias experiencia, en mi propio pellejo. Resulta que un día tempranito llegue con el desayuno de mi abuela, y se lo llevé a su lugar de costumbre, ya tenia puesto mi uniforme y estaba estrenando la camisa blanca, me sentía bien, satisfecho, primera camisa que me ponía nueva, siempre mi uniforme era el que iban dejando mis primos mas grandes. Me despedí de mi abuela, ella siempre me decía “que Dios te acompañe” y cuando fui a recoger mi bulto, sucedió la tragedia.

En la mata de trinitaria anidaban unas palomitas de monte, de las mas chiquitas, y una de ellas, solo una, nada mas que una me cagò la camisa, me ensució la camisa, me embarro mi camisa nueva, y como un pendejo, que no lo era, me puse a llorar y me acuerdo que yo decía: Abuela, abuela y ahora que hago la paloma me dañó la camisa, Mi abuela tranquila me hizo quitar la camisa, le lavó el pedacito que estaba sucio y le dijo a la señora Eloísa, la mujer del Jefe que me secara la camisa con una plancha de esas que calientan con carbón y que siempre había una en el fogón, y cuando ya estaba nuevamente listo para irme me dijo: “ ves porque Dios no le dio alas a las vacas”, me imaginé entonces cagado por una vaca, “por eso Dios no le dará nunca a tu tío lo que él cree que se merece”, me terminó de aclarar.

Cuando iba camino a la escuela me imaginaba al Jefe volando con cuerpo de vaca embarrando a todo el mundo. Y lo entendí mejor, si mi tío se la embarraba sin tener nada como serian las embarradas si tuviera todo. Gracias señor por tenernos en el lugar que nos corresponde y no dejarnos volar para que no nos estrellemos.

Mi abuela era una mujer muy respetada en el pueblo. Mis hermanas y mis primos la sacábamos a pasear a la plaza, pero ella decía vamos por ahí para que se distraigan un poco, cuando realmente era ella la que disfrutaba el paseo, yo por lo menos iba casi obligado, mi abuela hablaba y saludaba a todo el mundo y por cada casa que pasaba la invitaban a sentarse, a veces lo hacia y entonces se demoraba y tenia que ir uno de nosotros a decirle a mi papá para que la viniera a buscar.

Cuando la gente la saludaba le decían: Como está misia Esther, y mi abuela siempre respondía: “Aquí un poco mas vieja que de costumbre”. Para esa época estaban de moda los juguetes de cuerda y mi abuela me decía que estaríamos vivos hasta que Dios nos diera cuerda y no se olvidara que como  juguetes, éramos su creación y que estaríamos vivos hasta que fuéramos útiles. Esta era la filosofía que mi abuela había sacado de leer la Biblia según ella misma me decía.

Uno de los últimos recuerdos que tengo de mi abuela fue un día que se enfermo ya de vieja y misia Henrrieta, la vecina de enfrente, como había un cura nuevo y joven en el pueblo se le ocurrió la gran idea de llevárselo a mi abuela y que para que le diera la extrema- unción  El curita inocente de quien era mi abuela llegó a la casa creyendo que iba a hacer una obra de misericordia, o como dicen  ellos a impartir un sacramento.

Cuando el cura se sentó al lado de la cabecera de la cama de mi abuela y le dijo que le confesara los pecados para que cuando muriera pudiera ir al cielo, ardió Troya. Mi abuela se puso bravísima, casi que se levanta de la cama, lo insultó, le dijo hasta culicagao, “Quien les dio autoridad para perdonar pecados, ya me confesé y le pedí perdón a todas las personas que he ofendido, le pedí perdón a Jehová de los Ejércitos por todas las cosas que no he podido hacer, fuera de mi casa bandido, que cuando te mueras el diablo te mande para la quinta paila del infierno”. El cura salió corriendo para la sala haciéndose cruces y diciendo: Excomulgo a esta señora por impía. El Jefe sacó al cura a empujones de la casa.

Esto sucedió un fin de semana, yo me fui el domingo para donde mi mamá y el lunes para el internado donde estaba estudiando, mi abuela murió esa semana y yo no pude ir al entierro.

Cuando a mi abuela le tocaba decir su nombre, se presentaba de la siguiente forma: Esther Dávila viuda de Vargas doble. Resulta que el primer esposo de mi abuela se llamaba Pedro José Vargas Sarder y cuando este señor murió, se caso con Emigdio Antonio Vargas Molino, este era el papá de mi papá que también se murió. Un familiar de mi papá de apellido Molino era el director del liceo donde yo estudiaba. Este señor me decía “el  pequeño primo”.

La familia de mi papá era numerosa y le de su esposa mucho mas, estos eran de apellido Palacios y eran de otro pueblo, su negocio era la compraventa de reses y el sacrificio de estas, tenían un puesto o negocio en el mercado donde vendían la carne y a Racha, que es como le dicen a la esposa de mi papá, le daban su pedazo de carne siempre y cuando la fueran a buscar.

También recuerdo que mi abuela tenía un baúl en donde guardaba una gran cantidad de cosas, lo que uno estuviera buscando, mi abuela lo sacaba del baúl, incluyendo la infaltable panela con la que me endulzaba mis ratos tristes y me consolaba cuando me escondía en su casa cuando me castigaban. En recuerdo a mi abuela y a su misterioso y apreciado baúl, le puse a un estudio de la Palabra que compartía con otros hermanos de la iglesia el titulo de <curucuteando en el baúl de la abuela” y cuando deje este estudio, entonces cree un blog en internet que le puso como nombre  htt://curucuteandoenelbauldelaabuela.blogspot.com donde publico mis estudios e investigaciones Bíblicas, y para no perder el vinculo con mi familia a mi correo le puse como nombre Churchil15@hotmail.com que era mi sobrenombre, un sobrenombre especial que después les contaré porque fue que me lo pusieron.

Contar todas las vivencias que compartí con mi abuela seria algo de nunca acabar, pero ahí vamos contando y cortando. Mi abuela me decía “cachaco resfriao” esto lo hacia por cariño y a veces para regañarme cuando le tiraba piedras al techo de su casa para que salieran mis primos o mis hermanas que se escondían en su casa para que yo no les pegara. Lo de cachaco me venia por parte de mi mamá que era del interior de la república y lo de resfriao, era porque yo tenía una mocosidad permanente debido a los remojones con agua de mar que me daba regularmente.
Cuando me fui a la ciudad a continuar mis estudios ya casi no veía a mi abuela, pero siempre la recordaba, además que conmigo estudiaba el primo Paul que era un hijo de mi tío Pedro que vivió en la casa de mi abuela y entre los dos nos caíamos a cuentos y nos reíamos de las cosas de mi abuela.

Mi abuela tenia la costumbre de sentarse a la puerta de su casa donde todo el que pasara por la calle podía verla y saludarla, hablar con ella y pedirle consejos, algo así como en la novela Canta Claro de Rómulo Gallegos hacia la mama de Florentino Coronado, pero lo de mi abuela lo viví , no lo leí. Además mi abuela no solo daba consejos, también le daba lo que tuviera a los necesitados, compartía todo, no lo que le sobraba, que no le sobraba nada porque al dar lo que tenia ni para ella le quedaba, y por esta costumbre sus hijos la peleaban, pero ella mientras mas daba mas gozaba. Parece que me salió en verso porque de prosa quedo falla.

Mi papá era el consentido de mi abuela, era el hijo menor (el pechichón), y yo era el nieto mayor de su hijo preferido por lo tanto era doblemente favorito y gozaba de todos los privilegios que mi abuela me podía prodigar. Ella me enseño a leer, a sumar, a restar, a multiplicar ya dividir, a escribir y redactar cartas y lo máximo, a escribir en maquina, cuando tenia como ocho años era todo un as en la maquina de escribir, clero lo hacia a a cuatro dedos, dos de cada mano.

Mi abuela me enseño a ser una persona activa, cuando niño no paraba, la escuela, la playa, el cine, mis amigos, macondo, el futbol, las tereas, los libros y mi abuela, y ahora trato por todos los medios de seguir en actividad para sentirme como niño.

Me sintió mucho su muerte, ella era para mi la que llenaba el vacio fraterno de mi madre ausente. La recuerdo ya como una señora mayor como de ochenta años. Murió cuando yo tenía como quince años y estaba por graduarme de bachiller. Espero verla nuevamente en la fila de las ovejas, no  en la fila  de los cabritos que era la fila que ella deseaba para los curas, porque si le toca hacer esa cola, pobre de mi abuela.

sábado, 9 de marzo de 2013

Evocación No.9



Martes 5 de Marzo a las cinco en punto de la tarde.

Hoy a las 4:25 PM murió el Comandante Presidente de la República Bolivariana de Venezuela Hugo Rafael Chávez Frías, espero que esto no sea motivo para que la paz se pueda perder en este país y  lleguemos a la tragedia que aun vive Colombia después de la muerte de su líder político Jorge Eliecer Gaitán y que nunca tengamos que decir:
El día que se Jodiò Venezuela, como  dice el periodista colombiano Plinio Apuleyo Mendoza en un libro publicado por la editorial Oveja Negra en 1990 que tomó una  frase suya como titulo “El día que se Jodiò Colombia”

Jorge Eliecer Gaitán era muy amigo de mi papá, militaban en el ala izquierda del liberalismo,  fuero tan amigos que llegaron a ser compadres, él es el padrino de mi hermana Lidya. A este señor lo mataron un 9 de Abril de 1948 y para esa fecha yo estaba viviendo con mi mamá en una casa que quedaba al fondo del seminario. La gente empezó a saquear y quemaron el seminario y los curas tuvieron que salir corriendo para evitar que los mataran. Ese mismo día se llevaron preso a mi papá junto con todos los líderes políticos liberales de mi pueblo

Después de esta breve reseña de las cosas que están pasando y de las que ya pasaron retomaré el hilo de mis evocaciones y como les dije en una de ellas que en épocas anteriores el sexo tenía mucho que ver con las ocupaciones de las personas, pero que una de mis tías y mi vecino eran unas excepciones.

Para empezar les cuento que mi papá tenia dos hermanas y dos hermanos. Conocí bien solamente a uno de ellos porque vivía en la casa de mi abuela ubicada en la misma calle de mi casa. Mi calle era una calle especial, tenía vida propia y yo estaba integrado a la vida de mi calle, conocía todo el pueblo pero mi calle no tenia comparación con ninguna, era la mejor calle del pueblo.

Mi calle quedaba a una cuadra de la plaza mayor del pueblo y a dos cuadras de la playa. En la plaza estaba la alcaldía, el mercado, el cine, una escuela, un hotel, la farmacia, una sala de billar, el hospitalito, parada de los autobuses, el puesto de comida de la señora Aquilina y otro poquito mas allá los balnearios a la orilla de la playa y otro poco  de cosas mas.

En las cuatro esquinas de mi calle había: Un negocio de víveres y un restaurant, en la otra esquina un billar que con el tiempo heredó la esposa de mi hermano Iván, de apellido Gallardo igual que mi mujer. En la otra esquina vivía misia Henrrieta y el señor Belisario, quienes tenían una quincalla pero vendían de todo, con una nieta que a mi me gustaba pero era mas grande que yo. La diversión del señor Belisario era tirarle piedras a los perros con una honda y que para que no se le mearon el frente, al lado quedaba la oficina de correos y telégrafos, frente a la casa de mi papá vivía Sebero hermano de la mujer de mi papà`que se murió por borrachín, al lado había un cine viejo donde presentaban obras de teatro (Yo actué allí) y bailes con orquestas, después venían otras tres casas que no me acuerdo quienes las vivían.

Empezando la cuadra, ahora en la cera de mi casa, estaba la panadería de la señora Colombia, de origen árabe, seguía la casa de mi abuela que era donde vivía mi tío Eugenio Vargas, a quien todos le decíamos el Jefe. Era un tío borracho y simpático que trabajaba en el puerto y había aprendido no se de donde una frase que decía siempre que le salía algo mal: “La porca de la madona” y si era algo que hacia bien entonces decía: “Alcachofas atmosféricas”.

El Jefe tenia muchos hijos, y tomando las palabras de mi papá yo no se como hacia porque nunca estaba en su casa y de estarlo era borracho. Siempre  metido en peleas y se caía a golpes con cualquiera de ahí su remoquete, inclusive me acuerdo bien que el día que fueron los padres del novio de una de mis hermanas a pedir la mano o a formalizar el compromiso con mi papá, se cayo a golpes con el papá del novio  que también era otro borracho, los metieron presos y como mi papá era el alcalde le dio la orden al comisario que los soltara cuando les pasara la borrachera. Esos eran unos días muy divertidos.

El Jefe era un tipo especial, cuando no estaba trabajando estaba bebiendo caña y cuando no tenia dinero se iba para Macondo a cortar leña y venderla, yo lo acompañaba de vez en cuando, cortaba mi carga de leña para tener mi dinerito. Este tío era un bromista de primera, se metía con todo el mundo y como decían sus compinches, “el jefe le saca punta a una bola de billar”. Yo creo que a mi tío no le habían hecho un daño por consideración con mi papa. Después venia la casa del vecino que les conté. Este señor creo que era contabilista, y en su casa hacia los oficios del hogar. Era un tipo raro, caminaba raro, miraba raro y hablaba muy raro, como yo era pequeño no comprendía nada pero después entendí la razón.

Yo siempre le tuve idea a ese señor, además no me decía churchil como todos sino chorchal y un día se lo dije a mi papá y enseguida fue a reclamarle y oí que le dijo: “sea lo que sea en mi casa lo respetamos, así que le exijo que respete a los de mi casa”, desde ese momento no se metió mas conmigo,

Después estaba mi casa, de la cual por lo menos conocen el patio. El gobierno le había dado a mi papá una licencia para vender víveres de bajo precio que el mismo gobierno subsidiaba, y por este motivo en mi casa siempre había un bullicio con todo que estos productos se vendían en un local o tienda que mi papá había habilitado al lado de la casa Con el tiempo el gobierno fue quitando estos negocios y desaparecieron y papá también cerro su tienda, ya que el lo hacia por colaboración.

Al lado estaba la clínica de los trabajadores del puerto, era como un pequeño ambulatorio. Tanto el hijo del telegrafista como los hijos de la señora que limpiaba la clínica estudiaban en mi escuela, pero no eran de mi círculo de andariegos. Igual que en la acera de enfrente seguían como tres casas mas y en la esquina vivía un fotógrafo joven de apellido Reyes que invento un sistema para darle color a las fotos que eran todas en blanco y negro, ese muchacho era un genio el mismo creo todos los aparatos que tenia en su estudio fotográfico.

El hecho de no acordarme de quienes eran los que vivían para esa parte de mi calle, era por el hecho de que yo “vivía para el otro lado”, con todo que ese era la vía para ir a la escuela, a donde la señora Aquilina, el campo donde jugábamos futbol y beisbol y también para ir al cementerio por donde pasaba sin miedo a la hora que fuera ya que mi abuela me decía que “los muertos ya no te pueden hacer nada, cuídate de los vivos”.

Después de el jefe seguía mi tío Pedro, un señor muy serio que era farmaceuta o boticario vivía con su segunda esposa en otra ciudad y con mi abuela dos hijos de su primer matrimonio llamados Carlos y Paul. Estos eran los dos hermanos de mi papá, también tenia dos hermanas.

Mi tía Haydé que tenía dos hijos, Pedro José y Estrella. A esta señora poco la trate ya que vivía en la ciudad o en el exterior y por ultimo mi tía María Teresa Vargas. Esta era una mujer fuerte o pesada en la `política, cuando mataros a Gaitán y se llevaron preso a mi papa fue la que tuvo que mover todas sus influencias políticas para sacarlo de la cárcel.

Ella era la directora de la oficina de la recaudación de impuestos o de la renta. Tenia su despacho en la alcaldía y me gustaba visitarla, mi abuela le mandaba una merienda como a las nueve y media de la mañana y cuando yo estaba por ahí me ofrecía para llevársela y mientras esperaba los envases la observaba con admiración, yendo y viniendo, hablando con uno y con otro, mandando a las  personas de la oficina, mi tía María Teresa era todo un personaje.

Como a mi tía la rotaban mucho o creo que ella era la que hacia las auditorias a las diferentes oficinas de impuestos, se enfermo gravemente en uno de esos viajes, y que se contagio de tuberculosis y murió. Tuvo una sola hija llamada Hilda Buitrago que era profesora, muy mala con los alumnos.