sábado, 9 de marzo de 2013

Evocación No. 7




Viernes 01 de Marzo como a las tres de la tarde.

Hay recuerdos que para pescarlos necesitamos de una carnada estimulante que pueda sacarlos de lo más recóndito de nuestra mente y como un pez fuera del agua sale saltando, nuestros recuerdos saltaran enganchados por la carnada de una circunstancia que estemos viviendo en la actualidad.

Puedes tener buena memoria, pero lo importante es tener buenos recuerdos y estos siempre estarán ahí a tu alcance para ser rememorados en los momento más oportunos y convenientes.

Hace poco tiempo atrás tenia, digo tenia porque ya murió, un compadre que era propietario de una pequeña lancha de motor al que acompañaba, siempre que podía, a pescar al lago y uno de los sitios preferidos para hacerlo eran las pilas del puente. Estaba prohibido pescar en ese sitio pero nosotros nos arrimábamos a las pilas hasta que la guardia nos hacia abandonar el lugar.

Era agradable e intimidante estar ahí, por arriba se oía el estrepito de los carros al pasar sobre el puente y abajo al pasar los barcos petroleros  levantaban un gran oleaje y parecía que se nos volteaba la lancha. Esto no nos amedrantaba ya que el sitio era bueno para pescar y valía la pene correr el riesgo.

Les conté anteriormente que deje de ir a la playa por circunstancias que no quiero repetir, el caso fue que yo solito me busque otra ocupación. Conocía a una comadre de mi mamá, que vivía cerca de la playa, que se llamaba Micaela y su esposo era pescador y tenía una lanchita de remos. El nombre del señor no lo recuerdo porque todos lo llamábamos “chechê”: Ese señor para echarme broma hablaba como tarzàn y me decía: “tu chuchi yo cheche”.

Bueno este señor salía todos los días a pescar en su lanchita de remos, en la mañana salía como a las 5 y en la tarde como a las 3, no se alejaba mucho y uno podía verlo allá lejos desde la orilla. Cuando le agarre confianza al señor chechè, le pedí que me llevara a pescar. De principio nunca quiso y su escusa era la de que yo era muy pequeño y me podía ahogar. Cuando de vez en cuando que iba por las tardes a la playa y lo veía salir a pescar yo no se que me daba, pero quería montarme en la lancha, y así pasaron muchos días.

Pero el día llegó, el señor chechè salió con su lancha y yo mas atrás nadando, el remaba y yo nadaba, y  no se daba cuenta que lo estaba siguiendo, de pronto deja de remar y pensé , ya me vio, pero nada solo estaba echando el ancla al mar y en ese momento fue que me vio nadando hacia la lancha, me agarre de ella y el señor chechè me dio la mano y me subió a la lancha y en el acto empezó a regañarme fuerte y con groserías de grueso calibre, estaba mas asustado que yo, el caso fue que desde ese día, me convertí en el compañero de pesca del señor chechè, yo apenas tenia como nueve años, y mantuvimos esta relación en secreto, porque si lo sabia Micaela, seguro que le prohibía a su marido que me llevara a pescar y se lo decía a mi papa y hasta ahí llegaba mi oficio de pescador.

El señor chechè fue un buen maestro en eso de pescar. Él tenia muchos anzuelos y sedales y me enseñaba como se  ponía la carnada, cual era el anzuelo apropiada para cada pez, a que profundidad picaban los mas grandes y la especialidad era la carnada, ya que todos los peces no son iguales al momento de comer, hay unos que pican con la carnada en movimiento y otros con la carnada quieta, también me enseño cual carnada era la apropiada para las diferentes clases de peces, pero la mejor carnada era la sardina ya que a todos les gustaba.

Todos los peces que sacábamos el señor chechè la llevaba a su casa donde la señora Micaela los limpiaba tomaba unos para ellos y el resto lo vendía a buen precio, y de eso actividad vivían

Me hice asiduo visitante de esa casa, quedaba muy cerca de la playa y allí guardaba mi ropa y mis libros cuando me fugaba de la escuela. La señora Micaela se hacia la ciega y la sorda porque ahora caigo en cuenta que ella debía saber que yo acompañaba a su marido a pescar, al oír las conversaciones de pescadores que teníamos y las bromas que siempre me echaba el señor chechè para recordarme cuando había dejado ir algún pez, o me había pinchado con un anzuelo sacándoselos de la boca.

En esa casa me daba unas comilonas de pescao frito con yuca, y una sopa especial que la señora Micaela preparaba que ella llamaba “viuda”, que era sencillamente como un cocìo de pescao que solamente tenia yuca, papa y plátano verde y unas verduritas y si el pescao estaba frito sabia mucho mejor. Esta sopa la hago en mi casa cada vez que tengo la ocasión.

Para esos días que les cuento ya tenia como ocho a nueve años y se estaba desarrollando mi inclinación por la observación y mi característica personal de “solitario”, (ojo no introvertido, soy un solitario acompañado) debido a que cuando estaba en medio mar pescando, el señor chechè exigía silencio absoluto porque y que el ruido espantaba a los peces. Entraba entonces en “un trance de meditación” y en uno de esos momentos estelares de quietud y silencio decidí no salir mas a pescar, ya que  estaba  mal en los estudios y si perdía el año seguro que mi papá me mataba o me guindaba en una mata de limón.

Seguí pescando pero ahora lo hacia de vez en cuando, agarraba mis anzuelos y mis sedales, pasaba por donde la señora Micaela y le pedía sardinas al señor chechè y él no perdía la ocasión para decir: “tu chuchi yo cheche”. Me iba a la punta del muelle donde ya había varias personas pescando. Entonces llegaba con una cara seria de experto pescador, lentamente sacaba mis aperos de pesca, ponía “sabia y meticulosamente la carnada en el anzuelo”, media tres a cuatro brazadas de cordel y le colocaba un flotador para que el anzuelo no se fuera al fondo y la marea moviera la carnada. No pasaba casi tiempo cuando ya estaba sacando el primer pez, si era pequeño sigua pescando y si era grande, recogía mis aperos bajo la mirada asombrada de los demás personas que tenían horas allí y no sacaban nada y me iba muy ufano para mi casa. En ese momento de “gloria” le daba gracias al señor chechè por haberme enseñado tantas cosas en el arte de la pesca o como el decía “mis arti-mañas”.

Hoy igual que ayer veo malos pescadores, usando anzuelos y carnadas equivocadas, tratando de pescar personas para sacarlas de su lugar. Perderán el tiempo, lanzando el anzuelo una y otra vez, porque se que los peces mas experimentados no picaran, y al final del día tendrán tres o cuatro pececitos, que se comen cualquier carnada, saltando en el fondo de la lancha y volverán a su casa con las manos vacías. Que Dios los perdone.

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