Viernes 01 de Marzo como a las tres de la tarde.
Hay recuerdos
que para pescarlos necesitamos de una carnada estimulante que pueda sacarlos de
lo más recóndito de nuestra mente y como un pez fuera del agua sale saltando,
nuestros recuerdos saltaran enganchados por la carnada de una circunstancia que
estemos viviendo en la actualidad.
Puedes tener
buena memoria, pero lo importante es tener buenos recuerdos y estos siempre
estarán ahí a tu alcance para ser rememorados en los momento más oportunos y convenientes.
Hace poco tiempo
atrás tenia, digo tenia porque ya murió, un compadre que era propietario de una
pequeña lancha de motor al que acompañaba, siempre que podía, a pescar al lago
y uno de los sitios preferidos para hacerlo eran las pilas del puente. Estaba
prohibido pescar en ese sitio pero nosotros nos arrimábamos a las pilas hasta
que la guardia nos hacia abandonar el lugar.
Era agradable e
intimidante estar ahí, por arriba se oía el estrepito de los carros al pasar
sobre el puente y abajo al pasar los barcos petroleros levantaban un gran oleaje y parecía que se nos
volteaba la lancha. Esto no nos amedrantaba ya que el sitio era bueno para
pescar y valía la pene correr el riesgo.
Les conté
anteriormente que deje de ir a la playa por circunstancias que no quiero
repetir, el caso fue que yo solito me busque otra ocupación. Conocía a una
comadre de mi mamá, que vivía cerca de la playa, que se llamaba Micaela y su
esposo era pescador y tenía una lanchita de remos. El nombre del señor no lo
recuerdo porque todos lo llamábamos “chechê”: Ese señor para echarme broma
hablaba como tarzàn y me decía: “tu chuchi yo cheche”.
Bueno este señor
salía todos los días a pescar en su lanchita de remos, en la mañana salía como
a las 5 y en la tarde como a las 3, no se alejaba mucho y uno podía verlo allá
lejos desde la orilla. Cuando le agarre confianza al señor chechè, le pedí que
me llevara a pescar. De principio nunca quiso y su escusa era la de que yo era
muy pequeño y me podía ahogar. Cuando de vez en cuando que iba por las tardes a
la playa y lo veía salir a pescar yo no se que me daba, pero quería montarme en
la lancha, y así pasaron muchos días.
Pero el día
llegó, el señor chechè salió con su lancha y yo mas atrás nadando, el remaba y
yo nadaba, y no se daba cuenta que lo
estaba siguiendo, de pronto deja de remar y pensé , ya me vio, pero nada solo
estaba echando el ancla al mar y en ese momento fue que me vio nadando hacia la
lancha, me agarre de ella y el señor chechè me dio la mano y me subió a la
lancha y en el acto empezó a regañarme fuerte y con groserías de grueso
calibre, estaba mas asustado que yo, el caso fue que desde ese día, me convertí
en el compañero de pesca del señor chechè, yo apenas tenia como nueve años, y
mantuvimos esta relación en secreto, porque si lo sabia Micaela, seguro que le
prohibía a su marido que me llevara a pescar y se lo decía a mi papa y hasta
ahí llegaba mi oficio de pescador.
El señor chechè
fue un buen maestro en eso de pescar. Él tenia muchos anzuelos y sedales y me
enseñaba como se ponía la carnada, cual
era el anzuelo apropiada para cada pez, a que profundidad picaban los mas
grandes y la especialidad era la carnada, ya que todos los peces no son iguales
al momento de comer, hay unos que pican con la carnada en movimiento y otros
con la carnada quieta, también me enseño cual carnada era la apropiada para las
diferentes clases de peces, pero la mejor carnada era la sardina ya que a todos
les gustaba.
Todos los peces
que sacábamos el señor chechè la llevaba a su casa donde la señora Micaela los
limpiaba tomaba unos para ellos y el resto lo vendía a buen precio, y de eso
actividad vivían
Me hice asiduo
visitante de esa casa, quedaba muy cerca de la playa y allí guardaba mi ropa y
mis libros cuando me fugaba de la escuela. La señora Micaela se hacia la ciega
y la sorda porque ahora caigo en cuenta que ella debía saber que yo acompañaba
a su marido a pescar, al oír las conversaciones de pescadores que teníamos y
las bromas que siempre me echaba el señor chechè para recordarme cuando había
dejado ir algún pez, o me había pinchado con un anzuelo sacándoselos de la
boca.
En esa casa me
daba unas comilonas de pescao frito con yuca, y una sopa especial que la señora
Micaela preparaba que ella llamaba “viuda”, que era sencillamente como un cocìo
de pescao que solamente tenia yuca, papa y plátano verde y unas verduritas y si
el pescao estaba frito sabia mucho mejor. Esta sopa la hago en mi casa cada vez
que tengo la ocasión.
Para esos días
que les cuento ya tenia como ocho a nueve años y se estaba desarrollando mi inclinación
por la observación y mi característica personal de “solitario”, (ojo no
introvertido, soy un solitario acompañado) debido a que cuando estaba en medio
mar pescando, el señor chechè exigía silencio absoluto porque y que el ruido
espantaba a los peces. Entraba entonces en “un trance de meditación” y en uno
de esos momentos estelares de quietud y silencio decidí no salir mas a pescar,
ya que estaba mal en los estudios y si perdía el año seguro
que mi papá me mataba o me guindaba en una mata de limón.
Seguí pescando
pero ahora lo hacia de vez en cuando, agarraba mis anzuelos y mis sedales,
pasaba por donde la señora Micaela y le pedía sardinas al señor chechè y él no
perdía la ocasión para decir: “tu chuchi yo cheche”. Me iba a la punta del
muelle donde ya había varias personas pescando. Entonces llegaba con una cara
seria de experto pescador, lentamente sacaba mis aperos de pesca, ponía “sabia
y meticulosamente la carnada en el anzuelo”, media tres a cuatro brazadas de
cordel y le colocaba un flotador para que el anzuelo no se fuera al fondo y la
marea moviera la carnada. No pasaba casi tiempo cuando ya estaba sacando el
primer pez, si era pequeño sigua pescando y si era grande, recogía mis aperos
bajo la mirada asombrada de los demás personas que tenían horas allí y no
sacaban nada y me iba muy ufano para mi casa. En ese momento de “gloria” le
daba gracias al señor chechè por haberme enseñado tantas cosas en el arte de la
pesca o como el decía “mis arti-mañas”.
Hoy igual que
ayer veo malos pescadores, usando anzuelos y carnadas equivocadas, tratando de
pescar personas para sacarlas de su lugar. Perderán el tiempo, lanzando el
anzuelo una y otra vez, porque se que los peces mas experimentados no picaran,
y al final del día tendrán tres o cuatro pececitos, que se comen cualquier
carnada, saltando en el fondo de la lancha y volverán a su casa con las manos
vacías. Que Dios los perdone.
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