Miércoles 13 de Marzo del 2013 como a las tres de la tarde.
Evocación No. 10
En estos días se
conmemoró el día internacional de la mujer. Siempre he pensado que todos los
días son el día de la creación, el día del hombre, el día de la mujer, el día
de los niños y niñas, el día de la naturaleza, el día de los animales, el día
del árbol, el día de todo lo que se mueve y respira y todos los días son el día
de la creación de Dios.
Pero hablando
específicamente de la mujer les contaré lo que recuerde de una mujer
excepcional, y esa mujer no podía ser
otra sino mi abuela. Hay mi abuela, mi siempre recordada y querida abuela, ella
fue mi protectora, mi consejera, mi maestra, mi pedacito de panela. Que lastima
que solo pude gozar de su compañía en parte de mi niñez y de mi infancia.
Esta abuela era
la mamá de mi papá. Mi abuela era una excelente cristiana, no profesaba la
religión católica y era algo así como lo que hoy llamaríamos
<pentecostal>, tampoco asistía a
ninguna Iglesia en particular. Pero leía todos los días la Biblia y cuando ya
no pudo hacerlo, me pedía que le leyera, le gustaban los Salmos y los
Proverbios. A Dios lo llamaba Jehová de los Ejércitos y hablaba mucho del
Armagedón.
Yo estaba
pequeño pero creo que mi abuela hablaba en lenguas, ella se ponía a orar y se
quedaba como dormida, pero seguía hablando muy despacio y no le entendí jamás
que era lo que decía.
También tenia
visiones y siempre estaba diciendo “El Señor me dijo tal o cual cosa”, yo no le
prestaba atención a esas cosas hasta que sucedió lo siguiente: Estaba jugando
en el patio de su casa con mis primos, los hijos del jefe y mi abuela nos llamó
para la sala y cuando nos reunió empezó a contarnos: “Me visitó la mujer de su tío
Pedro” , como sabíamos que esa señora no había venido a la casa, yo le dije que
no podía ser ya que no la habíamos visto por ninguna parte. Pero ella siguió
hablando. “ A las seis de la tarde cuando llegó la hora de la oración, no se
porque puse la mecedora junto a la ventana que da para el callejón y empecé a
orar, y casi como dormida, ( ya les dije
que mi abuela se quedaba dormida cuando estaba orando) vi una figura como de
mujer que se asomaba por la ventana tratando de decirme algo, entonces clame a
Jehová de Los Ejércitos y le dije, Señor muéstrame lo que me quieres decir y en
ese momento entendí que era la mujer de su tío Pedro que me anunciaba su muerte
y me estaba encargando el cuidado de sus hijos”.
Pues mis
queridos lectores como a los tres días de esa revelación, recibimos la noticia
de la muerte de esa señora. Desde ese día le ponía mas seriedad a lo que mi
abuela decía. Mi tío se casó otra vez, ahora con la hermana de la difunta, pero
al tiempo le llevó los hijos a mi abuela para que se los cuidara, Judith que no
me acuerdo de ella, Carlos y Paul que estudió el bachillerato en mi liceo.
Mi abuela me
quería mucho y era mi paño de lágrimas, vivíamos con mi papá y su mujer. Esta
señora nos regañaba mucho por cualquier cosa, claro hay que entender que yo era
muy travieso y cuando me iban a pegar, corría a esconderme en el patio o me iba
a refugiar donde mi abuela, quien para contentarme me daba un pedazo de panela
que sacaba de su baúl, y tenia que ir mi papá a rescatarme cuando llegaba del
trabajo con el compromiso de que no me iban a castigar.
En esos lapsos
de tiempo que pasaba escondido donde mi abuela, ella me enseño a leer, y cuando
ya lo pude hacer de corrido me dio el primer libro que tuve en mis manos. Todos
los días tenia que leerle por lo menos un capitulo. Este librote era Don
Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra, yo tenía 5 años y en esa
época muchas personas eran analfabetas y la gente se admiraba que ya a esa edad
pudiera leer bien.
Mi abuela
también me prestaba su Biblia y cuando ella
ya no podía leerla por la edad, (murió como a los cien años) me tocaba
leérsela. A mi abuela le agradaba como yo leía. A mi me gustaba leer el Antiguo
Testamento, los primeros libros donde se cuenta la historia de Israel, sus reyes,
los jueces, las guerras, para mi eran como historias que yo entremezclaba con
Don Quijote y Sancho, pero con otros nombres y otras épocas, David y Goliat era
como Don Quijote peleando contra los molinos de viento, Betsabèt era la
Dulcinea de David y tantos otros
personajes que yo entremezclaba y me hacían mas entretenida la lectura de la
Biblia.
Mi abuela
también leía mucho, tenia unos libros de protestantes y el jefe le decía que la
iban a excomulgar si el cura se daba cuenta que ella leía Biblia y esos libros, me acuerdo bien que el autor era
un tal Calvino y se llamaban La Institución de la Religión Cristiana, ella me
los daba pero yo no entendía ni papa. El asunto es que ella me convirtió en un
adicto a la lectura, desde niño ya leía todo lo que caía en mis manos y hasta
los avisos de la carretera. Cuando ya estaba grande y había salido del bachillerato empecé a
formar una pequeña biblioteca, yo diría mas bien que un estante con toda clase
de libros, títulos y autores, realmente no era muy selectivo, me iba a las
ventas de libros usados y compraba algún libro, lo leía de una sentada y si no me
gustaba al otro día iba donde el librero le daba algo mas de dinero y me traía
otro libro y así seguía haciendo hasta que alguno me agradaba y lo dejaba en mi
estante.
Esta adicción a
la lectura me trajo muchos problemas con mi esposa y tuve que dejarla, (la
lectura, no a mi esposa) y poco a poco fui saliendo de los libros, los prestaba
y no los buscaba, solamente me quedé con unas novelas de Gabriel García
Márquez, de Rómulo Gallegos, de Miguel Otero Silvia y uno que otro autor
reconocido, pero también estos libros tomaron su camino acompañados de mis
hijos y ahora de mis nietos.
Un día
cualquiera, que no recuerdo que día fue, pero que no olvidaré jamás, llegaron
unos evangélicos al pueblo y se armó un alboroto entre la gente ya que los
curas eran los que mandaban por encima de las autoridades civiles, y ellos
tenían prohibidas estas actividades, inclusive no se podía leer la Biblia.
Eran como unos
misioneros, pasaron por la casa de mi abuela y le predicaron, sabiendo mí
abuela que iban a tener problemas con el cura, les dio permiso para reunirse en
el patio de su casa. Estos evangélicos estaban preparados, tenían un camión con
carpas, sillas, mesas, sonido y todo lo necesario para sus actividades, parecía
un circo ambulante y yo gozando un mundo viendo toda esta actividad, y hasta les ayudé a ordenar las sillas en el
patio de la casa, ahora creo que era un sábado porque estuve todo el día en la
casa y acompañé a unas de estas señoras cuando estaban invitando a la gente con
unos papelitos para que fueran al culto.
A todas estas
les cuento que mi abuela no gustaba de los curas, ella les decía bandidos y facinerosos que cuando
se mueran van a parar en la quinta paila
del infierno o por lo menos en la paila mocha. No se de donde sacó estos
nombres de los diferentes departamentos del infierno.
El asunto fue
que cuando el cura se enteró de la presencia de los evangélicos en el pueblo y
que el centro de <comando> estaba en la casa de mi abuela se puso furioso
y habló con mi papá para que como primera autoridad del municipio sacara a
<esos protestantes> del pueblo, algo que era imposible ya que mi papá
nunca contradecía ni se metía en los asuntos de mi abuela y que además le pedía
consejos cuando tenia que tomar una decisión en algo que era importante o
delicado.
El cura ya
viendo que no podía hacer nada <por las buenas> se decidió a actuar
<por las malas>, comisionó a un grupo de personas que asistían a la
iglesia, personalmente no lo iba a hacer le tenía respeto a mi abuela, las
hijas de María y los hermanos de San José para que fueran a sabotear el culto
<de los protestantes>.
Pero resulta que
a mi abuela la respetaba todo el mundo, era la madrina de casi todos los
muchachos y muchachas del pueblo y la mayoría de los comisionados para el
sabotaje no fueron y a la hora convenida solo habían como seis personas paradas
frente a la casa de mi abuela gritando “fuera, fuera protestantes”. Mi abuela
que oye la bulla y sin mas ni mas salió para la calle, y yo detrás de ella, les
dio un sermón y cuando le dijeron, “el
cura nos mandó”, a mi abuela le iba a dar algo y solo dijo “facineroso me las
vas a pagar, me debes una”. Entonces agarró a los gritones y los metió para la
casa y los hizo oír todo el culto de los <protestantes>.
El culto terminó
cuando todavía era de día, los evangélicos recogieron todas sus cosas, y yo
ayudando, y al despedirse vi que mi abuela les dio dinero, ella me dijo después
y que era el diezmo para que le pusieran gasolina al camión, a la salida del
pueblo había otro grupo dirigido por el cura en persona y le cayeron a piedras
al camión. Cuando mi abuela lo supo me dijo, “el curita se metió con Dios le va
a ir muy mal, pero a mi me la debe doble”. Esa era mi abuela. Que días tan
divertidos.
Un domingo que
venia de la playa, (los domingos que estaba en el pueblo o estaba en macondo o
estaba el la playa), me metí donde mi abuela a sacarme el agua salada. Ya
habían pasado como dos semanas del evento de los protestantes y me senté en el
sardinel de la casa de mi abuela, cuando veo al cura que va llegando a la casa
de misia Henrrieta, yo que lo veo y en el acto le dije a la abuela, abuela el
cura esta en la casa de enfrente. Mi abuela se levantó como un resorte, se apoyó en mi hombro y atravesamos
la calle, se paró frente a la casa de la señora Henrrieta y empezó a decirle al
cura de bandido pa bajo y como mi abuela era la mamá de la primera autoridad
del pueblo me hizo llamar a la policía acusándolo de revoltoso, pendenciero e
instigador a la violencia.
Mi tía María
Teresa tuvo que venir de su casa en bata y le dijo al policía que hiciera como
que se llevaba al cura preso para que mi abuela se calmara, el pobre cura era
blanco pero estaba rojo de la vergüenza y se fue con el policía en su carrito
viejo. Mi abuela era tremendista no hacia nada a medias. Un día que mi abuela
estaba de buenas y comunicativa, contándome cosas de su infancia, de lo difícil
que se le hizo estudiar, le pregunte de sopetón, ¿Abuela por que le tienes
rabia los curas? Lo que me respondió para mi es fácil contarlo, pero para ella
fue difícil decirlo.
Resulta que elle
era hija o el producto de una relación entre un cura y su mamá. El cura siempre
lo negó, así que a mi bisabuela la botaron sus padres de la casa como castigo
por deshonrar a la familia. Eso fue lo
que me contó mi abuela ya que a lo mejor no me lo dijo todo en consideración
que yo estaba pequeño, pero después averigüe que el cura violó a la mamá de mi
abuela. Entonces resulta que ahora yo estoy emparentado con la curia romano así
sea a la fuerza.
En las mañanas
antes de irme para la escuela, tenia como siete años, le llevaba el desayuno a
mi abuela. Ella se sentaba en una mecedora vieja que tenia ubicada debajo de
una mata de trinitaria que daba flores de dos colores, rojas y blancas y tenían
un olor muy agradable. Mientras ella se
desayunaba, le mostraba las tareas, a veces me las corregía y otras me decía
donde estaba algún error. Ya a esa hora andaba por ahí el Jefe gritando y
renegando de su suerte y diciendo “la porca de la madona”, mi abuela lo
regañaba y le decía “lávate la boca”. Mi abuela murmuraba entre dientes “por
eso Dios no le dio alas a las vacas”. Como yo sabia como eran las vacas no me
podía imaginar una vaca volando, son unos animales grandes y pesados, una vez
se enterró una vaca en el jagüey de Macondo, y
para sacarla tuvimos que jalarla con dos mulos y como cuatro hombres
empujando, entonces yo me decía, que va, no pueden volar ni que tengan las alas
del tamaño del campo y un motor de avión.
Pero una mañana
sucedió lo inesperado, la confirmación
de la teoría de mi abuela, “las vacas no
volaran”, entendí lo que mi abuela me quería decir, y lo aprendí a la
fuerza, con mi propias experiencia, en mi propio pellejo. Resulta que un día
tempranito llegue con el desayuno de mi abuela, y se lo llevé a su lugar de
costumbre, ya tenia puesto mi uniforme y estaba estrenando la camisa blanca, me
sentía bien, satisfecho, primera camisa que me ponía nueva, siempre mi uniforme
era el que iban dejando mis primos mas grandes. Me despedí de mi abuela, ella
siempre me decía “que Dios te acompañe” y cuando fui a recoger mi bulto,
sucedió la tragedia.
En la mata de
trinitaria anidaban unas palomitas de monte, de las mas chiquitas, y una de
ellas, solo una, nada mas que una me cagò la camisa, me ensució la camisa, me
embarro mi camisa nueva, y como un pendejo, que no lo era, me puse a llorar y
me acuerdo que yo decía: Abuela, abuela y ahora que hago la paloma me dañó la
camisa, Mi abuela tranquila me hizo quitar la camisa, le lavó el pedacito que
estaba sucio y le dijo a la señora Eloísa, la mujer del Jefe que me secara la
camisa con una plancha de esas que calientan con carbón y que siempre había una
en el fogón, y cuando ya estaba nuevamente listo para irme me dijo: “ ves
porque Dios no le dio alas a las vacas”, me imaginé entonces cagado por una
vaca, “por eso Dios no le dará nunca a tu tío lo que él cree que se merece”, me
terminó de aclarar.
Cuando iba
camino a la escuela me imaginaba al Jefe volando con cuerpo de vaca embarrando
a todo el mundo. Y lo entendí mejor, si mi tío se la embarraba sin tener nada
como serian las embarradas si tuviera todo. Gracias señor por tenernos en el
lugar que nos corresponde y no dejarnos volar para que no nos estrellemos.
Mi abuela era
una mujer muy respetada en el pueblo. Mis hermanas y mis primos la sacábamos a
pasear a la plaza, pero ella decía vamos por ahí para que se distraigan un
poco, cuando realmente era ella la que disfrutaba el paseo, yo por lo menos iba
casi obligado, mi abuela hablaba y saludaba a todo el mundo y por cada casa que
pasaba la invitaban a sentarse, a veces lo hacia y entonces se demoraba y tenia
que ir uno de nosotros a decirle a mi papá para que la viniera a buscar.
Cuando la gente
la saludaba le decían: Como está misia Esther, y mi abuela siempre respondía:
“Aquí un poco mas vieja que de costumbre”. Para esa época estaban de moda los
juguetes de cuerda y mi abuela me decía que estaríamos vivos hasta que Dios nos
diera cuerda y no se olvidara que como
juguetes, éramos su creación y que estaríamos vivos hasta que fuéramos
útiles. Esta era la filosofía que mi abuela había sacado de leer la Biblia
según ella misma me decía.
Uno de los
últimos recuerdos que tengo de mi abuela fue un día que se enfermo ya de vieja
y misia Henrrieta, la vecina de enfrente, como había un cura nuevo y joven en
el pueblo se le ocurrió la gran idea de llevárselo a mi abuela y que para que
le diera la extrema- unción El curita
inocente de quien era mi abuela llegó a la casa creyendo que iba a hacer una
obra de misericordia, o como dicen ellos
a impartir un sacramento.
Cuando el cura
se sentó al lado de la cabecera de la cama de mi abuela y le dijo que le
confesara los pecados para que cuando muriera pudiera ir al cielo, ardió Troya.
Mi abuela se puso bravísima, casi que se levanta de la cama, lo insultó, le
dijo hasta culicagao, “Quien les dio autoridad para perdonar pecados, ya me
confesé y le pedí perdón a todas las personas que he ofendido, le pedí perdón a
Jehová de los Ejércitos por todas las cosas que no he podido hacer, fuera de mi
casa bandido, que cuando te mueras el diablo te mande para la quinta paila del
infierno”. El cura salió corriendo para la sala haciéndose cruces y diciendo:
Excomulgo a esta señora por impía. El Jefe sacó al cura a empujones de la casa.
Esto sucedió un
fin de semana, yo me fui el domingo para donde mi mamá y el lunes para el
internado donde estaba estudiando, mi abuela murió esa semana y yo no pude ir
al entierro.
Cuando a mi
abuela le tocaba decir su nombre, se presentaba de la siguiente forma: Esther
Dávila viuda de Vargas doble. Resulta que el primer esposo de mi abuela se
llamaba Pedro José Vargas Sarder y cuando este señor murió, se caso con Emigdio
Antonio Vargas Molino, este era el papá de mi papá que también se murió. Un familiar
de mi papá de apellido Molino era el director del liceo donde yo estudiaba.
Este señor me decía “el pequeño primo”.
La familia de mi
papá era numerosa y le de su esposa mucho mas, estos eran de apellido Palacios
y eran de otro pueblo, su negocio era la compraventa de reses y el sacrificio
de estas, tenían un puesto o negocio en el mercado donde vendían la carne y a
Racha, que es como le dicen a la esposa de mi papá, le daban su pedazo de carne
siempre y cuando la fueran a buscar.
También recuerdo
que mi abuela tenía un baúl en donde guardaba una gran cantidad de cosas, lo que
uno estuviera buscando, mi abuela lo sacaba del baúl, incluyendo la infaltable
panela con la que me endulzaba mis ratos tristes y me consolaba cuando me
escondía en su casa cuando me castigaban. En recuerdo a mi abuela y a su
misterioso y apreciado baúl, le puse a un estudio de la Palabra que compartía
con otros hermanos de la iglesia el titulo de <curucuteando en el baúl de la
abuela” y cuando deje este estudio, entonces cree un blog en internet que le
puso como nombre htt://curucuteandoenelbauldelaabuela.blogspot.com donde publico
mis estudios e investigaciones Bíblicas, y para no perder el vinculo con mi
familia a mi correo le puse como nombre Churchil15@hotmail.com que era mi
sobrenombre, un sobrenombre especial que después les contaré porque fue que me
lo pusieron.
Contar todas las
vivencias que compartí con mi abuela seria algo de nunca acabar, pero ahí vamos
contando y cortando. Mi abuela me decía “cachaco resfriao” esto lo hacia por
cariño y a veces para regañarme cuando le tiraba piedras al techo de su casa
para que salieran mis primos o mis hermanas que se escondían en su casa para
que yo no les pegara. Lo de cachaco me venia por parte de mi mamá que era del
interior de la república y lo de resfriao, era porque yo tenía una mocosidad
permanente debido a los remojones con agua de mar que me daba regularmente.
Cuando me fui a
la ciudad a continuar mis estudios ya casi no veía a mi abuela, pero siempre la
recordaba, además que conmigo estudiaba el primo Paul que era un hijo de mi tío
Pedro que vivió en la casa de mi abuela y entre los dos nos caíamos a cuentos y
nos reíamos de las cosas de mi abuela.
Mi abuela tenia
la costumbre de sentarse a la puerta de su casa donde todo el que pasara por la
calle podía verla y saludarla, hablar con ella y pedirle consejos, algo así
como en la novela Canta Claro de Rómulo Gallegos hacia la mama de Florentino
Coronado, pero lo de mi abuela lo viví , no lo leí. Además mi abuela no solo
daba consejos, también le daba lo que tuviera a los necesitados, compartía todo,
no lo que le sobraba, que no le sobraba nada porque al dar lo que tenia ni para
ella le quedaba, y por esta costumbre sus hijos la peleaban, pero ella mientras
mas daba mas gozaba. Parece que me salió en verso porque de prosa quedo falla.
Mi papá era el
consentido de mi abuela, era el hijo menor (el pechichón), y yo era el nieto
mayor de su hijo preferido por lo tanto era doblemente favorito y gozaba de
todos los privilegios que mi abuela me podía prodigar. Ella me enseño a leer, a
sumar, a restar, a multiplicar ya dividir, a escribir y redactar cartas y lo
máximo, a escribir en maquina, cuando tenia como ocho años era todo un as en la
maquina de escribir, clero lo hacia a a cuatro dedos, dos de cada mano.
Mi abuela me
enseño a ser una persona activa, cuando niño no paraba, la escuela, la playa,
el cine, mis amigos, macondo, el futbol, las tereas, los libros y mi abuela, y
ahora trato por todos los medios de seguir en actividad para sentirme como niño.
Me sintió mucho
su muerte, ella era para mi la que llenaba el vacio fraterno de mi madre
ausente. La recuerdo ya como una señora mayor como de ochenta años. Murió
cuando yo tenía como quince años y estaba por graduarme de bachiller. Espero
verla nuevamente en la fila de las ovejas, no
en la fila de los cabritos que
era la fila que ella deseaba para los curas, porque si le toca hacer esa cola,
pobre de mi abuela.
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