lunes, 19 de agosto de 2013

Evocación No. 24



Domingo 18 de Agosto como a las 5 de la tarde

Cuando pienso que estoy dormido y me duermo pensando que estoy despierto, al despertar pienso que no he dormido y pienso que he soñado despierto. Es lo que pienso que ha pasado con estas evocaciones, no se si las he pensado  dormido o las he soñado despierto pero se que es la realidad de las cosas que me sucedieron y que no son un invento, una ilusión o hechos figurados, mas bien les debo muchos relatos de los que no me pude acordar..

Les hago esta reflexión ya que este es el último capitulo de estas evocaciones que han sido par mi un ejercicio mental muy satisfactorio durante el cual al evocar momentos pasados pude tener el placer de revivirlos y gozarlos, aunque cuando sucedieron fueron tristes, melancólicos, alegres o peligrosos y que hoy me parecen divertidos como el episodio del burro persiguiendo a la burra donde corrí con la suerte de no haberme muerto de un golpe y salí con un chichón en la frente y un ojo morado, o cuando me perdí en la montaña de Agua Viva y todos aquellos que ahora al analizarlos creo realmente que cuando uno está muchacho no mide las consecuencias de las cosas, no tiene la suficiente claridad para hacer o no hacer.

Como verán de mi vida de casado es muy poco o nada lo que les relato, ya que no quiero remover el pasado sin estar la otra parte presente y pudiera refutar o agregar algo a estas vivencias. Mi experiencia en el matrimonio me servirá como una herramienta mas para comprender a las parejas que  tengan problemas en sus relaciones. Mi esposa era una mujer bella en todos los aspectos, mis hijos son un regalo de Dios y mis nietos la alegría de mi vejez y mas importante aun, que gozo de la bendición de Dios al ser trasformado por su gracia en una nueva criatura.

Quiero terminar por el principio, aun cuando no empecé por el final. Les cuento que corría el año 1942, en plena 2ª. guerra mundial y alrededor del mundo se sentían los efectos de esta. Mi pueblo no era le excepción y los hombres se reunían para hablar de estos acontecimientos: Alemania Oriental estaba bombardeando a Inglaterra, el Primer Ministro de esta nación era el Sr. Wiston Churchil un hombre rubicundo (de cara gorda y cachetes rojos),  quien era el personaje de moda para esa época.

El día 14 de Diciembre mi mamá empezó con los dolores y pasó la noche movida, a todas estas ya estaba le comadrona instalada en la casa, creo que le decían “la señora Julita”, ella estaba pendiente de mi mamá, un amigo de mi papá tenia un carro y lo puso a la orden por si acaso algún problema.

Amaneció el día 15 de Diciembre y la señora Julita puso a mi mamá a caminar por el patio y que para aligerar el parto y como al medio día rompió fuentes y a las tres de la tarde pario un niño grande, gordo y bonito que salió llorando como un desesperado por no se que cosa, a lo mejor era que nadie lo había invitado y venia a esta mundo casi obligado.

La señora Julita era una comadrona experta, envolvió al bebé en un pañal o en otra cosa, no se en realidad si seria en una manta, un paño o una camisa vieja, pero no importa no viene al caso, atendió a mi mamá, limpió al bebé, tampoco se que fue lo primero que hizo pero igual y cuando le corto el ombligo fue entonces que en realidad empezó a llorar a todo pulmón, se puso rojo como un tomate maduro y se le inflaron los cachetes y un amigo de mi papá de apellido Zanzíbier al ver al niño no se le ocurrió otra cosa sino exclamar como si hubiera hecho el descubrimiento del siglo y  con la gracia que identifica al costeño exclamó:  “No joda, si este pelao se parece a Wiston Churchil”.

Ese pelao identificado con el  no joda infame y con un sobrenombre extranjero antes de abrir los ojos, sin derecho al reclamo, sin poder exigir respeto, solo el llanto para la protesta sin respuesta, solo la risa de los presentes aprobando la gracia del momento que quedó  marcando toda la vida de un hombre, bueno ese bebé era yo, que protesté al venir a este mundo y sigo protestando para no irme de el, pero que aun sigue con el sobrenombre de CHURCHIL.

                                                                 FIN

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