lunes, 19 de agosto de 2013

Evocación No. 23



Sábado 10 de Agosto como a las 11 de la noche

Ya estaba impaciente y aburrido en Puerto y decidí irme para Barranquilla a la casa de Adalberto y esperar allí noticias de Venezuela. Me despedí de mi papá, ya había arreglado mi ropa y el día de mi cumpleaños me largué de improviso tal cual como había llegado y cuando llegue a la casa de mi padrastro me acordé enseguida de que cuando me fui para el cuartel, había salido de esa casa y ahora que me venia para Venezuela iba a salir de la misma casa. Que cosa verdad, ni que lo hubiera planeado de esa forma..

Mi viaje para Venezuela fue lo más insólito que se pudiera uno imaginar. Me llegó la noticia de que me fuera para Maicao y que allí me esperaría tía María, que la buscara en la parada de las camionetas que venían para Maracaibo. Apenas llegué a Maicao llamé por teléfono a mi hermana a su trabajo para avisarle que vinieran a buscarme. Me tocó esperar tres días hasta que llegó tía María, dormía en el cuartel donde me daban un desayuno y el resto del día me la pasaba en la parada de las camionetas.

Cuando al fin llegó, yo pensaba que me iba a venir con ella, nada que ver, estuvimos toda la tarde esperando que regresara de Maracaibo un tal señor  Manuel dueño de una camioneta quien era el que tenia los contactos para  pasarme. Como a las tres de la tarde ella se vino y el señor me llevó para su casa donde ya estaban otras cuatro personas. 

Esa noche dormimos en esa casa y tempranito emprendimos viaje para Maracaibo. El primer inconveniente lo tuvimos en la frontera en un sector que se llama Paraguachon, allí el señor Manuel estuvo como una hora hablando con la guardia hasta que al fin pudimos seguir el viaje, llegamos al rio Limón y aquí nos volvieron a parar. Resulta que ese día había una comisión de la extranjería de Caracas y no dejaban pasar a nadie, cuando el señor  se dio cuenta ya no había remedio, nos detuvieron y nos mandaron detenidos para Sinamaica.

En ese lugar la policía nos interrogó, nos reseñaron y nos reunieron con otras personas que ya estaban en el lugar. Un empleado de la extranjería nos informó que cuando tuvieran 20 personas nos iban a deportar para Colombia, Al señor Manuel no lo detuvieron y nos visitó en  el reten de la policía de Sinamaica y nos dijo que cuando llegáramos a Maicao fuéramos para su casa a ver que se podía hacer y nos dio algo de dinero, Esa noche dormimos como pudimos, yo por lo menos me acosté en el suelo y puse como almohada mis zapatos y dormía a ratos.

Temprano en la mañana regresaron los de extranjería, elaboraron una lista con los nombres de los que estábamos  detenidos, la sellaron y nos entregaron a un sargento de la Guardia Nacional de apellido Montilla para que nos trasladara a la frontera y nos pusiera a la orden de una organización que se encargaba de darle ayuda a los deportados. “Tuvieron suerte porque a veces duran hasta un mes detenidos” nos dijo el sargento Montilla. Como a veinte minutos de viaje encontramos una alcabala de la Digepol que quería bajarnos del autobús a lo que el sargento Montilla se opuso y no acepto ni siquiera que se montaran a revisar.
Salieron de discusión y se gritaban groserías y cosas que no entendía, en una de esas el sargento les dijo “échenle bolas”, pensé que se iban a entrar a tiros, pero llegaron otros guardias y la Digepol no tuvo mas remedio que dejarnos pasar. El sargento nos explicó que esa era una gente de mal proceder, detenían a las personas para sacarle dinero y si no conseguían nada los desaparecían y que a el no le iban a echar esa vaina. Gracias amigo Montilla donde quiera que Ud. esté por su coraje y rectitud.

En la frontera nos esperaban unas personas que nos llevaron a Maicao y en una casa grande nos sirvieron un refrigerio, nos bañamos, nos dieron ropa limpia, y nos ofrecieron la oportunidad de regresar a nuestros lugares de origen.

Yo estuve ese día pensando seriamente en volver a Puerto, pero en el grupo se encontraban dos muchachos que me convencieron de regresar a Venezuela con ellos. Estos muchachos trabajaban en una hacienda en Carrasquero y los habían detenido en una redada en el mercado de ese pueblo y ellos conocían el camino porque entraban y salían periódicamente. Como la idea era venirme para Venezuela nos pusimos de acuerdo para encontrarnos al otro día en el mercado guajiro de Maicao.

Esa noche dormí en la casa del señor de la camioneta quien me dio más dinero y la dirección de tía María, también tenia el teléfono de mi hermana. Temprano me fui para el mercado goajiro donde me reuní con los dos muchachos y nos montamos en un jeep que transportaba personas por toda la goajira. Estuvimos todo esa mañana rodando entre las rancherías subiendo y bajando indígenas hasta que llegamos a un lugar a la orilla del rio Limón, allí nos embarcamos en una pequeña lancha que nos pasó para el otro lado, donde nos montamos en un camioncito lleno de gente con mercancía y  víveres que compraban  en Colombia para vender aquí en Venezuela. Este camioncito nos llevó hasta Carrasquera.

Ya en este lugar nos fuimos caminando para la casa del dueño de la hacienda donde los muchachos trabajaban. Cuando este señor llegó a su casa les dio un tremendo regaño y enseguida nos llevó para la hacienda y que para que amanecieran  en el trabajo. Al otro día tuve la oportunidad de hablar con el señor quien me prometió que si lo esperaba un par de días el mismo me llevaba para la casa de mi tía María, yo no tenia de otra y me quedé en la pequeña hacienda colaborando en todo lo que podía, corte monte, cuidé chivos, ordeñé vacas, ayudé en la cocina, la comida era buenísima, la cocinera era de un pueblo de la costa colombiana y tenia dos hijos pequeños, era buena gente.

Llegó el día previsto para venirme, ya tenia mi ropita recogida y cuando llegó el señor me monté en la parte de atrás de la camioneta junto con otro muchacho trabajador de la hacienda que venia a hacer una diligencia a Maracaibo, en la parte de adelante venían la esposa y una hija. Hicimos un viaje tranquilo, en las dos alcabalas de la guardia que encontramos conocían al señor,  lo saludaban y lo mandaban a seguir.

La casa del señor aquí en Maracaibo quedaba por los lados de lo que es hoy la Curva de Molina. En ese lugar nos detuvimos un rato largo, nos dieron almuerzo y el muchacho que venia conmigo atrás en la camioneta se fue a hacer su diligencia con la advertencia que  regresara a las cinco de la tarde. Al rato el señor me dijo “vamos para llevarte para tu casa”, me pidió la dirección, en esa época mi familia vivía por los lados del Sanatorio, por el camino el señor me dio muchos consejos, y “no estés en la calle de noche son días peligrosos”,  que si quería trabajar con el en la hacienda lo llamara por teléfono a su casa aquí en Maracaibo para ponernos de acuerdo para venir a buscarme.

Cuando llegamos a la casa de tía María no había nadie, antes de irse el señor se aseguró que era la dirección correcta y nos despedimos. En el frente de la casa de tía María había una choza llamada La Florida y el dueño era el señor Juan Roque quien me sacó una silla para que  esperara. Resulta que tía María y mi mamá estaban en el Sanatorio donde trabajaba mi hermana y la más pequeña estaba en la escuela.

Me recibieron con mucho afecto y alegría. Diciembre de 1960, empezó mi vida en Venezuela, y lo celebré en familia ya que en la casa hicieron la cena de navidad, estábamos mi mamá, tía María,  mis dos hermanas y unos amigos de la familia.

A partir de ese momento empecé a conocer a los vecinos, el entorno de la casa, me hice a unos amigos, conseguí trabajo en un taller de mecánica como ayudante, aprendí bastante, en ese lugar estuve como dos años, después buscando mas sueldo me fui a trabajar como ayudante de construcción con unas personas casi familia, con ellos estuve como dos años mas, le trabajábamos al señor Gustavo Nava en su ferretería y en su casa. Este señor me recomendó a unos hacendados de Machiques de apellido Gutiérrez. Aquí me fue muy bien, tuve la oportunidad de legalizar mi permanencia en el país y como para esos días ya mi mamá se había ido para Caracas apenas me dieron la cedula de identidad renuncié al trabajo y me fui detrás de mi mamá.

No me adapté a esta ciudad, creo que no estuve un año, la inseguridad, el corri-corri, los largos viajes para ir a trabajar, la madrugadera, llovía todos los días y sin pensarlo dos veces me regresé para Maracaibo, aquí me contacté con un hermano de mis amigos constructores ( a la larga mi compadre Miguel), que era mecánico y quería montar un taller, me enrolé en ese proyecto y me fue muy bien, me casé, y me establecí por mi cuenta en un negocio de transporte escolar.

Eran buenos tiempos, ya los hijos están grandes, mi esposa partió con el señor, tengo nietos, vivo tranquilo, Gloria a Dios por esto.

Hay cosas que se  pueden contar a todos, otras que se  pueden contar a algunas personas, otras que se le pueden contar a alguien y otras cosas que no se le pueden a contar a nadie, y debido a que mi esposa no está presente para que me pudiera ayudar a contarles ciertas cosas de nuestra vida como pareja solo me limitaré a decirles como fue que ella llegó a ser mi ayuda idónea.

Ya y que me estaba poniendo viejo y nada de enjuiciarme como me decía tía María y mi mamá me lo recordaba  cada vez que podía, para el caso en esos días yo tenia tres frentes y me sentía cómodo con la situación.

La primera era una muchacha que vivía en el barrio que tenia dos hijos pequeños, estábamos pero no juntos, ustedes comprenden, yo la ayudaba en lo que podía y todo bien. La segunda era una maestra soltera sin hijos que no quería obligaciones de ninguna clase, salíamos, nos divertíamos, íbamos a fiestas, al cine, a la playa y todo bien. La tercera era una muchacha que había conocido en noviembre para los días de la feria de la chinita y realmente no teníamos nada formal pero yo le estaba haciendo la lucha, ella vivía con una cuñada porque era huérfana de padre y madre y las cosas marchaban poco más o menos, no tenía ni un mes en “esta relación”.

Era un mes de Diciembre y mi mamá nos avisó que se venia a pasar las navidades con nosotros y a mi en particular me dijo que quería conocer a mi novia, esto me puso en un aprieto ya que no tenia la seguridad de por cual de ellas me debía decidir aunque las quería a las tres. Entonces dije, Bueno señor tu decidirás por mi, aquella que acepte la invitación para conocer a mi mama en calidad de novia esa será mi compañera.

Cuando hablé con la primera para que fuera a conocer a la suegra, se excuso, que ella era una mujer con hijos, que seguro que a mi mamá no lo iba a gustar, que siguiéramos igual y todo tranquilo. Me acordé de la recomendación de mi papá, primer descarte y corte la relación. Cuando le hice la invitación a la maestra se hecho a reír y me dijo: “Tu estas loco, yo te tengo para divertirme y puedo vivir sola tranquilamente, olvídate, es mas no estés pensando en mi para casarte y cortemos, te pasaste, ya te estas poniendo serio”. Segunda negativa y esta con despido y todo.
En este momento parecía que me estaba cayendo un peso encima, me quedaba la opción de la casi novia y no veía como ella pudiera aceptar la invitación para conocer a mi mamá cuando aun no teníamos nada en serio, pero habia que hacer la diligencia ya que tenia que llevarle una muchacha a mi mamá para presentársela como mi novia. Ahora en mi mente surgió otra opción en el caso de que me fallara el tercer frente, tenía una amiga que era de mi grupo de fiesteros que si le contaba el problema seguro que me hacia la segunda y se prestaba para ir a la casa a decir que era mi novia y con esta idea en la mente me decidí a hablar con la casi novia.

Cuando le hice la invitación ella no quedó muy convencida, que era el 24, que se reunía con su familia (un tío), que no éramos nada, al fin después de mucho hablar aceptó con una condición, tenia que ir con una de sus hermanas a lo que yo no le vi ningún problema. El día previsto la fui a buscar y a mi mamá le pareció una gran muchacha. Son las cosas de Dios, era la señal que le había pedido, nos casamos y hasta el día de su partida fueron 40 años juntos, unas veces corriendo y otras caminando, pero lo hicimos.

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