Sábado 10 de
Agosto como a las 11 de la noche
Ya estaba
impaciente y aburrido en Puerto y decidí irme para Barranquilla a la casa de
Adalberto y esperar allí noticias de Venezuela. Me despedí de mi papá, ya había
arreglado mi ropa y el día de mi cumpleaños me largué de improviso tal cual
como había llegado y cuando llegue a la casa de mi padrastro me acordé
enseguida de que cuando me fui para el cuartel, había salido de esa casa y
ahora que me venia para Venezuela iba a salir de la misma casa. Que cosa
verdad, ni que lo hubiera planeado de esa forma..
Mi viaje para
Venezuela fue lo más insólito que se pudiera uno imaginar. Me llegó la noticia de
que me fuera para Maicao y que allí me esperaría tía María, que la buscara en
la parada de las camionetas que venían para Maracaibo. Apenas llegué a Maicao
llamé por teléfono a mi hermana a su trabajo para avisarle que vinieran a
buscarme. Me tocó esperar tres días hasta que llegó tía María, dormía en el
cuartel donde me daban un desayuno y el resto del día me la pasaba en la parada
de las camionetas.
Cuando al fin
llegó, yo pensaba que me iba a venir con ella, nada que ver, estuvimos toda la
tarde esperando que regresara de Maracaibo un tal señor Manuel dueño de una camioneta quien era el que
tenia los contactos para pasarme. Como a
las tres de la tarde ella se vino y el señor me llevó para su casa donde ya
estaban otras cuatro personas.
Esa noche
dormimos en esa casa y tempranito emprendimos viaje para Maracaibo. El primer
inconveniente lo tuvimos en la frontera en un sector que se llama Paraguachon,
allí el señor Manuel estuvo como una hora hablando con la guardia hasta que al
fin pudimos seguir el viaje, llegamos al rio Limón y aquí nos volvieron a parar.
Resulta que ese día había una comisión de la extranjería de Caracas y no
dejaban pasar a nadie, cuando el señor
se dio cuenta ya no había remedio, nos detuvieron y nos mandaron
detenidos para Sinamaica.
En ese lugar la
policía nos interrogó, nos reseñaron y nos reunieron con otras personas que ya
estaban en el lugar. Un empleado de la extranjería nos informó que cuando
tuvieran 20 personas nos iban a deportar para Colombia, Al señor Manuel no lo
detuvieron y nos visitó en el reten de
la policía de Sinamaica y nos dijo que cuando llegáramos a Maicao fuéramos para
su casa a ver que se podía hacer y nos dio algo de dinero, Esa noche dormimos
como pudimos, yo por lo menos me acosté en el suelo y puse como almohada mis
zapatos y dormía a ratos.
Temprano en la
mañana regresaron los de extranjería, elaboraron una lista con los nombres de
los que estábamos detenidos, la sellaron
y nos entregaron a un sargento de la Guardia Nacional de apellido Montilla para
que nos trasladara a la frontera y nos pusiera a la orden de una organización
que se encargaba de darle ayuda a los deportados. “Tuvieron suerte porque a
veces duran hasta un mes detenidos” nos dijo el sargento Montilla. Como a
veinte minutos de viaje encontramos una alcabala de la Digepol que quería
bajarnos del autobús a lo que el sargento Montilla se opuso y no acepto ni
siquiera que se montaran a revisar.
Salieron de
discusión y se gritaban groserías y cosas que no entendía, en una de esas el
sargento les dijo “échenle bolas”, pensé que se iban a entrar a tiros, pero
llegaron otros guardias y la Digepol no tuvo mas remedio que dejarnos pasar. El
sargento nos explicó que esa era una gente de mal proceder, detenían a las
personas para sacarle dinero y si no conseguían nada los desaparecían y que a
el no le iban a echar esa vaina. Gracias amigo Montilla donde quiera que Ud.
esté por su coraje y rectitud.
En la frontera
nos esperaban unas personas que nos llevaron a Maicao y en una casa grande nos
sirvieron un refrigerio, nos bañamos, nos dieron ropa limpia, y nos ofrecieron
la oportunidad de regresar a nuestros lugares de origen.
Yo estuve ese
día pensando seriamente en volver a Puerto, pero en el grupo se encontraban dos
muchachos que me convencieron de regresar a Venezuela con ellos. Estos
muchachos trabajaban en una hacienda en Carrasquero y los habían detenido en
una redada en el mercado de ese pueblo y ellos conocían el camino porque
entraban y salían periódicamente. Como la idea era venirme para Venezuela nos
pusimos de acuerdo para encontrarnos al otro día en el mercado guajiro de
Maicao.
Esa noche dormí
en la casa del señor de la camioneta quien me dio más dinero y la dirección de
tía María, también tenia el teléfono de mi hermana. Temprano me fui para el
mercado goajiro donde me reuní con los dos muchachos y nos montamos en un jeep
que transportaba personas por toda la goajira. Estuvimos todo esa mañana
rodando entre las rancherías subiendo y bajando indígenas hasta que llegamos a
un lugar a la orilla del rio Limón, allí nos embarcamos en una pequeña lancha
que nos pasó para el otro lado, donde nos montamos en un camioncito lleno de
gente con mercancía y víveres que
compraban en Colombia para vender aquí
en Venezuela. Este camioncito nos llevó hasta Carrasquera.
Ya en este lugar
nos fuimos caminando para la casa del dueño de la hacienda donde los muchachos
trabajaban. Cuando este señor llegó a su casa les dio un tremendo regaño y
enseguida nos llevó para la hacienda y que para que amanecieran en el trabajo. Al otro día tuve la
oportunidad de hablar con el señor quien me prometió que si lo esperaba un par
de días el mismo me llevaba para la casa de mi tía María, yo no tenia de otra y
me quedé en la pequeña hacienda colaborando en todo lo que podía, corte monte,
cuidé chivos, ordeñé vacas, ayudé en la cocina, la comida era buenísima, la
cocinera era de un pueblo de la costa colombiana y tenia dos hijos pequeños,
era buena gente.
Llegó el día
previsto para venirme, ya tenia mi ropita recogida y cuando llegó el señor me
monté en la parte de atrás de la camioneta junto con otro muchacho trabajador
de la hacienda que venia a hacer una diligencia a Maracaibo, en la parte de
adelante venían la esposa y una hija. Hicimos un viaje tranquilo, en las dos
alcabalas de la guardia que encontramos conocían al señor, lo saludaban y lo mandaban a seguir.
La casa del
señor aquí en Maracaibo quedaba por los lados de lo que es hoy la Curva de
Molina. En ese lugar nos detuvimos un rato largo, nos dieron almuerzo y el
muchacho que venia conmigo atrás en la camioneta se fue a hacer su diligencia
con la advertencia que regresara a las
cinco de la tarde. Al rato el señor me dijo “vamos para llevarte para tu casa”,
me pidió la dirección, en esa época mi familia vivía por los lados del Sanatorio,
por el camino el señor me dio muchos consejos, y “no estés en la calle de noche
son días peligrosos”, que si quería
trabajar con el en la hacienda lo llamara por teléfono a su casa aquí en
Maracaibo para ponernos de acuerdo para venir a buscarme.
Cuando llegamos
a la casa de tía María no había nadie, antes de irse el señor se aseguró que
era la dirección correcta y nos despedimos. En el frente de la casa de tía
María había una choza llamada La Florida y el dueño era el señor Juan Roque quien
me sacó una silla para que esperara.
Resulta que tía María y mi mamá estaban en el Sanatorio donde trabajaba mi
hermana y la más pequeña estaba en la escuela.
Me recibieron
con mucho afecto y alegría. Diciembre de 1960, empezó mi vida en Venezuela, y
lo celebré en familia ya que en la casa hicieron la cena de navidad, estábamos
mi mamá, tía María, mis dos hermanas y
unos amigos de la familia.
A partir de ese
momento empecé a conocer a los vecinos, el entorno de la casa, me hice a unos
amigos, conseguí trabajo en un taller de mecánica como ayudante, aprendí
bastante, en ese lugar estuve como dos años, después buscando mas sueldo me fui
a trabajar como ayudante de construcción con unas personas casi familia, con
ellos estuve como dos años mas, le trabajábamos al señor Gustavo Nava en su
ferretería y en su casa. Este señor me recomendó a unos hacendados de Machiques
de apellido Gutiérrez. Aquí me fue muy bien, tuve la oportunidad de legalizar
mi permanencia en el país y como para esos días ya mi mamá se había ido para
Caracas apenas me dieron la cedula de identidad renuncié al trabajo y me fui detrás
de mi mamá.
No me adapté a
esta ciudad, creo que no estuve un año, la inseguridad, el corri-corri, los
largos viajes para ir a trabajar, la madrugadera, llovía todos los días y sin
pensarlo dos veces me regresé para Maracaibo, aquí me contacté con un hermano
de mis amigos constructores ( a la larga mi compadre Miguel), que era mecánico
y quería montar un taller, me enrolé en ese proyecto y me fue muy bien, me
casé, y me establecí por mi cuenta en un negocio de transporte escolar.
Eran buenos
tiempos, ya los hijos están grandes, mi esposa partió con el señor, tengo
nietos, vivo tranquilo, Gloria a Dios por esto.
Hay cosas que se
pueden contar a todos, otras que se pueden contar a algunas personas, otras que se
le pueden contar a alguien y otras cosas que no se le pueden a contar a nadie,
y debido a que mi esposa no está presente para que me pudiera ayudar a
contarles ciertas cosas de nuestra vida como pareja solo me limitaré a decirles
como fue que ella llegó a ser mi ayuda idónea.
Ya y que me
estaba poniendo viejo y nada de enjuiciarme como me decía tía María y mi mamá
me lo recordaba cada vez que podía, para
el caso en esos días yo tenia tres frentes y me sentía cómodo con la situación.
La primera era
una muchacha que vivía en el barrio que tenia dos hijos pequeños, estábamos
pero no juntos, ustedes comprenden, yo la ayudaba en lo que podía y todo bien.
La segunda era una maestra soltera sin hijos que no quería obligaciones de
ninguna clase, salíamos, nos divertíamos, íbamos a fiestas, al cine, a la playa
y todo bien. La tercera era una muchacha que había conocido en noviembre para
los días de la feria de la chinita y realmente no teníamos nada formal pero yo
le estaba haciendo la lucha, ella vivía con una cuñada porque era huérfana de
padre y madre y las cosas marchaban poco más o menos, no tenía ni un mes en
“esta relación”.
Era un mes de
Diciembre y mi mamá nos avisó que se venia a pasar las navidades con nosotros y
a mi en particular me dijo que quería conocer a mi novia, esto me puso en un
aprieto ya que no tenia la seguridad de por cual de ellas me debía decidir
aunque las quería a las tres. Entonces dije, Bueno señor tu decidirás por mi,
aquella que acepte la invitación para conocer a mi mama en calidad de novia esa
será mi compañera.
Cuando hablé con
la primera para que fuera a conocer a la suegra, se excuso, que ella era una
mujer con hijos, que seguro que a mi mamá no lo iba a gustar, que siguiéramos
igual y todo tranquilo. Me acordé de la recomendación de mi papá, primer
descarte y corte la relación. Cuando le hice la invitación a la maestra se
hecho a reír y me dijo: “Tu estas loco, yo te tengo para divertirme y puedo
vivir sola tranquilamente, olvídate, es mas no estés pensando en mi para
casarte y cortemos, te pasaste, ya te estas poniendo serio”. Segunda negativa y
esta con despido y todo.
En este momento
parecía que me estaba cayendo un peso encima, me quedaba la opción de la casi
novia y no veía como ella pudiera aceptar la invitación para conocer a mi mamá
cuando aun no teníamos nada en serio, pero habia que hacer la diligencia ya que
tenia que llevarle una muchacha a mi mamá para presentársela como mi novia.
Ahora en mi mente surgió otra opción en el caso de que me fallara el tercer
frente, tenía
una amiga que era de mi grupo de fiesteros que si le contaba el problema seguro
que me hacia la segunda y se prestaba para ir a la casa a decir que era mi
novia y con esta idea en la mente me decidí a hablar con la casi novia.
Cuando le hice
la invitación ella no quedó muy convencida, que era el 24, que se reunía con su
familia (un tío), que no éramos nada, al fin después de mucho hablar aceptó con
una condición, tenia que ir con una de sus hermanas a lo que yo no le vi ningún
problema. El día previsto la fui a buscar y a mi mamá le pareció una gran
muchacha. Son las cosas de Dios, era la señal que le había pedido, nos casamos
y hasta el día de su partida fueron 40 años juntos, unas veces
corriendo y otras caminando, pero lo hicimos.
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