martes, 18 de junio de 2013

Evocación No. 19





Sábado 15 de Junio como a las 10 de la mañana


Hay momentos, conversaciones, episodios o circunstancias actuales que me traen recuerdos de las cosas que he venido haciendo, es como si estas estuvieran unidas como los eslabones de una cadena continua de eventos, cortar la cadena seria como romper el vínculo con el pasado.

Desempeño el oficio de maestro en mi iglesia y un día en una conversación con  uno de los pastores, este igual que otros hermanos, me preguntó que cuando me había dado cuenta que tenía este don. La respuesta era fácil de responder y solo le dije que desde siempre. Ahora desarrollar el don es lo que trataré de relatarles.

La facilidad de expresar, explicar  o comentar lo que leo o estudio se lo debo a mi abuela. Ella siempre me hizo hincapié que uno debía entender lo que leía,  y que  no debía estar aprendiéndome nada de memoria  porque lo que hacia era repetir como el loro que no sabía lo que estaba diciendo. Esto trajo como consecuencia que me era difícil memorizar los parlamentos en las obras de teatro, los poemas y las canciones, estas todavía no logro aprendérmelas completas.

El sistema de mi abuela era fácil, reunía a los nietos y nos sentaba en el suelo y ella nos leía libros de cuentos o novelas y poco a poco hacia que nosotros le fuéramos explicando que entendíamos de lo leído y después ella nos explicaba lo que realmente quería decir el escritor. A medida que fuimos aprendiendo a leer a cada uno le tocaba leer  un párrafo y explicarlo, a mis primos esto no les agradaba y ya casi no acompañaban a la abuela en sus sesiones de lectura y prácticamente quedé solo. Para el caso cuando aprendí a leer correctamente puso en mis manos el libro Don Quijote de la Mancha que fuimos leyendo y entendiendo de a poquito, esa fue ni escuela del análisis de la lectura con la que logré subir mis niveles de comprensión y por ende mi facilidad para explicar lo leído.

Mi abuela fue una mujer adelantada a la época, sus métodos para enseñarnos a comprender lo leído son hoy  materia obligatoria en las universidades, lo se de buena fuente por cuento mi hijo menor se graduó en la Universidad del Zulia de una vaina rara, “Ciencia y Tecnología de la Educación” y da clases en la universidad de cosas como teoría del pensamiento, el proceso comprensivo y sus niveles, lógica y otras cosas mas que ya mi abuela aplicaba hace mas de sesenta años  en sus “círculos de lectura” GRACIAS ABUELA.

 Cuando me pusieron en la escuela las maestras se dieron cuenta de mi facilidad para estudiar, siempre sacaba excelentes notas en las materias que hoy llamaríamos de humanidades y buenas o regulares en las materias de ciencias, pero todavía no enseñaba a nadie, los estudios eran individuales. Cundo ya estaba en el básico si tenia la oportunidad de compartir con los otros estudiantes y explicarles ciertos temas, pero mi despegue como “profe” fue cuando ingresé al internado. Todo el sistema estaba planificado para funcionar en grupos, habían grupos de estudio, de trabajo, de limpieza, de guardia, para comer, para todo, hasta para bañarse, el sistema me favoreció y empecé a poner en practica mis habilidades, hacia las exposiciones, representaba a los compañeros en alguna actividad académica, desarrollé la habilidad para saber en que área podía hacerlo mejor algún integrante de mi grupo. Estos grupos permanecían juntos por un semestre, después se conformaban en otra forma y de esta manera tuve la oportunidad de trabajar con todos mis condiscípulos, casi siempre me tocó la responsabilidad de liderar los grupos sobre todo en el área de estudios y esto incidió como algo natural que me tocaran las exposiciones y todo lo relacionado con las actividades escolares.

La gran mayoría de los estudiantes eran de origen campesino y sabían bastante de las actividades propias del campo inclusive teníamos un compañero de un pueblo llamado Baranoa que nos enseño a recolectar miel de abejas silvestres. El caso es que empecé a desarrollar mis dotes de facilitador y cuando estaba en el último año me tocó con el cura Mogollón que era el profesor de literatura que cuando observó mi facilidad de palabra me dejaba a cargo de los debates y a veces me asignaba temas para que los expusiera. Este cura nos decía que la mejor forma de estudiar y acrecentar el conocimiento era enseñando a otros lo que uno sabia, Mejor dicho enseñar para aprender. Esta máxima trato de que mis alumnos la pongan en práctica y he comprobado que es una realidad al ver que muchos de ellos se alegran de estar enseñando, esta actividad es la base de mi ministerio, convertir hermanos en líderes y estudiantes en maestros.

En el ejército seguí practicando mi talento natural para enseñar. Después de terminar el periodo de instrucción militar me asignaron a la compañía de comando y servicios donde me relacioné con un capitán que no lo ascendían por mala conducta (era socialista), Este oficial tenía un caballo y como me gustaban los animales lo ayudaba a bañarlo, cepillarlo, peinarlo, le enseñe a tejerle la crin en trenzas como lo hacia en el internado mi paisano el entrenador de los caballos y cuando el capitán no estaba en el cuartel me autorizó para sacarlo de la cuadra en la caballeriza. Este oficial era muy celoso con su caballo pero me había ganado su confianza y me dejaba montarlo y cuidarlo. Esta amistad dio fruto a su tiempo.

Resulta que me había dado cuenta que en el cuartel habían soldados analfabetos y un día le dije al capitán que quería poner una escuelita para enseñar a leer y escribir a los que quisieran. Como a la semana llegó el comandante a las oficinas y les dijo a los presentes que necesitaba hablar con Vargas Johnson, me mandaron a buscar y llegué pensando que carajo había hecho para que el coronel quisiera hablar conmigo, entré a su oficina con un poco de miedo, pero me dijo “tranquilo que no pasa nada, solo quiero saber si todavía quieres poner la escuelita”, le dijo lógicamente que si, me hizo señas para que saliera, y a la hora del almuerzo se hizo el anuncio de la apertura de la escuela con el horario de 7:00 PM a 9:00PM. Empezaron a asistir como 20 soldados pero no teníamos los útiles escolares básicos como pizarrón, tizas, cartillas con el abecedario, lápices, cuadernos, lo que hice al segundo día fue llevar hojas usadas de la oficina y pedirles a las secretarias cuadernos usados que tuvieran de sus familiares y comencé a enseñar a los muchachos. Un día que el capitán me preguntó por la escuelita le comenté que no teníamos útiles.

Como era sábado me invito a que fuéramos un momento a su casa, les informo que los oficiales vivían en los predios del cuartel en unas casas que estaban habilitadas para ese fin, yo conocía a su esposa de vista pero ese día me la presentó formalmente y me dijo que le contara a ella lo que estaba haciendo en la escuelita y mis necesidades. La señora era profesora de una escuela de normalistas que quedaba en el sector, le conté todo lo que estaba haciendo y le dijo a su esposo que me llevara el lunes para su trabajo. El lunes sin falta fui con el capitán al trabajo de su esposa y allí la señora me presentó con el director de la Escuela Normal quien me regaló una buena cantidad de cuadernos y lápices.

Poco a `poco se fue incrementando la asistencia y las dos horas de clase no eran suficiente para atenderlos a todos y a cualquier hora del día me paraban los alumnos para que les corrigiera las tareas, esto era fácil lo difícil era enseñarlos a leer ya que no había un pizarrón. Ya tenia como dos meses en este plan y un domingo que estaba paseando el caballo del capitán pasé por su casa y me detuve para saludar a su esposa y se lo comenté. La escuelita seguía funcionando más o menos bien, pero me faltaban ayudantes. Un día vi llegar a unas señoras que solicitaron al coronel, las pasaron a su oficina y al rato me llamaron y el coronel me presentó como el director de la escuela de alfabetización, este coronel era costeño echador de bromas y me sorprendió con su salida, y solo atiné a decir a la orden.

Las visitantes eran las encargadas de recursos humanos de la Escuela Normal y venían a solicitar un permiso para colocar dos o tres alumnas para que hicieran las pasantías, ya el coronel les había dicho que no había problema pero que lo consultaran conmigo. Yo sabia algo sobre las pasantías porque me tocó hacerlas y les advertí que la escuelita no estaba registrada oficialmente y que no podíamos darle una certificación legal, pero  como era un proyecto personal, la Escuela podía tomarla como una colaboración o asistencia social, quedamos de acuerdo y las invitè para que asistieran en la noche a clases para que evaluaran la cantidad de personas que podían colocar y de paso me dieran algunas indicaciones de cómo podíamos hacerlo mejor.

A partir de ese momento la escuelita cogió auge, tenia cinco asistentes que se rotaban cada dos meses. Me tocaba calificar a los pasantes y el coronel me puso a firmar los certificados de asistencia que traían los muchachos, mi nombre aparecía con el titulo de Bachiller y el cargo de Director, esta era una broma del coronel que era un mamador de gallo. De  acuerdo a los comentarios de la esposa del capitán, cuando tocaba repartir las pasantías todos querían que los mandaran para mi escuelita. Ya tenia el estatus de “el profe”, así era como me trataban los pasantes. Un par de meses antes de salir del cuartel la escuelita quedó como un anexo de la Escuela Normal.

Ya aquí en Venezuela como en los años 70-72 estuve como colaborador en el Instituto Radiofónico Fe y Alegría, este trabajo lo hacia los sábados en la tarde en la Escuela Normal Nueva América en el barrio 24 de Julio de San Francisco. En la actualidad estoy trabajando en el área de instrucción en el Ministerio de Misiones y colaboro con el pastor en la coordinación de la Educación Permanente de la Escuela de Liderazgo de mi Iglesia. Poco mas o menos esta es mi experiencia como maestro, siempre ha sido gratificante, antes era una vocación que hacia con gusto y ahora como una gracia de Dios tengo el deber incondicional de enseñar la palabra de Vida.

Mis asiduos lectores tendrán a bien de perdonar la demora de mis escritos, pero he tenido problemas con el internet y la compu...

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