Domingo 26 de
mayo a las tres de la tarde
Les he contado
que Barbuta tenía momentos de lucidez y con una claridad tal que su mente se
iluminaba y dejaba salir no solo sus conocimientos sino también la bondad de su
alma. Habíamos compartido momentos donde conversábamos de cosas sin importancia
y otras donde me había dado consejos. Recuerdo una vez que me rasparon en un
examen que me puso en riesgo de perder
el año, creo que estaba en quinto grado, yo me iba para la playa o para
cualquier lugar y no entraba a clases, la maestra hizo un cuestionario para que
los alumnos estudiaran las preguntas que
podían salir en el examen parcial de mitad de año, ni cuenta me di y el día del
examen casi que ni nota saco. Esto me puso muy triste y nervioso, ya que si mi
papá se enteraba seguro que me mataba o me desterraba para Macondo y un día se
lo conté a Barbuta y su consejo fue el siguiente: Tenía que estudiar con
aplicación y responsabilidad lo que faltaba de clases para poder ganar el año,
dejar de ir a pescar, solo ir a bañarme a la playa los domingos, esto por un
lado y por el otro yo me dispuse solo ir a Macondo cuando me tocara y asistir
todos los días a la escuela. El cambio fue radical, la maestra se dio cuenta de
mi interés y no me acusó con mi papá y mis notas empezaron a cambiar y pase mi
año.
Yo veía a
Barbuta como un amigo aunque nunca jamás pensé que él lo tomara de la misma
forma, no supe leer su pentagrama, con todo que siempre que nos encontrábamos
demostraba que se alegraba al verme. Ese día domingo 8 de diciembre Barbuta
tuvo un gesto de amigo incondicional con mi persona que me sirvió de ejemplo a seguir
durante toda la vida.
Se paró del
tronco donde tranquilamente reposaba, se arrodillo al lado de la hamaca de la
señora Aquilina, empezó a sacar dinero de sus bolsillos y lo ponía en el
delantal de la señora al tiempo que decía poco mas o menos:”tengo dinero, lo
mío es de mi amigo, tu eres mi amigo, mi dinero es tuyo”, no se callaba y
repetía lo mismo una y otra vez. Entre la señora Aquilina y yo tratamos de
calmarlo y cuando le pasó la agitación le dije que el necesitaba ese dinero que lo guardara para sus
gastos. Entró en un momento de calma y
me dijo; “tu eres el único amigo que tengo pero si tienes que irte hazlo, pero
no lo dejes para mañana, vete hoy no sea que te enfríes y se apague tu ilusión
y ya no quieras hacerlo, toma el dinero que necesites y vete”. Me puse a
llorar, la señora Aquilina se puso a llorar y Barbuta seguía sacando su dinero
y lo puso en el delantal de la señora Aquilina.
Tomé solo lo
necesario y Barbuta siguió hablando y nos explicó: “Este dinero me lo da mi
familia, no se porque lo hacen, no lo necesito, no se que hacer con el”. Le
pasó su momento de lucidez y se fue a sentar otra vez en el tronco, me despedí
de la señora Aquilina y abracé a Barbuta con todas mis fuerzas, estaba más
sucio que nunca, pero con el corazón muy limpio, me dirigí a la casa dispuesto a irme lo más
rápido posible para Barranquilla no sea que me arrepienta como me dijo Barbuta.
Pero antes de
llegar a la casa me sucedió algo, que hasta el día de hoy no se porque lo hice,
si fue una revelación o un impulso de mi estado emocional o no se que cosa y
fue lo siguiente: Yo estaba inscrito en un equipo juvenil de futbol de Puerto llamado los Halcones
Negros, pero como les dije antes casi no jugaba porque no vivía en el pueblo y
ni entrenaba con ellos, pero me había comprado el uniforme completo y lo
guardaba en casa de mi papá, además que también
me había traído el uniforme del equipo de Malambo y tenia todo doble, dos pares
de zapatos , suspensorios, vendas, medias tobilleras en fin de todo.
A una cuadra de
mi casa vivía un muchacho de apellido Peñate y lo encontré en la puerta de su
casa hablando con otro al que le decíamos “Chunga” que jugaban en el equipo, me
detuve a saludarlos y me preguntaron que si iba a ir al campo ya que ese día
teníamos juego, y enseguida se me
`prendió el bombillo, les dije que no pero que me esperaran un momento que les
iba a regalar una vaina, llegue a la casa, acomodé toda mi ropa en mi maletín y
en una bolsa metí todos los útiles que tenia para la practica del futbol,
parecía que ya sabia que no los iba a utilizar mas. Me despedí del mudo y me
devolví por la calle que casi nunca pasaba, no fui por la casa de mi abuela
para despedirme de los primos ni de nadie de la familia, los muchachos me estaban esperando, les di la bolsa y solo les
dije repártanse esos uniformes, y me fui
como escondido para la plaza, digo escondido porque nadie me vio ir, me monté en el bus frente al cine, y tampoco vi a alguien conocido, no pasaba por
mi mente que me iba a ausentar de la familia y de mi pueblo por tanto tiempo.
Llegué a
Barranquilla, la plaza de San Nicolás estaba solitaria, era domingo, y solo se
veía la gente que venia de Puerto ya que
ahí quedaba la parada de los buses, me tome un guarapo de panela con limón y una empanada para amortiguar el
hambre ya que era la hora de la cena y con mi maletín al hombre me fui para
Carrizal que era el barrio donde vivían Adalberto con mi hermano y mi hermana
que estaba arrimada en la casa de la suegra. La intensión era quedarme a dormir
donde Adalberto, pero resulta que se había ido para un pueblo a predicar (era
testigo de Jehová), y regresaba el lunes. No me quedó mas remedio que irme
donde mi hermana para pedirle que hablara con la suegra para que me dieran un
alojo por esa noche. Me di cuenta que no me quisieron recibir, una de las
cuñadas de mi hermana llamada María me ofreció, para que durmiera, una mecedora
en el patio de la casa, que según ella era donde dormía su papá cuando llegaba
borracho, que era todos los días. Ya tarde en la noche cerraron la casa y me
quedé en el patio sentado sin poder dormir por los mosquitos que me iban a
sacar volando y me tenían sordo con los zumbidos. Esos patios eran inseguros
los ladrones se metían a robarse todo lo que dejaban afuera, no se porque
carajo no se habían robado la mierda mecedora que hasta rota estaba y se iba de
lado. Ya estaba dormitando cuando sentí un ruido en el patio, bueno como dijo
María, era su papá que venia borracho a dormir en la mecedora. Yo lo conocía
porque mi papá lo metió preso junto con el jefe por estar peleando y me tocó
llevarles el almuerzo a la policía.
El asunto fue
que le di la mecedora para que durmiera y yo me quedé sentado en un taburete
que arrecostè a la pared, puse los pies en una mesa y me quedé dormido, un rato
mas tarde se hizo de día, me lavé la cara me enjuagué la boca y me salí para la calle dispuesto a
irme para Malambo. Como a una cuadra quedaba una choza o tienda que se llamaba
o se llama el Paseo Bolívar, vendían empanadas y me compre tres con un refresco
y me desayuné, como no tenía apuro para
llegar a ninguna parte, ya que la idea original era irme para Malambo y podía
llegar a cualquier hora, además también tenia la invitación de mi paisano el entrenador de los caballos que me ofreció
hospedaje mientras conseguía que hacer, estas dos ideas las tenia en la mente y
como para madurarlas me fui caminando por toda la ruta de los buses. Caminé
como tres cuadras, despacio, por la sombrita y cuando llegue a la altura de la
policía, encontré un grupo de gente, mejor dicho jóvenes y que se iban a
alistarse voluntariamente para servir en
el ejército.
Todavía era
temprano y no habían llegado los encargados de hacer este operativo y me quedé
ahí parado pendiente que era lo que iban a hacer. Cuando llegaron los del
ejercito nos reunieron en el patio de la policía y nos explicaron que los que
se fueran voluntarios, los mandaban para Medellín, pero solo teníamos la
oportunidad ese día, porque para el
miércoles ya estábamos viajando y después
venia la recluta y los iban a llevar para los Llanos de Casanare. Los
que querían se podían quedar enseguida o podíamos ir para la casa, hablar con
la familia y volver, yo estaba indeciso pero cuando un cabo me preguntó que
cuantos años tenia le dije sin vacilar que 18, entonces me dijo “no parece, si
te quieres ir tienes que venir con tu representante”. Varios muchachos nos
salimos de la policía y que casualidad, cuando estaba en el frente sin saber
que hacer, desde un autobús
me gritaron “Walter”, era Adalberto con mi hermano que estaba regresando de predicar, les hice
señas y me fui detrás del bus.
Me estaban esperando
en la esquina del Paseo Bolívar y nos fuimos para su casa, a ellos les hacia los oficios la
hermana Rita pero como ella no dormía en
la casa y además era domingo la encontré cerrada Adalberto era un señor que siempre estaba
pendiente de las cosas, y tuve que contarle mis planes de irme para Malambo
mientras conseguía que hacer. Como él
era comerciante me propuso que me quedara viviendo en su casa y lo ayudara en
el puesto de ropa que tenia en el centro, ya anteriormente lo había hecho y no me gustaba ese trabajo de
estar todo el día parado detrás de una mesa esperando que alguien llegue a
comprar una camisa o un pantalón. Almorzamos y al rato le comenté lo del
ejército y me dijo que la idea no era tan mala, pero que viera que yo estaba
muy joven y a lo mejor iba a pasar trabajo.
Nos quedamos
hablando un rato más, y entonces me salió pedirle el favor que me sirviera de
representante con el siguiente compromiso, si no me aceptaban en el ejercito me
quedaba trabajando con ellos. Yo sabia
que me iban a dejar, me puse la ropa más vieja que tenía y nos fuimos
preparados para el local de la policía. Cuando llegamos ya no habían personas
para alistarse, solo estaba un teniente y el medico, me tomaron los datos y
cuando me preguntaron la edad, no vacilé y les dije tranquilito 18, el medico
me estaba examinando y dijo “está bueno”, el teniente le pregunto a Adalberto
por su parentesco y dijo la pura verdad, “soy su padrastro”, “firme aquí le
dijo el teniente, despídanse y mañana lo puede visitar en la vía 40 en el
destacamento de la marina”. Adalberto me prometió que al otro día me iba a
llevar unos útiles de aseo personal y se fue para su casa, me pasaron para el
patio y ya había como 20 muchachos. Nos trasladaron en un camión para la base
de la marina y al otro día nos hicieron bañar, nos pelaron y nos dieron un
uniforme, unas gomas y una pequeña tula donde
guardé las cosas que me llevó Adalberto.
En ese lugar
donde estábamos concentrados hicieron un acto simbólico que ellos llamaban “la
quema de los tiempos viejos” el cual consistía en quemar toda la ropa que
traíamos puesta, nos reunieron en un solar a la orilla del rio y cada uno de
nosotros arrojaba a la fogata todo lo que trajo puesto. Un teniente nos dijo
algo como que quemando la ropa quemábamos todo lo que nos ataba a la vida civil
ya que ahora éramos militares.
Nos llevaron al
comedor para desayunar y después recibimos la visita de los familiares, todo el
día estuvieron entrando y saliendo personas, ahí me encontré con unos muchachos de Puerto,
le pedí el favor al papá de uno de ellos que le dijera al viejo Euclides que me
iba para Medellín a pagar el servicio, era diez de diciembre el día que cumplía
mi papá.
Cuando estábamos
en la quemazón de la ropa, tenia sentimientos difíciles de explicar, por un lado
me daba cierta cosa irme y dejar el
contacto con la familia, y por otro me sentía tranquilo porque sabia que la
lejanía no me iba a pegar. La base principal de mi fácil adaptación a la vida
en el ejército era la experiencia que adquirí en el internado, donde vivía solo, me valía por mi mismo esto en el
aspecto económico, en lo emocional ya no sufría de nostalgia, había bajado de
mis hombros ese arraigo del lugar de donde naces y en cuanto a los
sentimientos, estaba claro que aunque tenía a mis padres vivos no podía contar
completamente con ellos, teniendo la seguridad que realmente me querían pero
cada quien a su manera y lo demostraban de forma diferente. Ahora se que no era
culpa de ellos, ya que sufrieron cuando niños las mismas ausencias que sufrí y
pienso que su despego lo veían como algo natural o normal aunque para mi era
frustrante e incomprensible. Bueno dejo esta reflexión hasta aquí porque ya
tengo ganas de llorar, no por mi sino por ellos, no tengo nada que reprocharles
ni perdonarles, cualquier resentimiento es cosa del pasado y enterrado está, si estuvieran vivos seguro
que les preguntaría como fue su vida de niños y pedirles perdón por dudar de su
amor.
El día once de
diciembre de 1958 nos despertaron a las cuatro de la mañana, nos dieron un
desayuno, unos alimentos enlatados con la indicación de no comer nada hasta que
nos dieran la orden, nos montaron en cuatro camiones, éramos cien muchachos, y
salimos hacia Medellín.
Este viaje fue
algo peculiar, lo primero que tengo que resaltar era el llanto corrido de unos
muchachos que salieron llorando de Barranquilla y llegaron llorando a Medellín,
yo los miraba y en ese momento no entendía el porque de esa angustia. Menos mal
que entre mis compañeros de viaje solo había uno que no paraba de llorar y ya
no le hacíamos caso y poco a poco se fue calmando, en el trayecto del viaje
hablamos un poco y me confesó que estaba triste porque tenia una hija
pequeñita, este muchacho era de apellido Barranco y fue uno de mis favorecidos en
el trabajo que me tocó en el ejercito.
Durante el viaje
traíamos un desorden en el camión y como íbamos de primero hacíamos que el
chofer parara a cada momento para comprar frutas y comida que vendían por la
carretera, el jefe de la comisión era un capitán que no se molestaba por eso y
lo que hacia era apurarnos para continuar el viaje, yo me sentía que iba en una
excursión o en un viaje para Macando, realmente iba tranquilo, sin ningún tipo
de preocupación, lo que me decía era que si otros lo pueden hacer yo también
puedo prestar el servicio.
Como a las cinco
de la tarde entre oscuro y claro llegamos a un pueblito y nos bajamos para
comer algo de las latas que llevábamos de dotación, el capitán estuvo hablando
con unos agentes de la policía y nos llevaron a pie para una escuelita rural a
las orillas del pueblo, la escuelita solo tenia dos salones y ahí nos
acomodamos para pasar la noche. Siempre he sido buen observador y me di cuenta
que prepararon una guardia o centinelas entre los soldados que nos acompañaban
y los agentes de policía del pueblo. Hacia mucho frio y nos dieron unas
cobijas, cuando llegó la hora de dormir me fui hecho el loco para el rincón mas
alejado de la puerta y ahí me quede dormido de un solo tirón hasta el otro día que tuvieron que despertarme. El motivo de
haber pernoctado en ese lugar fue que los policías le informaron al capitán que
habían avistado un grupo de guerrilleros el día anterior y era peligroso seguir
el viaje de noche.
Cuando llegamos
a la placita del pueblo a montarnos en los camiones conseguimos los pasajeros
de tres autobuses que también tuvieron que pasar la noche en el
lugar. Los habitantes del pueblo sacaron comida para la venta y ahí estuvimos hasta que toda la gente
estuvo lista y salimos en caravana los tres
buses y los cuatro camiones. Los autobuses nos dejaron rápidamente atrás, la
camioneta que nos servía de escolta también se fue y que para avisar nuestra
llegada al cuartel. Paramos un rato y nos dieron la orden de comernos todo lo
que llevábamos de viandas enlatadas o regalárselas a los muchachos que estaban
en el lugar, después me informe que era
una pequeña ciudad llamada Bello muy cerca de Medellín y que con el tiempo pude
visitar ya que era un lugar turístico.
Llegamos al
cuartel como a las cinco de la tarde y lo primero que hicimos fue pasar por la
intendencia o suministros donde nos dieron la dotación de uniformes, nos hicieron bañar y la ropa que traíamos la
llevamos a la lavandería, estaba tranquilo pero seguían unos llorando, cuando
terminamos de hacer todas estas cosa ya era de noche, cenamos y a dormir con la
tula como almohada para que no te fueran a robar los uniformes, que fue lo
primero que nos advirtieron. Habían unas literas de tres pisos y rápidamente me
monté en la cama de arriba, me enrollé con la cobija y dormí con botas y todo,
el miedo que tenía era que me robaran mis pertenencias, en el internado a veces
se perdía algo y nunca aparecía el ladrón, nunca tuve que lamentar una perdida
a no ser un par de medias que no se que pasó con ellas, si se perdieron o se
fueron caminando.
De mi paso por
el ejército podría escribir un libro, le pondría como titulo “Relatos de un
orientador militar sin rumbo” pero solo me limitaré a eventos que me sucedieron
y a ciertos aspectos de lo esencial que
permitieron que mi permanencia en ese lugar fuera lo mas tranquila y
agradable posible los cuales les relataré mas adelante.
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