martes, 21 de mayo de 2013

Evocación No. 16



Miércoles 1º. De Mayo  como a las once de la mañana

Evocación No. 16

Después de este suceso que les conté en la evocación anterior me fui a vivir al internado, estaba apenas en el primer año o sea el cuarto y cuando empezaron las clases en el mes de agosto ya estaba instalado en el colegio. Ese año se graduó mi primo Paul y me regaló todos los cuadernos y libros que él sabia me iba a ser de utilidad, bastante que me sirvieron. Se fue a vivir a Ciénaga con la familia de su mamá, ya que  mi tío Pedro vivía en Barranquilla.

Una vez ya aquí en Maracaibo hice un viaje para Colombia con mi esposa y el hijo mayor y me quedé en Santa Marta para visitar a mis primos, compañeros en la infancia de sufrimientos e infortunios. Carlos Enrique se había graduado de Ingeniero petrolero y trabajaba con el gobierno, al tiempo nos visito unos días, había venido a una entrevista en PDVSA pero no consiguió trabajo. Estuve en su casa una tarde y compartimos con su esposa y dos hijos que ya tenía, por medio de él supe que su hermana Judith se había casado con el primo Pedro José Dusan, que mi tío Pedro no estuvo de acuerdo y a la larga tuvo razón ya que los dos hijos que tuvieron le nacieron con discapacidad mental. Me dio la dirección de Paul en Ciénaga y al otro día fue a visitarlo, pero no lo encontré, y que andaba para una hacienda que tenia su esposa para la zona bananera, fue una lastima no haberlo encontrarlo, me sintió no poder verlo nuevamente, era mi amigo y socio.

En el internado había un reglamento para las vacaciones, el que se quedaba en el colegio tenia que trabajar por un pequeño sueldo y además gozaba de todos los beneficios del internado como comida, dormida, lavandería etc. En el colegio había vacas, caballos, mulos, burros, cochinos, gallinas, pavos, abejas y siembras de ají, tomate, rábanos, cebolla larga, cilantro y un estercolero para hacer abono. El trabajo consistía en ayudar a mantener limpios los corrales, darles de comer a los animales, recoger los huevos, estar pendiente de las incubadoras, ordeñar las vacas, cuidar los becerros, claro eso no lo hacíamos solo los alumnos, estaban los trabajadores en quienes caía toda la responsabilidad. Éramos como cuatro a seis alumnos los que nos quedábamos trabajando.

La pasaba bien, jugaba en un equipo juvenil de fútbol de Malambo y teníamos juegos el sábado o el domingo. La ropa de salir me la lavaba la esposa del entrenador de los caballos y como estaba asignado a las caballerizas prácticamente vivía con ellos y de paso eran cachacos como yo.
 Esos dos años y medio los pasé bien, tenia asegurado mi estabilidad material (comida dormida y estudio). En el internado teníamos un uniforme para ir a clases y otro para trabajar en el campo, yo tenia un par de cada uno, esta ropa la lavaban en la lavandería de el colegio, cuando se fue mi primo Paul también me dio sus uniformes, además de que cada seis meses nos renovaban la dotación y siempre tenia mi ropa limpia. Esta ropa junto con las tres muditas que tenia para salir, las guardaba en la casa de mi paisano el entrenador de los caballos.

Cuando empecé a estudiar en este colegio tenía trece años cumplidos. Era un colegio innovador, si estudiabas dos años salías como bachiller mención agropecuaria, y con un año mas te daban el titulo de bachiller y técnico medio agropecuario. Como no tenia para donde ir, además que estaba muy joven seguí estudiando el otro año y ojala hubieran sido más.

MI obligación era estudiar y así lo hice, el director me tenía cierta consideración y  prometió diligenciar unas becas para que tuviéramos la oportunidad de estudiar en una Universidad que quedaba en Rio Negro, Antioquia donde daban un titulo de veterinario, ingeniero agrónomo o licenciado o sea profesor en una de estas dos ramas.  Solamente consiguió tres becas para los mejores alumnos, yo quedé en el segundo lugar y me asignaron una opción de estudio, había un tiempo límite para responder si la aceptaba y entonces darle la oportunidad a otro. El día que nos llamaron a la dirección estaba un representante de la universidad quien nos leyó los requisitos y condiciones de la beca; teníamos que llevar ropa de diario,  zapatos, ropa de dormir, útiles de aseo personal, sabanas, o sea que solamente teníamos derecho a la comida, dormida y estudio gratis, pero teníamos que comprar los útiles escolares, las clases eran de lunes a viernes, los sábados y domingos no había clases pero podíamos dormir en la universidad, y comer en la calle, en las vacaciones cerraban la universidad y tenia uno que venirse para su casa o para donde uno quisiera.

Todas estas condiciones de la beca me parecía que podía solventarlas y muy contento, al terminar el año y graduarme fui a Puerto  donde mi papá, a darle la buena noticia, ya mi mamá estaba aquí en Venezuela. Mi papá me escuchó tranquilo y me dijo déjame sacar cuentas para ver que puedo hacer, pero en realidad lo que hizo fue consultar con mi madrasta para pedirle su opinión.

El caso es que al otro día mi papá me dijo que era muy costoso mantenerme en ese lugar, le roge que solamente me diera la dotación y los pasajes para ir y que yo me encargaba de mantenerme, nada, su respuesta era no hay dinero. Entendí sin mucho esfuerzo que mi papá seguía los consejos que su mujer le daba, no pude hacer nada. Lo mismo pasó con mi hermana mayor, que cuando salió de la primaria mi mamá la inscribió en una academia de comercio con el compromiso de que mi papá pagara las mensualidades y ella la tenia en su casa. Tampoco pudo seguir estudiando, ya que mi papá no siguió pagando las mensualidades y tuvo que retirarse. Ya mi hermana tenia quince años y se puso a trabajar en una tienda por departamentos llamada TIA. Mi otra hermana tampoco pudo estudiar  y en la primera oportunidad que tuvo se vino para Venezuela con mi tía María para vivir con mi mamà.

En estos días estaba hablando de estas cosas con mi hermana mayor, para ella esos tiempos de niños y adolescentes donde llevamos del bulto sin mamá y sin papá están olvidados, de los maltratos físicos y morales “ya no me acuerdo ni quiero acordarme”, ella sufrió mas que yo, ya que me pude salir de la tutela de mis padres muy joven y no fui afectado por esta situación, no hay resentimientos y ahora menos, que es lo mismo que ella dice, es mas, viaja para Colombia a cada momento y la quieren mas que nunca.

Cuando estaba interno, tía María se había venido para Venezuela y al tiempo se vino mi mamá quien dejó en Colombia a mi hermano menor que tenia como siete años. Mi hermano se crio con su papá el señor Adalberto a quien yo visitaba de vez en cuando en Carrizal. Realmente nunca supe cual era el pensamiento de mi mamá, como veía ella la vida, aunque puedo creer que ella a lo mejor pensaba que estábamos mejor viviendo con mi papá, lo cual no era cierto, no porque mi papá no nos quisiera sino que él se sentía amarrado a lo que dispusiera su esposa, no lo culpo, también me pasó algo parecido, una de mis hijas me lo reclamó en estos días, parece que uno se cegara y no se da cuenta de las cosas o no le da la importancia que realmente tienen para los muchachos.

Para seguir con el asunto de la beca, les puedo decir que me dieron como fecha tope para confirmar si la aceptaba o no el cinco de diciembre, esto era para tener tiempo de llamar a otro estudiante que tuviera las posibilidades de ir a estudiar. El mismo cinco de diciembre le dije a mi papá que tenia que hacer esa diligencia, me dio los pasajes y me fui para el colegio, llegue como a las once de la mañana y el director no estaba, visité al paisano de los caballos, su señora me dio almuerzo y me entregó un par de camisas que me tenia guardadas, compartí todo ese medio día con los que estaban en el colegio, alumnos, trabajadores, el señor y la señora de la lavandería que también me dio un pantalón del uniforme de estudiar que estaba nuevo y tenia mi nombre.

Como a las dos de la tarde llegó el director y cuando le comuniqué que no podía disfrutar de la beca, solo se limitó a decir “que lastima”, cuando le expliqué los motivos me dijo que los otros dos alumnos tampoco pudieron aceptar la beca por las mismas causas, pero que al otro día ya tenia citados a otros  alumnos con sus representantes para ver sino se perdían las becas.

Ya tenía como tres semanas que había salido del colegio y no veía futuro por ninguna parte y aproveché que estaba con el director del colegio y  le pedí trabajo para ahorrar dinero y así podría ir el próximo año a la universidad. Imposible fue lo que me respondió, “esas becas las conseguí rogándole a mucha gente, por eso es que no quiero que se pierdan ya que no las van a dar mas, y en cuanto a darte trabajo no puedo ya que eres menor de edad”. Pero me dio una recomendación por escrito para un colega suyo que era el director de un vivero de la gobernación que quedaba en un pueblo llamado Palmar de Valera, a ver si ese señor me podía acomodar por allá. Le di las gracias me despedí de todos y como a las cinco de la tarde me fui para Puerto.

Le di la carta a mi papá, y como él tenia muchos conocidos me dijo que al otro día iríamos a la gobernación para que habláramos con un amigo que trabajaba en las dependencias de reforestación y no se que otra cosa, para ver que podía hacer por mi. En realidad el amigo de mi papá era jefe en la oficina de catastro, recibió a mi papá muy cordial, me lo presentó, le di mis certificados de graduación, la carta de recomendación del directo del colegio, me hicieron sentar por ahí y se fueron.

Había pasado como una hora y no regresaban, yo me daba ánimo pensando que mientras mas se demoraran la noticia era mejor, como a la media hora llegaron pero con malas noticias. Ahora pienso, con razón, que mientras mas se demoren las noticias son peores: Primero que no había vacantes y que además la Caja Agraria de ese pueblo solamente empleaba personal local y por ultimo era menor de edad. Las puertas se cerraban, pero me decía, alguna ventana debe estar abierta. MI papá se fue para su trabajo y yo para Puerto.

Ya se acercaba el 10 de Diciembre que era el día que nació mi papá, y según me contó la abuela para los días que yo vine al mundo, el viejo estaba festejando y todos los días le preguntaba a mi mama que si ya tenia los dolores, cuando ya pasó el 10  se resignó y solamente dijo, “bueno que sea cuando Dios quiera”. Lo que pasa es que papá quería que naciéramos en la misma fecha.

Hay una fiesta religiosa católica que celebran el 8 de Diciembre, creo que le dicen La Purísima o Fiesta de la Aurora donde las personas ese día  se paran muy temprano o amanecen despiertos para prender velas y faroles en las puertas de las casas y están en eso hasta que salga el sol. Ese día en particular nunca se me olvidará, cayó un domingo y el sábado 7 había ido a una fiesta con mis primos los hijos del Jefe. No tenia ropa aparente para ir a la fiesta y el primo Enrique me prestó  una camisa y unos zapatos, amaneció el domingo y todas las calles estaban alumbradas con velas y faroles, se veían bonitas, llegamos a la casa de la abuela, prendimos las velas y amanecimos sentados en el sardinel cuidando que no se apagaran. Cuando ya se terminó de cumplir con el ritual de las velas, me di un buen baño, me puse mi ropa, y cuando llegué a la casa estaban preparando viaje para Macondo. No quise ir, me quedé en la casa, no sabia que no vería a mi papá durante los dos próximos años, Ya eran como las once de la mañana y no sabia que hacer, a lo mejor  otro día me hubiera ido para la playa, pero estaba desanimado, quería irme de Puerto para donde fuera, si me quedaba mi futuro era ser el mozo de servicio de Macondo y sin sueldo.

Por lo inmediato quería irme para Barranquilla y de ahí para Malambo a visitar un compañero de estudios y estarme unos días por allá para clarificar mis ideas. El papá de este muchacho tenia dos buses en la ruta y una pequeña hacienda donde nos íbamos a pasar los domingos y como yo ayudaba a su hijo me quería mucho. El caso es que me fui para la plaza, los buses llegaban llenos de mucha gente que venían a bañarse en la playa, recuerden que era domingo, yo no le paraba a nada, estaba aburrió, obstinao, había mucho sol, en la entrada del muelle estaba el edificio de la aduana, que era una construcción de madera con un corredor con bancas donde la gente  iba a sentarse a reposar, a conversar y a disfrutar de la sombra y tranquilidad de ese lugar.

Hasta allá me fui y sorpresa, me encontré a Barbuta acostado muy tranquilo en el suelo y que esperando la hora del almuerzo, me senté a su lado y nos quedamos allí sin decir nada, cada uno inmerso en sus pensamientos o problemas, si era que en realidad Barbuta estuviera consciente de tener alguno. Al rato se paró y me invito a almorzar, me dio risa su inocencia y su candor, parecía un niño (que lo era), cumpliendo un castigo que solo se liberaba cuando su estomago emitía las campanadas de aviso del hambre evidente y el lapso de tiempo cumplido para comer nuevamente.

Me paré a su lado y en un acto de rebeldía, aunque en ese momento lo hice en solidaridad con el hombre inocente del desprecio de la gente, o del pobre loco como le decía la mayoría de las personas. Lo tomé de la mano y caminando uno al lado del otro nos fuimos para la casa de la señora Aquilina. Fueron cuatro cuadras caminando al lado de Barbuta, sin mirar a ninguna parte, sin pensar  que podía decir la gente, es mas habían unos que decían que yo estaba loco, bueno una loquera mas a la cuenta de mis diabluras de niño, pero resulta es que ya era un hombre y estaba consciente de lo que hacia.

Ya tenia como un año que no visitaba a la señora aquilina, me saludó con mucho cariño, le conté que ya era bachiller, y se reía de mi y con burla sana me dijo “ ya es hora que te enjuicies muchacho deja de estar pensando en pajaritos preñaos”. La gente mayor en mi época de niño se daba cuenta del estado emocional de las personas con solo mirarlas, practicaban aquella máxima que no se quien la dijo pero que en la actualidad se ha desarrollado en la teoría de la comunicación, “A veces las palabras están de mas, paro a veces las palabreas están de menos”. Yo aprendí bastante observando a las personas, pero el caso es que no tenia la facilidad para observarme y no me daba cuenta que dejaba reflejar mis emociones, las que eran señales fáciles de interpretar por una persona sensible como la señora Aquilina, que le servía de apoyo y consuelo a tanta gente.

Después de almorzar ayudé a sus hijos a lavar los platos, la señora Aquilina se fue al patio, se sentó en una hamaca que estaba colgada debajo de una mata de mango y me hizo sentar a su lado en una silla y sin delicadeza me preguntó, dime que te pasa.

De niño era un llorón, adolescente era un llorón, joven era un llorón, adulto era un llorón y ahora viejo o “adulto mayor” sigo siendo un llorón. Soy muy sentimental y me dominan las emociones, están me recorren de un extremo a otro, de la alegría a la tristeza, de la risa al llanto, y de la serenidad a la rabia.

No es que quiera dármelas de poeta, literato o filósofo, pero creo que Dios es un músico virtuoso que toca sus acordes por el pentagrama de nuestras vidas, llevando las notas a los mas bajos y a los mas altos registros de intensidad emocional que podamos soportar, para que armonicemos nuestras vidas con sus designios.

El asunto era que ya la señora Aquilina se había dado cuenta de mi estado emocional, y como casi siempre me pasaba cuando estaba en estas circunstancias me puse a llorar. Le conté todo lo que me pasaba a la señora Aquilina, resumiendo; no podía estudiar, no podía trabajar, no quería quedarme en Puerto, deseaba irme para cualquier parte, pero ya el dinero que traje del colegio se había acabado y no tenia ni para los pasajes.

Tengo olvidadas muchas cosas que me han ocurrido durante mi existencia, hay veces que mi hermano o mis hermanas, mis nietos o sobrinos me las recuerdan, pero los hechos que me sucedieron ese 8 de Diciembre de 1958 jamás las podré olvidar, porque fue a partir de ese día que empezó a cambiar radicalmente el rumbo de mi vida.

Mientras me confesaba con la señora Aquilina, sentado en un tronco y que durmiendo, Barbuta hacia la digestión de la hartada de comida que se había dado, ya que era domingo y solo él y yo fuimos ese día a tomar sopa. Cuando ya me calme, la señora Aquilina me ofreció darme en la noche los pasajes para que me fuera el lunes para Barranquilla. Acepté enseguida, le di las gracias y me dije, bueno mañana me voy para Malambo y veré que pasa.

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