Miércoles 1º. De
Mayo como a las once de la mañana
Evocación No. 16
Después de este
suceso que les conté en la evocación anterior me fui a vivir al internado,
estaba apenas en el primer año o sea el cuarto y cuando empezaron las clases en
el mes de agosto ya estaba instalado en el colegio. Ese año se graduó mi primo
Paul y me regaló todos los cuadernos y libros que él sabia me iba a ser de
utilidad, bastante que me sirvieron. Se fue a vivir a Ciénaga con la familia de
su mamá, ya que mi tío Pedro vivía en
Barranquilla.
Una vez ya aquí
en Maracaibo hice un viaje para Colombia con mi esposa y el hijo mayor y me
quedé en Santa Marta para visitar a mis primos, compañeros en la infancia de
sufrimientos e infortunios. Carlos Enrique se había graduado de Ingeniero
petrolero y trabajaba con el gobierno, al tiempo nos visito unos días, había
venido a una entrevista en PDVSA pero no consiguió trabajo. Estuve en su casa
una tarde y compartimos con su esposa y dos hijos que ya tenía, por medio de él
supe que su hermana Judith se había casado con el primo Pedro José Dusan, que
mi tío Pedro no estuvo de acuerdo y a la larga tuvo razón ya que los dos hijos
que tuvieron le nacieron con discapacidad mental. Me dio la dirección de Paul
en Ciénaga y al otro día fue a visitarlo, pero no lo encontré, y que andaba
para una hacienda que tenia su esposa para la zona bananera, fue una lastima no
haberlo encontrarlo, me sintió no poder verlo nuevamente, era mi amigo y socio.
En el internado
había un reglamento para las vacaciones, el que se quedaba en el colegio tenia
que trabajar por un pequeño sueldo y además gozaba de todos los beneficios del
internado como comida, dormida, lavandería etc. En el colegio había vacas,
caballos, mulos, burros, cochinos, gallinas, pavos, abejas y siembras de ají,
tomate, rábanos, cebolla larga, cilantro y un estercolero para hacer abono. El
trabajo consistía en ayudar a mantener limpios los corrales, darles de comer a
los animales, recoger los huevos, estar pendiente de las incubadoras, ordeñar
las vacas, cuidar los becerros, claro eso no lo hacíamos solo los alumnos,
estaban los trabajadores en quienes caía toda la responsabilidad. Éramos como
cuatro a seis alumnos los que nos quedábamos trabajando.
La pasaba bien,
jugaba en un equipo juvenil de fútbol de Malambo y teníamos juegos el sábado o
el domingo. La ropa de salir me la lavaba la esposa del entrenador de los
caballos y como estaba asignado a las caballerizas prácticamente vivía con
ellos y de paso eran cachacos como yo.
Esos dos años y medio los pasé bien, tenia
asegurado mi estabilidad material (comida dormida y estudio). En el internado
teníamos un uniforme para ir a clases y otro para trabajar en el campo, yo
tenia un par de cada uno, esta ropa la lavaban en la lavandería de el colegio,
cuando se fue mi primo Paul también me dio sus uniformes, además de que cada
seis meses nos renovaban la dotación y siempre tenia mi ropa limpia. Esta ropa
junto con las tres muditas que tenia para salir, las guardaba en la casa de mi
paisano el entrenador de los caballos.
Cuando empecé a
estudiar en este colegio tenía trece años cumplidos. Era un colegio innovador,
si estudiabas dos años salías como bachiller mención agropecuaria, y con un año
mas te daban el titulo de bachiller y técnico medio agropecuario. Como no tenia
para donde ir, además que estaba muy joven seguí estudiando el otro año y ojala
hubieran sido más.
MI obligación
era estudiar y así lo hice, el director me tenía cierta consideración y prometió diligenciar unas becas para que tuviéramos
la oportunidad de estudiar en una Universidad que quedaba en Rio Negro,
Antioquia donde daban un titulo de veterinario, ingeniero agrónomo o licenciado
o sea profesor en una de estas dos ramas. Solamente consiguió tres becas para los
mejores alumnos, yo quedé en el segundo lugar y me asignaron una opción de
estudio, había un tiempo límite para responder si la aceptaba y entonces darle
la oportunidad a otro. El día que nos llamaron a la dirección estaba un
representante de la universidad quien nos leyó los requisitos y condiciones de
la beca; teníamos que llevar ropa de diario,
zapatos, ropa de dormir, útiles de aseo personal, sabanas, o sea que
solamente teníamos derecho a la comida, dormida y estudio gratis, pero teníamos
que comprar los útiles escolares, las clases eran de lunes a viernes, los
sábados y domingos no había clases pero podíamos dormir en la universidad, y comer
en la calle, en las vacaciones cerraban la universidad y tenia uno que venirse
para su casa o para donde uno quisiera.
Todas estas
condiciones de la beca me parecía que podía solventarlas y muy contento, al
terminar el año y graduarme fui a Puerto
donde mi papá, a darle la buena noticia, ya mi mamá estaba aquí en
Venezuela. Mi papá me escuchó tranquilo y me dijo déjame sacar cuentas para ver
que puedo hacer, pero en realidad lo que hizo fue consultar con mi madrasta
para pedirle su opinión.
El caso es que
al otro día mi papá me dijo que era muy costoso mantenerme en ese lugar, le
roge que solamente me diera la dotación y los pasajes para ir y que yo me
encargaba de mantenerme, nada, su respuesta era no hay dinero. Entendí sin
mucho esfuerzo que mi papá seguía los consejos que su mujer le daba, no pude
hacer nada. Lo mismo pasó con mi hermana mayor, que cuando salió de la primaria
mi mamá la inscribió en una academia de comercio con el compromiso de que mi
papá pagara las mensualidades y ella la tenia en su casa. Tampoco pudo seguir
estudiando, ya que mi papá no siguió pagando las mensualidades y tuvo que
retirarse. Ya mi hermana tenia quince años y se puso a trabajar en una tienda
por departamentos llamada TIA. Mi otra hermana tampoco pudo estudiar y en la primera oportunidad que tuvo se vino
para Venezuela con mi tía María para vivir con mi mamà.
En estos días
estaba hablando de estas cosas con mi hermana mayor, para ella esos tiempos de
niños y adolescentes donde llevamos del bulto sin mamá y sin papá están
olvidados, de los maltratos físicos y morales “ya no me acuerdo ni quiero
acordarme”, ella sufrió mas que yo, ya que me pude salir de la tutela de mis
padres muy joven y no fui afectado por esta situación, no hay resentimientos y
ahora menos, que es lo mismo que ella dice, es mas, viaja para Colombia a cada
momento y la quieren mas que nunca.
Cuando estaba
interno, tía María se había venido para Venezuela y al tiempo se vino mi mamá
quien dejó en Colombia a mi hermano menor que tenia como siete años. Mi hermano
se crio con su papá el señor Adalberto a quien yo visitaba de vez en cuando en
Carrizal. Realmente nunca supe cual era el pensamiento de mi mamá, como veía
ella la vida, aunque puedo creer que ella a lo mejor pensaba que estábamos
mejor viviendo con mi papá, lo cual no era cierto, no porque mi papá no nos
quisiera sino que él se sentía amarrado a lo que dispusiera su esposa, no lo
culpo, también me pasó algo parecido, una de mis hijas me lo reclamó en estos
días, parece que uno se cegara y no se da cuenta de las cosas o no le da la
importancia que realmente tienen para los muchachos.
Para seguir con
el asunto de la beca, les puedo decir que me dieron como fecha tope para
confirmar si la aceptaba o no el cinco de diciembre, esto era para tener tiempo
de llamar a otro estudiante que tuviera las posibilidades de ir a estudiar. El
mismo cinco de diciembre le dije a mi papá que tenia que hacer esa diligencia,
me dio los pasajes y me fui para el colegio, llegue como a las once de la
mañana y el director no estaba, visité al paisano de los caballos, su señora me
dio almuerzo y me entregó un par de camisas que me tenia guardadas, compartí
todo ese medio día con los que estaban en el colegio, alumnos, trabajadores, el
señor y la señora de la lavandería que también me dio un pantalón del uniforme
de estudiar que estaba nuevo y tenia mi nombre.
Como a las dos
de la tarde llegó el director y cuando le comuniqué que no podía disfrutar de
la beca, solo se limitó a decir “que lastima”, cuando le expliqué los motivos
me dijo que los otros dos alumnos tampoco pudieron aceptar la beca por las
mismas causas, pero que al otro día ya tenia citados a otros alumnos con sus representantes para ver sino
se perdían las becas.
Ya tenía como
tres semanas que había salido del colegio y no veía futuro por ninguna parte y
aproveché que estaba con el director del colegio y le pedí trabajo para ahorrar dinero y así podría
ir el próximo año a la universidad. Imposible fue lo que me respondió, “esas
becas las conseguí rogándole a mucha gente, por eso es que no quiero que se
pierdan ya que no las van a dar mas, y en cuanto a darte trabajo no puedo ya
que eres menor de edad”. Pero me dio una recomendación por escrito para un
colega suyo que era el director de un vivero de la gobernación que quedaba en
un pueblo llamado Palmar de Valera, a ver si ese señor me podía acomodar por
allá. Le di las gracias me despedí de todos y como a las cinco de la tarde me
fui para Puerto.
Le di la carta a
mi papá, y como él tenia muchos conocidos me dijo que al otro día iríamos a la
gobernación para que habláramos con un amigo que trabajaba en las dependencias
de reforestación y no se que otra cosa, para ver que podía hacer por mi. En
realidad el amigo de mi papá era jefe en la oficina de catastro, recibió a mi
papá muy cordial, me lo presentó, le di mis certificados de graduación, la
carta de recomendación del directo del colegio, me hicieron sentar por ahí y se
fueron.
Había pasado
como una hora y no regresaban, yo me daba ánimo pensando que mientras mas se
demoraran la noticia era mejor, como a la media hora llegaron pero con malas
noticias. Ahora pienso, con razón, que mientras mas se demoren las noticias son
peores: Primero que no había vacantes y que además la Caja Agraria de ese
pueblo solamente empleaba personal local y por ultimo era menor de edad. Las
puertas se cerraban, pero me decía, alguna ventana debe estar abierta. MI papá
se fue para su trabajo y yo para Puerto.
Ya se acercaba
el 10 de Diciembre que era el día que nació mi papá, y según me contó la abuela
para los días que yo vine al mundo, el viejo estaba festejando y todos los días
le preguntaba a mi mama que si ya tenia los dolores, cuando ya pasó el 10 se resignó y solamente dijo, “bueno que sea
cuando Dios quiera”. Lo que pasa es que papá quería que naciéramos en la misma
fecha.
Hay una fiesta
religiosa católica que celebran el 8 de Diciembre, creo que le dicen La
Purísima o Fiesta de la Aurora donde las personas ese día se paran muy temprano o amanecen despiertos
para prender velas y faroles en las puertas de las casas y están en eso hasta
que salga el sol. Ese día en particular nunca se me olvidará, cayó un domingo y
el sábado 7 había ido a una fiesta con mis primos los hijos del Jefe. No tenia
ropa aparente para ir a la fiesta y el primo Enrique me prestó una camisa y unos zapatos, amaneció el
domingo y todas las calles estaban alumbradas con velas y faroles, se veían
bonitas, llegamos a la casa de la abuela, prendimos las velas y amanecimos
sentados en el sardinel cuidando que no se apagaran. Cuando ya se terminó de
cumplir con el ritual de las velas, me di un buen baño, me puse mi ropa, y
cuando llegué a la casa estaban preparando viaje para Macondo. No quise ir, me
quedé en la casa, no sabia que no vería a mi papá durante los dos próximos años,
Ya eran como las once de la mañana y no sabia que hacer, a lo mejor otro día me hubiera ido para la playa, pero
estaba desanimado, quería irme de Puerto para donde fuera, si me quedaba mi
futuro era ser el mozo de servicio de Macondo y sin sueldo.
Por lo inmediato
quería irme para Barranquilla y de ahí para Malambo a visitar un compañero de
estudios y estarme unos días por allá para clarificar mis ideas. El papá de
este muchacho tenia dos buses en la ruta y una pequeña hacienda donde nos
íbamos a pasar los domingos y como yo ayudaba a su hijo me quería mucho. El
caso es que me fui para la plaza, los buses llegaban llenos de mucha gente que
venían a bañarse en la playa, recuerden que era domingo, yo no le paraba a
nada, estaba aburrió, obstinao, había mucho sol, en la entrada del muelle
estaba el edificio de la aduana, que era una construcción de madera con un
corredor con bancas donde la gente iba a
sentarse a reposar, a conversar y a disfrutar de la sombra y tranquilidad de
ese lugar.
Hasta allá me
fui y sorpresa, me encontré a Barbuta acostado muy tranquilo en el suelo y que
esperando la hora del almuerzo, me senté a su lado y nos quedamos allí sin
decir nada, cada uno inmerso en sus pensamientos o problemas, si era que en
realidad Barbuta estuviera consciente de tener alguno. Al rato se paró y me
invito a almorzar, me dio risa su inocencia y su candor, parecía un niño (que
lo era), cumpliendo un castigo que solo se liberaba cuando su estomago emitía
las campanadas de aviso del hambre evidente y el lapso de tiempo cumplido para
comer nuevamente.
Me paré a su
lado y en un acto de rebeldía, aunque en ese momento lo hice en solidaridad con
el hombre inocente del desprecio de la gente, o del pobre loco como le decía la
mayoría de las personas. Lo tomé de la mano y caminando uno al lado del otro
nos fuimos para la casa de la señora Aquilina. Fueron cuatro cuadras caminando
al lado de Barbuta, sin mirar a ninguna parte, sin pensar que podía decir la gente, es mas habían unos
que decían que yo estaba loco, bueno una loquera mas a la cuenta de mis
diabluras de niño, pero resulta es que ya era un hombre y estaba consciente de
lo que hacia.
Ya tenia como un
año que no visitaba a la señora aquilina, me saludó con mucho cariño, le conté
que ya era bachiller, y se reía de mi y con burla sana me dijo “ ya es hora que
te enjuicies muchacho deja de estar pensando en pajaritos preñaos”. La gente
mayor en mi época de niño se daba cuenta del estado emocional de las personas
con solo mirarlas, practicaban aquella máxima que no se quien la dijo pero que
en la actualidad se ha desarrollado en la teoría de la comunicación, “A veces
las palabras están de mas, paro a veces las palabreas están de menos”. Yo
aprendí bastante observando a las personas, pero el caso es que no tenia la
facilidad para observarme y no me daba cuenta que dejaba reflejar mis
emociones, las que eran señales fáciles de interpretar por una persona sensible
como la señora Aquilina, que le servía de apoyo y consuelo a tanta gente.
Después de
almorzar ayudé a sus hijos a lavar los platos, la señora Aquilina se fue al
patio, se sentó en una hamaca que estaba colgada debajo de una mata de mango y
me hizo sentar a su lado en una silla y sin delicadeza me preguntó, dime que te
pasa.
De niño era un llorón,
adolescente era un llorón, joven era un llorón, adulto era un llorón y ahora
viejo o “adulto mayor” sigo siendo un llorón. Soy muy sentimental y me dominan
las emociones, están me recorren de un extremo a otro, de la alegría a la
tristeza, de la risa al llanto, y de la serenidad a la rabia.
No es que quiera
dármelas de poeta, literato o filósofo, pero creo que Dios es un músico
virtuoso que toca sus acordes por el pentagrama de nuestras vidas, llevando las
notas a los mas bajos y a los mas altos registros de intensidad emocional que
podamos soportar, para que armonicemos nuestras vidas con sus designios.
El asunto era
que ya la señora Aquilina se había dado cuenta de mi estado emocional, y como
casi siempre me pasaba cuando estaba en estas circunstancias me puse a llorar.
Le conté todo lo que me pasaba a la señora Aquilina, resumiendo; no podía estudiar,
no podía trabajar, no quería quedarme en Puerto, deseaba irme para cualquier
parte, pero ya el dinero que traje del colegio se había acabado y no tenia ni
para los pasajes.
Tengo olvidadas
muchas cosas que me han ocurrido durante mi existencia, hay veces que mi
hermano o mis hermanas, mis nietos o sobrinos me las recuerdan, pero los hechos
que me sucedieron ese 8 de Diciembre de 1958 jamás las podré olvidar, porque
fue a partir de ese día que empezó a cambiar radicalmente el rumbo de mi vida.
Mientras me
confesaba con la señora Aquilina, sentado en un tronco y que durmiendo, Barbuta
hacia la digestión de la hartada de comida que se había dado, ya que era
domingo y solo él y yo fuimos ese día a tomar sopa. Cuando ya me calme, la
señora Aquilina me ofreció darme en la noche los pasajes para que me fuera el
lunes para Barranquilla. Acepté enseguida, le di las gracias y me dije, bueno
mañana me voy para Malambo y veré que pasa.
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