viernes, 3 de mayo de 2013

Evocación No. 14



Domingo catorce de abril a las diez de la mañana

Evocación No. 14

Hoy domingo son las elecciones para presidente en Venezuela, se da esta, por la ausencia material el presidente Chávez, espero en Dios que se de en paz y que se haga su voluntad.

Empecé a transcribir esta evocación el día de las elecciones, porque es una fecha que pasará a la historia. Este material lo voy recopilando a medida que me acuerdo de algo, y lo ordeno de forma que coincidan los hechos y sea más fácil su lectura. Como a las diez de la mañana prendí la compu pero solo escribí su encabezamiento y me fui a votar junto con mi hijo mayor, como él es discapacitado y yo adulto mayor nos dieron preferencia, aunque no había cola, después pasamos el resto del día donde una cuñada y en la tarde me puse a ver la TV, un juego de la vino tinto, una película, y así la pasé hasta que dieron los resultados. Como de todos es sabido, ganó el candidato oficialista, hay que aceptar la decisión de la mayoría, es lo que manda la democracia.

Ya hoy es martes 16 y desde ayer están promoviendo disturbios los seguidores del candidato que perdió las elecciones y hay un par de muertos en Caracas. Que mal, hay que saber ganar y saber perder, suspenderé por unos días la transcripción de mis memorias mientras pasan estos días y tenga más tranquilidad, no solamente material sino en mi corazón, estos enfrentamientos los pude observar desde niño y vi con mis propios ojos la angustia y el dolor de las personas cuando por causas políticas les matan a un miembro de su familia. Porque parece mentira, pero siempre caen los que menos tienen que ver con los hechos, los bobos que se prestan como carne de cañón. Ya se lo dije a mis hijos, mucho cuidado con estar en manifestaciones ya sea de cualquier lado, porque del otro lado o del mismo, puede salir un loco y le desgracia la vida a alguien y no quiero que nosotros caigamos en esa trampa caza pendejos que montan los políticos.

Antes de escribir estas cosas, vi por la TV al canciller de la República en una reunión con los embajadores de los países acreditados en Venezuela donde les exponía e ilustraba los hechos vandálicos que se estaban sucediendo, y que ya tenían como consecuencia dolorosa dos muertos inocentes a manos de los manifestantes. Hay que orar para que la cordura vuelva a la gente y sea Dios quien tome el control de la situación.

Es martes 16, son las once de la noche y las noticias que da la TV publica es que ya hay siete muerto y sesenta heridos, todos simpatizantes del gobierno. Me dio tristeza ver a la familia de uno de los muertos,  deja una viuda con seis hijos, la mas pequeña de dos años, solo se entera uno de lo que está pasando si tiene como ver la TV publica o del Estado por que en la TV, la radio y los periódicos privados hay un silencio absoluto de estos hechos. Dije que me da tristeza porque la gente de aquí parece que no viera más lejos de su nariz y no se dan cuenta de lo que está pasando en Colombia donde hace mas de cincuenta años se están matando por problemas políticos.

No hablaré mas de este tema, no quiero que piensen que estoy radicalmente de un lado, solo les puedo decir que nunca estaré del lado de los violentos  tengan o no razón, nadie tiene el derecho de quitarle la vida a nadie.

 Ya es jueves 18 de Abril y estaba revisando mis anotaciones, o mis borradores y decidí que ya está bastante claro que  durante todas las evocaciones anteriores les he venido contando los recuerdos de mi niñez. Lógicamente hay cosas que no les pude contar, por no acordarme de ellas y aunque mis hermanas y mi hermano me dieron algunos datos de ciertas  cosas que sucedieron en ese tiempo, decidí no llevarlas a este escrito, no por que tuviera dudas al respecto, sino porque no las recuerdo y estos son mis recuerdos, no los recuerdos de mi familia.

A partir de ahora, mis evocaciones giraran alrededor de mi adolescencia, mi juventud, adultez y mi etapa actual de edad mayor, pero antes de seguir adelante, quiero divertirme un poco explicándoles el rollo de los apellidos de la familia..

Empezaré por la familia de mi papá: Mi abuela solo tenía el apellido de su mamá ya que su papá era un cura y lógicamente nunca la reconoció como hija, y además tampoco se cual era el apellido de este cura. El nombre de ella era Esther Dávila y cuando se casó con el señor Pedro José Vargas Sardà su nombre cambió a Esther Dávila de Vargas. Con este señor tuvo cuatro hijos, Pedro, Eugenio, María Teresa y Haidè. Al morir este señor ella pasó a llamarse Esther Dávila viuda de Vargas, hasta aquí todo aparentemente está bien.

Al tiempo de enviudar se fue a vivir a otro pueblo donde se metió a vivir, o <<estaba bajo la protección>> de un señor llamado Ramón Echeverría, allí estuvo un tiempo y este señor le ayudó a criar a sus cuatro hijos. Este señor como que se volvió loco o se murió y la abuela decidió regresar  a Puerto pero ahora con otro muchacho, este era mi papá. Todo parece indicar que este chico era hijo del señor Echeverría. Se casó otra vez,  ahora con otro Vargas que no era familia de su  primer esposo, este señor se llamaba Emigdio Vargas Molina quien le reconoció a su hijo menor, o sea a mi papá, este señor también murió y mi abuela paso a ser Esther Dávila viuda de Vargas doble como ella misma se presentaba. Con respecto a este matrimonio, los familiares del  señor Vargas Molina nunca quisieron reconocer a mi papá  como parte  de su familia y le decían despectivamente el primo y a mi el primito. Ya tenemos un apellido que no aparece en nuestros documentos, Echeverría, que seria el de mi padre.

Ahora vamos a desenredar por el lado de mi mamá. Mi abuela se llamaba Angélica Flores y como les comente anteriormente no la conocí, se apareció en Puerto con dos niñas, Herminda y Anaïs  quien era mi mamá. Estas niñas tenían solo el apellido Flores, ya que la abuela las había presentado como madre soltera. Aquí en Puerto se metió a vivir con un marino ingles llamado Arthur Johnson quien le reconoció a las dos niñas, las cuales pasaron a llamarse ahora Herminda y Anaïs Johnson Flores, después que se fue el señor Johnson para su país, apareció en escena un señor de apellido Gutiérrez quien era  el papá de mi tía y de mi mama quien se había separado de mi abuela y se había quedado por el interior de la república y por todas las evidencias que se pueden ver como que se volvió a juntar con la abuela y tuvieron otra hija la que no es otra que mi tía Zaturia, a quien le pusieron  el apellido Gutiérrez, no así a sus otras dos hijas que ya tenían el apellido Johnson. Ya tenemos otro apellido que no aparece en nuestros documentos, Gutiérrez, que seria el de mi mamá.

Pero el enredo sigue, mi mamá tuvo tres hijos con el viejo Euclides, que aunque no estaban casados, este los fue reconociendo con las autoridades como sus hijos, pero ahora tenían los apellidos prestado de mi papá y de mi mamá. Estos hijos son Cecilia, Lydia y Euclides Vargas Johnson. MI mamá se casó con Adalberto Martínez, y su hijo mayor se llama hasta el día de hoy Adalberto Martínez Johnson, pero resulta que cuando mi mamá se quisò venir para Venezuela no podía sacar sus documentos porque estaba casada y la única forma que encontró fue sacar nuevos documentos con el apellido de soltera de mi abuela quien la había presentado en Honda como hija natural y de un plumazo mi mamá se convirtió en  Anaïs Flores.

Estando ya aquí en Venezuela mi mamá se dio cuenta que estaba embarazada y se fue a Colombia a parir y tuvo  una hija, y al poco tiempo cuando ya pudo viajar se vino nuevamente para Venezuela. Mi hermana quedó presentada en Colombia y en Venezuela como Eunice Martínez  Flores porque ya mi mamá se había quitado el Johnson.

Pero todo esto no queda ahí, cuando mi hermana mayor se quiso venir para Venezuela mi mamá hizo una petición al Ministerio del Interior para que la dejaran entrar como su hija, pero como no tenía el apellido Flores que era el apellido de mi mamá tuvo que hacer una documentación nueva, quitarse el Johnson, ponerse el Flores y así demostrar que Anaïs Flores era su mamá.  De esta manera creo que he podido explicar el poco el rollo de los apellidos de mi familia, que nos sirve para  reírnos y echarnos  bromas cuando estamos reunidos y nos decimos que no somos nada, o que no tenemos ni papá ni mamá.

Entonces tengo los siguientes hermanos con sus respectivos apellidos:
Cecilia Esther Vargas Flores. Lydia Esther Vargas  Johnson
Adalberto Martínez Johnson. Eunice Martínez Flores.

En cuanto a mi no acepto todo esto que ha sucedido con nuestros apellidos. Hablando con mi hermana mayor, esta me decía que toda la culpa la tienen esas viejitas adelantadas a la época, que no tenían reparo  de estar brincando de un lado pa otro. Con mi nombre también tengo cierta idea que no me deja tranquilo. La familia de mi madrasta nunca  quiso aceptar que yo me llamara Euclides, sino que mi papá  tenia que ponerle ese nombre a un hijo de su esposa, a lo que él  siempre se negó. La familia de Adalberto, el esposo de mi mamá se dio cuenta de esta situación y entonces querían que Adalberto me presentara como su hijo y me pusiera el nombre de  Walter, es mas esa gente me llamaba así. Con mi segundo nombre (Rafael) nunca se metieron, por lo tanto no renegaré a el.

En protesta a todo este enredo a la que fuimos sometidos por tanto tiempo, declaro que mi nombre es: Walter Rafael Echeverría Gutiérrez y punto. No acepto reclamos y si no les gusta mi nuevo nombre entonces díganme Churchill que es el apodo que me pusieron el mismo día que nací y que con orgullo he llevado sin protestar durante tanto tiempo. También declaro que sigo aceptando a mis consanguíneos como mis padres, tíos, hermanos, primos, etc.,  así no quieran adoptar el apellido que les pertenece.

Esta evocación me ha costado un poco escribirla, no porque me falte tiempo, o no quiera hacerlo, sino porque estoy pendiente de las noticias de los sucesos aquí en Venezuela y no me da lugar para escribir con soltura y gracia las cosas que yo quiero comunicarles de una manera amena aunque sean para mi un poco desagradables, porque la idea es escribirlas tal cual como yo las viví sin agregar ni quitar nada y que además sean fáciles de leer y entender. Prometo que el lunes 22 retomare estas evocaciones.

Ya estoy otra vez frente a la compu y primero les contaré algo que me pasó , fui a la Iglesia y un hermano que está leyendo este ensayo me dijo que yo  escribía raro, puede ser que sea cierto, pero lo raro no es diferente a lo normal o cotidiano ya que escribo como hablo habitualmente, y lo normal para mi es decir las cosas tal como sucedieron, lo normal para uno puede ser distinto para otro, evito en todo caso resaltar diferencias si se trata de puntos de vista donde cada quien ya tiene sus propias ideas.. Cuando estoy enseñando o predicando me pasa lo mismo, explico y expongo las cosas tal cual como yo las se, pero en la forma mas sencilla y didáctica  posible,  que es lo raro que piensa mi hermano que yo escribo.

Ahora hay otro detalle que hay que definir, cuando empecé a escribir, les dije que era un ensayo sobre mis recuerdos,  pero que realmente no sabia adonde irían a parar estos escritos, si seria una novela, un cuento u otra cosa. Estoy analizando lo que estoy escribiendo, como va saliendo su estructura, para definir en cual renglón literario podrían entrar estas líneas, si es que alguno quisiera calificarlas ya que la intención original es solo escribir unas memorias sin animo de crear una obra literaria o dármelas de escritor.  Tengo que decir que ya no es un ensayo, más bien se parece una novela, por cuanto me valgo de lo anecdótico para recrear lo real en un entorno risueño,  hechos que aun siendo ingratos puedan llegar a ustedes con una visión de salubre felicidad para la lectura. Lo que pasa es que tampoco creo que entre en la estructura de la novela, ya que en el desarrollo  no hay un personaje principal a no ser que sea yo mismo y tampoco le avizoro un desenlace o final, solamente algo como un paréntesis definitivo.

Hay un problema que he tratado de solventar lo mejor posible, estas memorias las escribo con el fin de distraerme y por lo tanto la idea  no es reflejar en ellas circunstancias  o momentos tristes y desagradables con animo de acusar a alguien para justificarme de haber sido influenciado en mi conducta o modo de pensar en algún momento de mi vida

Es fácil escribir lo alegre con soltura y gracia, pero es  difícil escribir del  dolor  con humor y darle el sabor ameno de una buena lectura, y que a la vez esta pueda ser de ayuda en momentos difíciles y solaz para el pensamiento.
  
También debo aclarar que hay personas que son grandilocuentes en su retorica a quien les parece que  la mejor manera de escribir, enseñar o hablar es demostrando que son cultos o eruditos y nos hemos acostumbrados a esta clase de discursos o exposiciones. Por eso es que yo al escribir o hablar soy raro. Gracias mi hermano por su observación que me ha servido para aclarar ciertos puntos, no solamente a ustedes sino también personales.

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